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23 / 06 / 2004
Ramesh Thakur: «necesitamos la autoridad de la ONU, pero también el peso diplomático de Estados Unidos para legitimarla. Irak lo ha trastocado todo»

La primera jornada del Diálogo «Hacia un mundo sin violencia» se ha dedicado monográficamente a profundizar en la resolución pacífica de conflictos. En la sesión «Los conflictos armados hoy: guerras, violencia y terrorismo» han participado HortenceMpako Foaleng, analista de conflictos de África del Norwegian Refugee Council, Ramesh Thakur, de la United Nations University de Tokyo, y Manuela Mesa, del Centro de Investigación para la Paz. Los tres han coincidido en señalar que es necesario fortalecer el multilateralismo internacional que la Organización de Naciones Unidas representa.

La analista de conflictos de África del Norwegian Refugee Council, HortenceMpako Foaleng, ha dibujado un panorama caracterizado por la guerra y la violencia permanente. Ha reflexionado sobre el proceso de fragmentación interna, ocurrido durante el proceso de descolonización del continente africano, que provocó la aparición de numerosas facciones y señores de la guerra que ha tenido consecuencias determinantes en la desestabilización del mapa político africano en las últimas décadas. En su opinión después del final de la era bipolar (Estados Unidos-Unión Soviética) la distinción entre fuerzas gubernamentales y fuerzas paramilitares se ha desdibujado. Otro de los problemas que apunta Foaleng es la privatización de la seguridad de muchos estados, así como el uso de mercenarios, en su mayoría antiguos soldados que trabajan indistintamente para estados y rebeldes, y que se desplazan por todo África occidental.

Después de enumerar los numerosos conflictos que afectan a la mayoría de países africanos, Foaleng se ha mostrado convencida que «en África, desde la II Guerra Mundial, no hay demasiadas razones para ser optimista. El problema de fondo se encuentra en la estructura política y funcional de los estados africanos».

Ramesh Thakur, que es profesor en la Universidad de las Naciones Unidas en Tokyo, ha reclamado un mayor papel para la ONU. En su opinión, durante la segunda mitad del siglo XX se ha avanzado notablemente en la prevención de conflictos por la vía política. «Desgraciadamente las guerras arbitrarias, como la de Irak, continúan siendo una realidad. Hay que confiar más en la Organización de las Naciones Unidas, que es quien establece las reglas del juego». Thakur ha señalado como una de las prioridades fundamentales, para la mejora de las condiciones internacionales, el cumplimiento de los objetivos del Milenio de las Naciones Unidas.

En los últimos 200 años, según Thakur, la guerra-patrón ha sido la guerra entre estados. Desde el final de la Guerra Fría, sin embargo, han aparecido nuevas formas de conflicto. Aunque las democracias inclusivas se han duplicado en las últimas décadas y la justicia internacional es más importante que nunca, el terrorismo continúa siendo una amenaza. A mediados de la década de los ochenta se contabilizaban unos 650 actos terroristas. En el año 2002 esta cifra era de unos 200. «Aunque atentados como el del 11-S en Nueva York tuvieron un número importantísimo, no hay que olvidar las masacres de decenas de miles de muertos que ha habido en África». En su opinión hay que limitar el apoyo que ciertos estados brindan a grupos no gubernamentales. «Osama Bin Laden fue creado por Estados Unidos como un instrumento, en su guerra contra el enemigo», ha afirmado. Thakur también cree que «existe una paranoia sobre los grupos terroristas y la posesión de armas de destrucción masiva» y ha añadido que la guerra de Irak ha intensificado el terrorismo internacional.

Thakhur cree que el desarme y control de las armas son fundamental para la mejora de la situación internacional. «Es imposible convencer a un estado que no posea armas nucleares cuando está demostrado que es útil para el que las posee». Thakhur ha afirmado que la dinámica de los últimos años han supuesto un «paso atrás» en el control y desarme de armas. También ha recordado que algunos autores señalan que «el ataque a Irak ha sido posible porque este país no tenía armas de destrucción masiva, pero sí petróleo, a diferencia de Corea del Norte». La guerra de Irak, según Thakhur, ha dañado a las Naciones Unidas, la Unión Europea y la OTAN; ha dañado la relación entre la ONU y los Estados Unidos. Thakhur ha afirmado que «necesitamos la autoridad legítima de la ONU pero también el peso diplomático de Estados Unidos para hacer posible esta autoridad. Irak lo ha trastocado todo».

Manuela Mesa, del Centro de Investigación para la Paz, ha denunciado el debilitamiento del sistema de Naciones Unidas después de la guerra de Irak y ha lamentado el abandono del consenso y el pacto del panorama internacional: «los grandes problemas globales requieren acuerdos globales. Irak es un grave precedente para el futuro». Mesa también ha criticado que en la actualidad las alianzas internacionales se miden por la colaboración o no en la guerra contra el terrorismo, impulsada por Estados Unidos. Ha subrayado la contradicción de las ayudas que se conceden a países como Pakistán, «un régimen dictatorial que ahora recibe ayudas impensables hace dos años».

Mesa ha puesto a debate algunos argumentos a favor del multilateralismo. Ha afirmado que la guerra de Irak ha desestabilizado el mapa político mundial. «Estados Unidos no puede autoasignarse el derecho a romper las reglas del juego porque ahora no será posible exigir estas reglas a otros países», ha dicho. Ha recordado que las guerras no acabarán con el terrorismo, como lo han hecho patente los atentados de Madrid, Casablanca, Estambul y Karachi. Mesa, que ha afirmado que el terrorismo se basa en el fanatismo político, ha pedido una reforma de la ONU para poder gestionar en el futuro el multilateralismo internacional. «Ahora mismo, sin embargo, las Naciones Unidas es lo mejor que tenemos», ha afirmado.

De entre las intervenciones del público en la sesión, ha destacado la de un jubilado que ha afirmado que el terrorismo se nutre de «cuatro terrorismos de los que nunca se habla: la injusticia, las desigualdades sociales, el hambre y el analfabetismo», ha dicho.