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07 / 09 / 2004
Jiri Dienstbier, ex ministro de Relaciones Exteriores de Checoslovaquia: Los peores violadores de los derechos humanos son los terroristas

Las «141 preguntas» del Fórum (120): «Una vez firmada la paz, ¿qué se necesita para construirla?». Jiri Dienstbier, experto en los procesos de reconstrucción nacional posteriores a los conflictos bélicos, ha manifestado que «no existe una solución modelo» capaz de garantizar la paz después de la guerra. Ha reconocido que en los últimos diez años la paz prácticamente no ha arraigado allí donde se han declarado escenarios de lucha armada: «Antes de actuar, es preciso comprender muy bien lo que ocurre en las zonas de conflicto», ha precisado. Defensor del papel que juega la ONU en los diferentes contextos internacionales, ha calificado de «no democrático» el derecho a veto, pese que se ha apresurado a recalcar que sin este derecho «las Naciones Unidas habrían desaparecido durante la guerra fría».

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Jiri Dienstbier, ex ministro de Relaciones Exteriores de Checoslovaquia, ex portavoz del «Grupo de los 77», y ex relator especial de la ONU para Bosnia-Herzegovina, la República de Croacia y la República Federal de Yugoslavia, ha destacado en el Escenario de la Haima del Recinto Fórum que «no hay excusa posible que justifique ningún tipo de terrorismo». Bajo su punto de vista es absolutamente inaceptable cualquier comentario o propuesta que distinga entre «terroristas buenos y terroristas malos». «Los peores violadores de los derechos humanos son los terroristas», ha asegurado.

A propósito de la grave situación que se registra en Chechenia y de la última tragedia de Beslan, Dienstbier ha comentado que «el conflicto es el resultado de una mala solución final al imperio colonial» de la antigua Unión Soviética. Tras señalar que las informaciones inmediatas que facilitan los medios de comunicación «no dejan tiempo para reflexionar», y que la política de Moscú «es ineficaz y genera corrupción», ha admitido que las vías de salida son muy complicadas porque, entre otras razones, «es preciso contar con el problema añadido que significa la actuación de las mafias terroristas internacionales, grupos independientes que se dan apoyo mutuo, que a menudo tienen más dinero y material que las fuerzas de defensa locales, y que disponen de unos líderes que continuamente cambian de ubicación». Así, ha asegurado que «entre los terroristas de la escuela de Beslan había siete o ocho miembros de Al Qaeda» y ha reivindicado una cooperación internacional fuerte y decidida que rechace las iniciativas de carácter unilateral.

Desde su gran experiencia en los procesos de reconstrucción nacional después de los conflictos bélicos, ha resaltado que «no existe una solución modelo» capaz de garantizar la paz después de la guerra. Ha reconocido que en los últimos diez años la paz prácticamente no ha arraigado allí donde se han declarado escenarios de lucha armada: «Antes de actuar, es preciso comprender muy bien lo que ocurre en las zonas de conflicto», ha precisado en referencia directa a Iraq, una guerra empezada sobre «motivos falsos y sin planos sobre cómo actuar tras la derrota de Hussein».

En un rápido repaso sobre algunos puntos de conflicto, Jiri Dienstbier se ha referido a los casos de los Balcanes y ha explicado que el primer error cometido fue aceptar «de facto» la división de la antigua Yugoslavia sin que existiese un acuerdo político. Ha señalado que la actualidad muestra una Bosnia-Herzegovina dividida que cuenta con la presencia de decenas de miles de soldados de las fuerzas internacionales, mientras que Serbia y Croacia «intentan crear sistemas democráticos». Dienstbier también ha mencionado Kosovo para lamentar primero, que «estallase» y denunciar que cinco años después su situación no haya mejorado en absoluto pese a estar bajo la administración de Naciones Unidas. Tampoco se ha mostrado demasiado optimista sobre el futuro de Afganistán: «No estamos seguros de que supere la etapa; los talibanes vuelven a ser operativos y la red de Al Qaeda trata de actuar».

Con respecto a la ONU, Dienstbier ha defendido los buenos resultados que han obtenido la UNESCO, la OMS y la FAO, entre otras, en la salvaguarda del patrimonio mundial, la erradicación de enfermedades o la puesta en marcha de campañas contra el hambre. Ha recordado que se trata «de una institución de estados» y que las críticas tendrían que recaer sobre estos estados. Aún así, ha valorado positivamente que países enfrentados tengan la oportunidad de verse con mucha frecuencia en una organización que promueve también la participación de naciones que ejercen tareas de mediación. Ha calificado de «no democrático» el derecho a veto, aunque se ha apresurado a recalcar que sin este derecho «las Naciones Unidas habrían desaparecido durante la guerra fría».

Jiri Dienstbier ha declarado que él se mostró contrario a la separación de Chequia y Eslovaquia: «Después de 1989 teníamos una imagen muy buena gracias a la manera en que, a pesar de ser un estado multiétnico, pasamos del comunismo a la democracia. Perdimos este crédito cuando nos separamos. Nos convenía un único mercado grande y nos convertimos en dos mercados pequeños». No obstante, las relaciones entre Chequia y Eslovaquia «son sobresalientes», ha concluido.