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16 / 06 / 2004
José María Beneyto: «El Quijote es uno de los grandes mitos de la conciencia europea moderna»

El diálogo «El Quijote y el pensamiento moderno» ha tratado esta tarde los valores modernos de la obra y se han analizado los estudios realizados por Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno sobre la obra de Cervantes hacia el 1905.

Más información de El Quijote y el pensamiento moderno

José María Beneyto, de la Universidad de San Pablo de Madrid, ha tratado el tema del «Quijote y la identidad de la cultura europea». En este sentido Beneyto ha dicho que «el quijote es una de los grandes mitos de la conciencia europea moderna». Algunas de las características que Beneyto ha encontrado en la psicología europea que también se pueden encontrar en la obra son: la voluntad de acción, el diálogo, la unidad y pluralidad, el equilibrio y la libertad creadora. Beneyto ha explicado que «la diferencia entre Ortega y Unamuno es que el primero apuesta por el quijotismo como un movimiento vitalista de europeización en España y el segundo apuesta por la quixotización en la línea del sentido trágico de la historia de España». Beneyto ha citado también a Jorge Luis Borges de quien ha rescatado la cita «El Quijote es una nobleza europea o mejor: es la novela de Europa».

Por su parte, Rafael Alvira, de la Universidad de Navarra ha hablado sobre 'El Quijote y la modernidad española'. En este sentido Alvira ha apuntado algunas características que la obra toma de la modernidad, como son el interés del método de la oración y por lo popular, y sobre la lucha por lo imposible. «Lo imposible no como irracional sino como aquello que puede verse más allá de la razón», ha añadido Alvira. Este heroísmo se relaciona con el heroísmo cristiano de tradición española, basado en la fe. Como ejemplo de modernidad ha citado a los místicos como Santa Teresa de Ávila, los conquistadores como Hernán Cortés y el propio Quijote. Para Alvira, en el Quijote «la fe hace razonable la razón y también la hace real». En este sentido «el que aspira a lo imposible es un loco, pero la única forma de vivir sin perder la razón es aceptar la locura», ha dicho Alvira. El profesor de la Universidad de Navarra ha precisado que aún cuando el romanticismo se apropia del Quijote, éste «no tiene nada de romántico en sus actos».

Ignacio Sánchez Cámara, de la Universidad de la Coruña, ha disertado sobre las visiones de Miguel de Unamuno y Ortega y Gasset de la obra de Cervantes. Por parte de Unamuno, éste distingue claramente entre la obra y el autor, o sea, entre quijotismo y cervantismo y destaca la primera. Unamuno, ha dicho Cámara, «se queda con el quijote y rescata la existencia del hidalgo como alma colectiva idealizada». El posicionamiento de Unamuno es tal que asevera que «el quijote no es de Cervantes sino de todos aquéllos que lo leen, por eso Cervantes es inferior al Quijote, Cervantes fue un simple instrumento para que España tuviese un quijote».

Mientras Unamuno propugna un ideal en el quijotismo, Ortega y Gasset dice que el quijotismo es el error español, es el esfuerzo ciego, la correría que no tiene en cuenta lo racional. En este sentido, Cámara recoge que Ortega asume a Cervantes y escribe contra la idealización del quijotismo, mientras Unamuno la exagera. Ortega y Gasset y Unamuno, según Cámara «coinciden con el símbolo de modernidad, en la idea de personaje y la dicotomía de realidad, idea del Quijote».

El escritor madrileño, Rafael Nuñez Florencio, ha hecho un recorrido histórico de los personajes que han marcado el arquetipo que se tiene en el extranjero del español y de España. Florencio ha dicho que en el siglo XVIII el personaje representativo de España era Fígaro, del Barbero de Sevilla, un personaje divertido y que hace reír, pero representante de un pueblo decadente. Durante el siglo XIX el arquetipo fue Carmen, una gitana que representaba la España del flamenco y la pandereta. Según Florencio, «los escritores que escogen este arquetipo ven en España un país retrasado, más africano que europeo». No es hasta el 1890 y el 1936 que se toma como modelo el Quijote, que hace de España un país basado en la desmesura, el orgullo, el valor y el individualismo desenfrenado. Además, este arquetipo, hace creer en el determinismo geográfico «el clima de desierto hace creer en quimeras y espejos». «El Quijote es un crisol que aglutina los demás mitos de la historia española», ha concluido Florencio.

Isidoro Reguera, de la Universidad de Extremadura ha puesto en duda el ideal de la Generación del 98 «que volvió a proponer el quijotismo como ideal político para la construcción del país». Para Reguera «se podría haber tratado la base crítica de una España post-moderna, plural y europea y no lo hicieron, sino que se reivindicó la España tradicionalista de las monarquías». Reguera propone «recuperar el quijote idealista pero no como único debate intelectual sino para entender que en España hacen falta ideales y valores y hace falta una construcción de Europa». «El Quijote sigue adelante a pesar de saber que tal vez fracasará», ha concluido Reguera.