La ceremonia de la siembra del palo es única y se hace el día antes de empezar las actuaciones. Consiste en una primera parte ante del altar, en que los 7 integrantes del equipo de voladores entonan cánticos y rezan sus plegarias, entre un intenso olor a incienso de resina. El altar está adornado con hojas de palmera, velas y tamal, y recubierto de ofrendas frutales.
Los voladores terminan el ritual y se preparan para interpretar sus danzas. Visten de color blanco en señal de respeto, calzan botas camperas y la única nota de color la pone el pañuelo que llevan atado a la cabeza. El tequila, como rasgo característico de México, sirve para rociar la base del palo y tiene que preservar la seguridad de los voladores durante toda su estancia en el Fórum, hasta el final del mismo.
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Los bailes terminan y el grupo asciende a las alturas. Primero suben los cuatro voladores y aseguran sus ligaduras. Se atan por los pies y la cintura y se preparan para recibir al quinto miembro, el jefe, que será quien controle el descenso.
Desde los 30 metros que mide el palo y sin ninguna atadura, el caporal danza y hace sonar una flauta y un tamborcillo para invocar al sol. Los voladores representan los cuatro puntos cardinales y el palo el eje entre la tierra madre y la divinidad del cielo. Tras esta ceremonia, los cuatro voladores descienden dando 13 vueltas que, sumadas, simbolizan los 52 años del ciclo solar en la cultura prehispánica.
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