| Sin duda, el concierto de ayer de Phil Collins es el mejor regalo de despedida que podía dar a su público. El cantante británico ofreció más de dos horas de buena música, la suya, en una actuación que quedará grabada para siempre en la memoria de los fans. Collins saltó al escenario con mucha energía y, después de saludar a las casi 18.000 personas que llenaban el Sant Jordi, se sentó en su lugar preferido, detrás de la batería. Cogió las baquetas y confirmó que es uno de los mejores en esta faceta al hacer una demostración excepcional de sentido del ritmo y cadencia. «Bona nit Barcelona!» fueron las palabras que dieron paso al primer momento de delirio entre el público. La espectacular sección de viento de su banda tocó las notas iniciales de Something happened on the way to Heaven y al momento se vio que el público venía dispuesto a rendirse ante el talento de Collins. En el escenario sus acompañantes –10 músicos y 6 personas del coro– comenzaban también su particular exhibición, con una enorme pantalla luminosa de fondo que llenaba de color la oscuridad. El concierto bajó de intensidad y subió en emoción con Against all odds y volvió a recuperar fuerza con Don’t lose my number y You’ll be in my heart. El cantante británico se dirigió a los asistentes en español para confirmar que ésta es su última gira de conciertos y desear que «las canciones de la noche os hagan felices». Los temas del Phil Collins más joven se iban alternado con los más recientes y la gente los agradecía todos. El protagonismo del coro aumentó con la interpretación de un True Colours que cantó a capella con el exlíder de Genesis. Después el recital continuó hasta Another Day in Paradise, el tema más coreado por los asistentes hasta ese momento. La segunda parte del concierto levantó a todo el mundo de sus asientos. In the air tonight y Dance into the light calentaron el ambiente, pero el medley que hizo con You can’t hurry love, Two hearts y Wear my hat transformó el Sant Jordi en una olla a presión. Cualquiera que viera a Collins saltar y bailar por el escenario no se creería que este directo forma parte de la gira de despedida del cantante. La fiesta culminó con Easy Lover y Sussudio, momento en que se lanzaron serpentinas y en que Phil Collins se acercó al público y les regaló la oportunidad de cantar con él, poniendo el micro en la boca de algunos de sus fans. Después de despedirse, el artista británico regresó con un bis lleno de agradecimientos, una nueva exhibición de batería y la canción Take me home, con la que concluyó el concierto. |