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21 / 06 / 2004
Gloria Rafaela Córdova, operaria de costura: «Detrás de la etiqueta se esconde el cansancio, el dolor, la enfermedad de muchas trabajadoras de Guatemala»

Las «141 preguntas» del Fórum (43): «Moda y explotación: ¿qué es lo que no dice la etiqueta?». Gloria Rafaela Córdova Miranda, operaria de costura y secretaria general del sindicato SITRACIMA, y Ana Lucrecia Bautista González, coordinadora del área de monitoreo y verificación de condiciones laborales de la organización Comisión de Verificación de Códigos de Conducta (COVERCO), han coincidido en señalar que las etiquetas no muestran el drama de la explotación laboral de las trabajadoras del sector textil en Guatemala.

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Gloria Rafaela Córdova Miranda ha sido contundente: «Detrás de la etiqueta se esconde el cansancio, el dolor, la enfermedad de muchas trabajadoras de Guatemala». Ana Lucrecia Bautista, de la Comisión de Verificación de Códigos de Conducta, ha explicado que «las etiquetas de la ropa no reflejan las condiciones laborales de los trabajadores del sector textil de Guatemala, del que un 70% son mujeres». En su opinión debería existir un sello o etiqueta que informase sobre las condiciones en las que se ha elaborado el producto. Además, ha añadido, «no tiene sentido exigir esto a una empresa o marca determinada, tendría que ser global. Esta etiqueta podría certificar que es un producto de comercio o trabajo justo o que se ha hecho con un salario justo».

De las 800 empresas que existen aproximadamente en Guatemala, sólo 300 son legales. De estas, un 65% es de capital extranjero, mayoritariamente coreano. El gobierno guatemalteco fomenta la instalación de empresas internacionales, que en los últimos años han generado cerca de 100.000 puestos de trabajo directos. «Estas empresas disfrutan de beneficios fiscales ventajosos durante un período de diez años; transcurrido este tiempo cambian de nombre y se repite esta situación», ha explicado Bautista. «Además, hay mucho fraude al sistema de la seguridad social. A los trabajadores se les descuenta la cuota del seguro, pero las empresas no la tributan. Mientras los trabajadores están aparentemente cotizando no pueden ir, sin embargo, al doctor y ni siquiera tienen cartilla». Córdova ha añadido que muchos de los empresarios y supervisores laborales coreanos ni siquiera hablan castellano. «Las trabajadoras tenemos que inventarnos una especie de lenguaje que combina el castellano con el coreano.»

El salario mínimo en Guatemala es de unos 160 euros al mes y la media de edad de los trabajadores, de 20-22 años. Aunque legalmente la jornada laboral es de 8 horas y las vacaciones de 15 días, la realidad, según estos dos testimonios, es que los trabajadores pueden llegar a las 10 o 12 horas de trabajo diario en condiciones de presión y explotación laboral. Tal y como ha explicado Gloria Rafaela Córdova, «cuando se constituyó el sindicato en nuestra empresa, Cimatextiles, S.A., hubo mucha represión, nos empujaron, nos agredieron, nos echaron a la calle... La situación sindical es muy difícil. Al final, conseguimos un contrato laboral colectivo gracias a las denuncias puestas y la acción de muchas organizaciones internacionales. Hubo presiones al gobierno guatemalteco para corregir nuestra situación».

Córdova y Bautista se muestran ilusionadas de cara al futuro. «Si los derechos se globalizan, esto significa que hay esperanza y fe para mejorar las condiciones de trabajo de muchas mujeres de Guatemala. Creo que sí va a haber un cambio; hay que confiar en los sindicatos para frenar las injusticias. Hay muchas cosas que hacer para unirnos en esta lucha», ha afirmado Gloria Rafaela Córdova.