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07 / 07 / 2004
James Heisig, experto orientalista: «Para los japoneses los principios universales son secundarios»

Las 141 preguntas del Fórum (59): «¿Por qué los japoneses no confían en los principios éticos?» James Heisig, profesor e investigador afincado en Japón, ha explicado que «ellos prefieren eliminar al juez de los juicios porque cada situación aporta en sí misma un principio espontáneo y correcto». Ha señalado que los japoneses creen que su cultura es incomprensible para los demás y que, por ello, suelen renunciar a enseñarla al mundo. Heisig ha calificado de «esquizofrenia» el ideal japonés basado en hacer que su propia manera de ser conviva con la técnica occidental que, por ejemplo, aplican en el mundo laboral: «Hay una división enorme en su alma», ha afirmado.

James Heisig, experto orientalista afincado en Japón desde hace más de 25 años, ha asegurado hoy en el Escenario de la Haima que «cada situación tiene su verdad, su armonía, y esto es lo principal». De esta forma, ha querido exponer las primeras razones por las cuales los japoneses desconfían de los principios éticos: «Ellos prefieren eliminar al juez de los juicios porque cada situación aporta en sí misma un principio espontáneo y correcto». Heisig, nacido en Estados Unidos y con orígenes austriacos, ha expresado su deseo de «sembrar una semilla de duda sobre la universalidad de los principios éticos». A lo largo de su intervención, ha reiterado que «para los japoneses los principios universales son secundarios» y ha subrayado que «ellos prefieren enseñar a sus hijos un conjunto de virtudes que deben ejercitarse». Se trata de unas virtudes exentas de principios, donde prima el deseo por conocerlas. Las reglas que se practican en familia no se aplican en otros lugares y ambientes: «Es difícil entender la "pasividad" japonesa. Ellos prefieren convertirse en un espejo para que el otro pueda verse a sí mismo».

Heisig, autor de numerosos estudios y de una serie de best-sellers sobre el aprendizaje del japonés, ha citado las cuatro virtudes que según él definen a los japoneses: benevolencia para hacer lo que el amor requiere en cualquier situación; compasión para compartir el sufrimiento de los demás; «coalegría» para olvidándose de uno mismo y celebrar el éxito del otro y, por último, la virtud absoluta que supone el alejamiento total del «yo».

El profesor e investigador orientalista ha señalado también que los japoneses creen que su cultura es incomprensible para los demás y, por ello, suelen renunciar a enseñarla al mundo. Ha reconocido, sin embargo, que «la cultura tradicional japonesa cada vez gobierna en un rincón más pequeño» y que, relaciones humanas al margen, la vida cultural apenas tiene influencia en la vida de los habitantes de Japón.

Ayudándose de una pizarra cada vez que lo ha considerado oportuno, James Heisig ha descrito la identidad del pueblo japonés. En esta identidad de la «que ellos no se quieren desprender porque es la suya» se encuentra un ideal que ha calificado de «esquizofrénico», pues se basa en hacer que su propia manera de ser conviva con la técnica occidental que, por ejemplo, se aplica en el mundo laboral: «Hay una división enorme en su alma», ha afirmado.

La intervención de James Heisig se enmarca en la celebración del Diálogo «Oriente-Occidente» que ha tenido lugar estos días en el Fórum Barcelona 2004. Maestro de los kanji, los símbolos japoneses que tradicionalmente han estado fuera del alcance de los occidentales, trabaja desde hace más de dos décadas en el Instituto Nanzan de Religión y Cultura de Nagoya (Japón), del cual ha sido director los últimos diez años.