El espectáculo
Herrumbre, de Nacho Duato, director de la Compañía
Nacional de Danza, no deja indiferente al espectador. El artista
ha presentado en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona dos
trabajos cargados de emoción con coreografías
impactantes –en las que se combinan movimientos clásicos
con otros poco habituales–, escenografía minimalista
y música innovadora.
L’Homme es el título de la primera parte del
montaje, una compleja coreografía que refleja, según
Duato, «el carácter efímero de la existencia».
La música que la acompaña es una selección
de obras para piano de György Kurtág, quien por
primera vez ha concedido permiso para utilizar su música
en un ballet.
Herrumbre es la pieza central del espectáculo y la
que le da el nombre. En ella se reflexiona sobre la tortura
a través de una serie de enfrentamientos entre víctima
y verdugo que se suceden a un ritmo intenso e inquietante.
La música es un elemento clave para provocar una gran
intranquilidad en el espectador. Duato ha escogido los solos
para violonchelo electrónico de David Darling para
las partes más lentas y unas composiciones de Pedro
Alcalde y Sergio Caballero que reproducen ruidos de metal,
golpes, el ambiente de las prisiones y ponen un toque realista.
Con todos estos elementos, el montaje rebosa de intensidad,
realismo... La voluntad del director ha sido comparar al hombre
con el hierro cuando su alma se oxida. Considera que nada
justifica la tortura, que le resulta incomprensible y que
para denunciarla ha creado esta coreografía. Quiere
que reflexionemos, ¿a qué esperamos? |