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Dylan se mostró esquivo desde el principio, soltó el
The times they are a-changin y los pocos que aún alternaban,
cerveza en mano, se entregaron al fervor del misticismo.
Tras el tema, ni un solo speech, ni un "buenas noches",
"gracias" o similar... "no importa, es Dylan" comenta
un joven emocionado junto a una cuadrilla de Ángeles
del Infierno dominados por una quietud inusual en ellos.
Desde una esquinita del escenario Dylan dirige la orquesta
desde el teclado (es la primera gira en que lo hace).
Una banda en la que las Gibson Les Paul y las Fender
Telecaster y Stratocaster aullaban el country-rock,
el Folk y el Rithym and Blues como nunca.
Unos compases más y Larry Campbell y Stu Kimball (guitarristas
de la banda) sueltan la tercera pastilla de la guitarra
y el aclamado Highway 61 revisited explota en el espacio.
La pureza instrumental invadía al público, ni un solo
encendedor, cánticos tímidos, pocas palmas... el alma
concentrada en el oído y lo bueno de la música es que
cuando golpea, no duele. Dylan sigue cediendo el protagonismo
a su banda, comenta detalles entre canción y canción
con un miembro de la banda y no pierde el compás; finaliza
la primera hora y media.
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Dylan hace un bis, sale al escenario sobrio, camina
lentamente hacia el teclado, él sabe lo que va a suceder,
sólo él, el público lo espera. Lanza un acorde y le
da al público lo que pide, está sonando Mr. Tambourine
Man. Ahora sí parece un concierto, el músico deja el
teclado se da media vuelta, vacila un segundo, vuelve
al teclado y con la templanza de un general que dirige
a sus tropas y empieza a ordenar las notas de Like a
rolling stone. El público enloquece, parecía mentira
que Dylan supiera lo que estaba provocando en la gente.
En la última canción, coge la guitarra y regala un punteado,
parece cansarse a los segundos de empezar y vuelve al
teclado, el tiempo todo lo cambia...
La música enmudece, Dylan se dirige al centro del escenario,
suelta un desgarrado "os queremos", baja la cabeza y
se pierde en la oscuridad del backstage. Se ha ido.
Desde luego, no todos los tiempos cambian pero sí es
cierto que el tiempo lo cambia todo...
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