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20 / 07 / 2004
José Antonio Marina, filósofo y escritor: «Eduquemos a los niños para formar buenas personas, no para obtener ingenieros»

Las «141 preguntas» del Fórum (72): «¿Se puede enseñar a vivir?». José Antonio Marina, uno de los pensadores españoles más destacados de la actualidad, ha manifestado que la educación puede facilitar el acceso a la felicidad, elemento decisivo para llegar a entender que «vivimos bien». Ha hecho un llamamiento «a una gigantesca movilización educativa» para que los que hoy son niños puedan contribuir a mejorar un mundo «que se gasta cantidades disparatadas en armas». Contrario a que las madres lean demasiados libros sobre la infancia, ha explicado que los niños necesitan «redes afectivas compactas». En este sentido, ha reconocido que «lo más sabio que he oído respecto a ésto es lo que dice un proverbio africano: para educar a un niño hace falta la tribu entera».

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José Antonio Marina, catedrático de Filosofía, dedicado desde hace más de veinticinco años al estudio de la fenomenología, la psicología genética, la neurología y la lingüística, ha destacado hoy en el Escenario de la Haima que «no se puede ser feliz en un mundo donde se desprecie a las personas». Tras destacar que «vivir bien» supone alcanzar las aspiraciones de salud, felicidad y dignidad, ha resaltado que la educación puede encaminarnos hacia la felicidad, elemento decisivo en torno al cual giran los demás anhelos.

A preguntas del numeroso público asistente al acto ha subrayado que «debemos aprender que los grandes progresos de la humanidad se han conseguido mediante constantes movilizaciones sociales» y que, por tanto, es necesario hacer frente a las corrientes que intentan propagar el mensaje de que «nuestro comportamiento privado carece de repercusiones». Por este motivo ha hecho un llamamiento «a una gigantesca movilización educativa» para que los jóvenes del futuro más cercano puedan contribuir a mejorar un mundo «que se gasta cantidades disparatadas en armas: con 50.000 millones de dólares al año, el 10% del presupuesto militar de Estados Unidos, se podrían combatir las hambrunas y epidemias que asolan a los países del tercer mundo». José Antonio Marina ha finalizado su intervención de esta noche con un ruego: «eduquemos a los niños para formar buenas personas, no para obtener ingenieros». La frase, que ha puesto punto y final a una celebrada participación en el espacio de las 141 preguntas, ha provocado que el público le despidiera con un largo aplauso.

Antes de finalizar, no obstante, José Antonio Marina había abordado cuestiones relacionadas con la infancia. Ha afirmado que todos nacemos con unas facultades intelectuales y temperamentos concretos y que los condicionantes genéticos son importantes «aunque no inmutables». Asimismo ha dicho que hasta los 2 o 3 años se puede actuar contra ciertas predisposiciones, pero con el paso del tiempo los cambios son más difíciles: «Que un niño de 2 años sea muy activo no implica que a los 5 sea hostil; sin embargo, un niño que es hostil a los 5, probablemente lo será cuando tenga 10». «Los cambios en el carácter son posibles, aunque complicados», ha concluido.

A propósito de la infancia también ha señalado que «si carecemos de sentimientos, careceremos de valores» y ha afirmado que los niños nacen con un sentimiento confuso de bienestar y malestar que se precisa hacia los 18 meses, cuando «sienten espontáneamente el sentimiento de la compasión». «Lo malo es cuando un niño de 4 años no siente compasión hacia los demás, puesto que en más del 50% de los casos esta carencia indica la existencia de malos tratos», ha observado.

Este filósofo y escritor ha matizado que «no somos nuestros sentimientos, sino nuestras conductas» y ha explicado que «la inteligencia es similar al póquer: nos dan mejores o peores cartas —mejor que sean buenas, claro—, pero como en el póquer, no siempre gana quien tiene buenas cartas, gana quien sabe jugarlas mejor».

Marina ha asegurado que el bebé nace esperando cuidado y caricias: «una de las expectativas más importantes del niño es ser bien acogido». Contrario a que las madres lean demasiados libros sobre la infancia —«yo se los prohibiría porque acaban con sentimientos de culpabilidad»—, ha explicado que los niños necesitan «redes afectivas compactas». En este sentido, ha reconocido que «lo más sabio que he oído respecto a ésto es lo que dice un proverbio africano: para educar a un niño hace falta la tribu entera».

José Antonio Marina ha reconocido que las influencias familiares remiten a partir de los 10 o 11 años puesto que de ahí en adelante cuenta mucho «el grupo de sus iguales», y se ha mostrado contrario a la idea de que los niños de ahora se enfrenten a contextos sociales peores que los de antes. Tras destacar que lo más grandioso que ha hecho la humanidad, desde el punto de vista ético, ha sido el sistema de la seguridad social, seguido de la educación obligatoria o el sistema jurídico común, en el capítulo de las drogas, «lo más grave es lo que han heredado de sus abuelos. El 40% de los accidentes de tráfico se deben al alcohol».

Catedrático de Filosofía y Doctor honoris causa por la Universidad Politécnica de Valencia, José Antonio Marina (Toledo, 1939) se ha dedicado durante años al estudio de la teoría de la inteligencia, la fenomenología, la psicología genética, la neurología y la lingüística. En su prolífica obra reivindica el ingenio como un valor característico que diferencia al ser humano. Con su primer libro, Elogio y refutación del ingenio, (1992), obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo y el Premio Nacional de Ensayo. Es autor, entre otras obras, de Ética para náufragos, El misterio de la voluntad perdida, y La selva del lenguaje. Su creciente repercusión social le ha llevado a recibir numerosos galardones que le han convertido en uno de los pensadores españoles más sobresalientes. En febrero de 2004 colaboró con la Academia de Televisión para la elaboración de un informe sobre la creación de un Consejo Audiovisual de ámbito estatal.