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Bob Dylan
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No todos los tiempos cambian

Resulta difícil entrar en un recinto siendo consciente de que se va a ver a Bob Dylan. Parece mentira. Es uno de esos artistas que quedan tan lejanos que uno cree que tan sólo forman parte de la realidad virtual o de la leyenda urbana.

El caso es que el menudo de Minnesota se plantó en el escenario enfundado en una levita negra y un sombrero de ala ancha para devolverle los 60 a sus dueños e hijos, incluso nietos... No todos los tiempos cambian.

 

Ficha Ficha del espectáculo
Link   Web oficial de Bob Dylan

Dylan se mostró esquivo desde el principio, soltó el The times they are a-changin y los pocos que aún alternaban, cerveza en mano, se entregaron al fervor del misticismo. Tras el tema, ni un solo speech, ni un "buenas noches", "gracias" o similar... "no importa, es Dylan" comenta un joven emocionado junto a una cuadrilla de Ángeles del Infierno dominados por una quietud inusual en ellos. Desde una esquinita del escenario Dylan dirige la orquesta desde el teclado (es la primera gira en que lo hace). Una banda en la que las Gibson Les Paul y las Fender Telecaster y Stratocaster aullaban el country-rock, el Folk y el Rithym and Blues como nunca.

Unos compases más y Larry Campbell y Stu Kimball (guitarristas de la banda) sueltan la tercera pastilla de la guitarra y el aclamado Highway 61 revisited explota en el espacio. La pureza instrumental invadía al público, ni un solo encendedor, cánticos tímidos, pocas palmas... el alma concentrada en el oído y lo bueno de la música es que cuando golpea, no duele. Dylan sigue cediendo el protagonismo a su banda, comenta detalles entre canción y canción con un miembro de la banda y no pierde el compás; finaliza la primera hora y media.

Dylan hace un bis, sale al escenario sobrio, camina lentamente hacia el teclado, él sabe lo que va a suceder, sólo él, el público lo espera. Lanza un acorde y le da al público lo que pide, está sonando Mr. Tambourine Man. Ahora sí parece un concierto, el músico deja el teclado se da media vuelta, vacila un segundo, vuelve al teclado y con la templanza de un general que dirige a sus tropas y empieza a ordenar las notas de Like a rolling stone. El público enloquece, parecía mentira que Dylan supiera lo que estaba provocando en la gente. En la última canción, coge la guitarra y regala un punteado, parece cansarse a los segundos de empezar y vuelve al teclado, el tiempo todo lo cambia...

La música enmudece, Dylan se dirige al centro del escenario, suelta un desgarrado "os queremos", baja la cabeza y se pierde en la oscuridad del backstage. Se ha ido. Desde luego, no todos los tiempos cambian pero sí es cierto que el tiempo lo cambia todo...