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Astrid Hadad
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La entrevista


 
25/08/2004

Astrid Hadad


Astrid Hadad despliega en el Cabaret del Fórum incontables registros como cantante, actriz, show woman, bailarina... Su sarcasmo encuentra en la clase política o en la televisión su mejor caldo de cultivo. A partir de ahí, teje con una buena dosis de humor una fina tela de complicidad con el público. Con un vestuario imposible, diseñado por ella misma, Astrid Hadad es la reina.

Astrid Hadad llega apresurada al vestíbulo del hotel después de haber estado el día anterior en cama con fiebre. Esta artista mexicana desprende vitalidad, y esa fuerza la vuelca cada día en el escenario del Cabaret del Recinto Fórum, donde estará actuando hasta el 22 de agosto, después de una trepidante gira por toda Europa durante tres meses que la ha dejado «colapsada». Su espectáculo derrocha fuerza, con una puesta en escena arriesgada y valiente, barroca, aunque –dice– «es sólo un extracto del verdadero espectáculo».

Su pasado
Astrid Hadad se crió en un pequeño pueblo de México. «Es un país barroco. Crecí con esas imágenes. México es un país colorido y con mucho rigor católico. También he sacado imágenes religiosas, porque crecí con todo ello», dice. El maquillaje es también exagerado: «Está basado en el expresionismo alemán, porque yo provengo del teatro». Astrid diseña también unos vestidos imposibles, que se debaten entre el kitsch y la más absoluta modernidad.

En su México natal, Hadad asegura que inició «una búsqueda casi autodidacta»: «He pasado por las escuelas como un suspiro». La artista investigó sobre el cabaret y acabó mezclando las antiguas carpas mexicanas, lugares donde actuaban cómicos que ironizaban sobre la política, con el cabaret de Bertolt Brecht. La clase política mexicana y Estados Unidos, «mi monstruo favorito», han centrado el sarcasmo de Hadad «por deformación profesional», ya que estudió Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad Autónoma de México. «Además, yo quería hacer muchas cosas, estaba llena de ideas de la revolución y del movimiento del 68, que era muy importante. Andaba buscando algo que llenara lo que quería, que era lo artístico, pero sin estar exento de lo político», afirma.


Su bautismo de fuego se produjo en 1984, cuando culminó una gira de dos años por Europa. A partir de ahí empezó en solitario. «Cantaba, hacía el vestuario, los sketchs, bailaba...», recuerda. «En México nadie entendió mi trabajo. Aunque no era como el cabaret alemán, sí se mezclaban varias disciplinas: el teatro, la música, la danza, la plástica, la crítica...


Me tuve que exportar para que me importaran en México.» Y, con esta idea, los amigos artistas de Astrid Hadad organizaron una subasta para recaudar fondos y llevar su espectáculo a Madrid. «Fue un éxito. Empezaron a invitarnos a festivales.» Aquel primer espectáculo era «una tragicomedia patético-musical».

Su actual espectáculo
El actual espectáculo de Astrid Hadad en el Cabaret del Fórum está formado por un compendio de canciones, las preferidas de la artista, cada una de ellas aderezada con un vestido cada vez más disparatado y lleno de simbolismos, fruto de una prolífica imaginación y siempre salpicado con crítica política, que va adaptando a los lugares a los que va. «Este es un extracto pequeño de lo que hago y siempre me regañan porque me paso», afirma divertida.

La política es el tema omnipresente en todos sus espectáculos: «Contra Estados Unidos, que es mi monstruo favorito, también me he metido con Aznar y he criticado la televisión, ese opio en que se ha convertido. Es un estupidizante impresionante, igualito que en México. Por eso digo que tienen muchas cosas en común los mexicanos y los españoles», ironiza.

La artista asegura que en todos sus personajes hay mucho de ella. «Yo, al principio, me hacía mucho la mujer ingenua, de pueblo, vapuleada por los hombres y engañada. Pero también aparecía la femme fatale, la mujer terrible, contestataria.» Astrid Hadad había encontrado al fin su personaje: todas las mujeres. «Todas llevamos a todas las mujeres dentro, lo que pasa es que no nos atrevemos a expresarlas. La mayoría de mis espectáculos son una defensa de la mujer, de mí, que me educaron para casarme...» Para la artista, «todas las reflexiones que se plantean en el espectáculo expresan el sentimiento de muchas mujeres, que es el de la independencia, el de expresarse como uno quiera». «Para mí», continúa, «han sido años de lucha donde a veces me desesperaba demasiado pensando que no iba a pasar nada con mi vida ni con mi carrera».

Su futuro
Finalmente pasaron muchas cosas. Ahora, cuando Astrid Hadad acabe su espectáculo en el Fórum, le espera Estados Unidos y, en octubre, el prestigioso festival de música Womex 2004, en Alemania: «Es un honor que te inviten». Mientras, está dando los últimos retoques a su quinto álbum, Se me perdió el punto G, un disco de rumba y son cubano. Más adelante, su objetivo es escribir un musical mexicano: «Como los musicales de Broadway, pero muy ranchero, escrito por nosotros».

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