especiales
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Un día en el Festival Mundial de la Juventud
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Kosovo,
Macedonia, Méjico, Ecuador, Nigeria, Tanzania,
Filipinas, España. Estas son algunas de
las procedencias de los más de 10.000 jóvenes
que se han reunido en Barcelona para celebrar el
Festival Mundial de la Juventud del 8 al 14 de agosto.
Vienen con organizaciones juveniles procedentes todos
los países del mundo que quieren conseguir más
presencia en la toma de decisiones políticas que
les afectan. |
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| (c) Barcelona 2004 / Agustí Argelich |
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Para ellos el día empieza con el calor de la mañana.
Se despiertan, se levantan y el campamento donde están
alojados toma vida. La noche ha sido distinta para cada una
de las delegaciones, así que los ánimos y las
caras también son variados. Hasta las nueve y media de
la mañana, los más madrugadores van a buscar el
desayuno al recinto, pero la mayoría apura los minutos
de sueño antes de ponerse en marcha.
Las actividades son tantas durante el día que es difícil
ver acumulaciones de jóvenes. Pueden asistir a las conferencias,
aprender en los talleres, visitar la ciudad, disfrutar de la
playa... No hay ni un momento de aburrimiento, dicen. La sensación
general es que están satisfechos con la marcha del Festival.
Muchos han venido a Barcelona a conocer gente nueva, de otros
países y razas, a explorar las culturas que les son extrañas,
a descubrir que hay personas que no pueden llevar una vida normal.
También están aquí para luchar por sus
ideales, ya que no les gusta cómo se están haciendo
las cosas. Quieren un mundo mejor. Suena a tópico, pero
es así.
Las mesas del Fórum se transforman en un mosaico cultural
a la hora de la comida. Intercambian palabras, risas y miradas.
Se les ve contentos. Quizás estén discutiendo
lo que van a hacer por la tarde, porque opciones no les faltan.
O quizás estén planeando a qué concierto
van a asistir por la noche, ya que la música es una de
las protagonistas del Festival, una música de todos los
colores.
Durante todas las horas que comparten se conocen, se explican
sus problemas. Quién le iba a decir a una joven de Filipinas
que los saharauis viven refugiados...
Definitivamente están felices. Cuando terminan las actividades,
y mientras salen del recinto hacia el campamento, deciden el
mejor final para una jornada completa. Un baño en la
playa es una buena opción, aunque una charla animada
con música no está nada mal. Aprovechan todas
las horas y piensan que mañana será otro día
tan intenso como el de hoy. |
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