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20 / 07 / 2004
José Antonio Marina (Catedrático de Ética): «Las sociedades occidentales viven en una desorientación psicológica y ética»

Esta mañana ha quedado clausurado el Diálogo del Fórum «Cerebro Social. Biología de los conflictos y la cooperación» con la sesión que ha analizado los caminos hacia la convivencia.

El catedrático de ética, filósofo y escritor, José Antonio Marina, ha hablado de su experiencia como profesional de la educación. En este sentido, Marina ha explicado que «no hay un gen de la agresividad, pero si un gen que hace que un hombre pueda responder a determinados estímulos de determinada forma». El problema para Marina es que «estamos troceando el ser humano y olvidamos su conjunto. Es imprescindible pensar en el contexto». Marina ha dicho que el conocimiento sintáctico del cerebro ha mejorado mucho «pero se ha progresado muy poco en el conocimiento semántico del cerebro».

Marina ha añadido que el lenguaje «es un punto de inflexión y nuestra inteligencia es estructuralmente lingüística. Las sociedades occidentales padecemos un proceso enorme de desorientación psicológica y ética, mientras que las orientales dan más importancia al grupo que al individuo». Para Marina, «nuestra inteligencia social nos impone la convivencia en sociedades muy complejas y valora nuestros comportamientos».

En este sentido, Marina cree que «el papel de los educadores es enseñar valores para que las personas puedan defenderse de los que rigen en la actualidad, como el consumismo». «Es importante que reeduquemos a la gente porque vivimos en una especie de esquizofrenia», ha añadido Marina.

El catedrático ha destacado la importancia de la educación porque «si estamos seguros de querer acabar con la agresividad tenemos que crear un mundo donde la agresividad no sea necesaria para vivir». Marina ha propuesto «que cada cual siga aquella norma que según nuestra inteligencia sea la mejor para nosotros, teniendo así un comportamiento libre». Marina ha concluido diciendo que «pensar que podemos aprender de los animales es colosal», en referencia a los estudios realizados con los chimpancés.

Por su parte, el catedrático de ciencia cognitiva de la Universidad de Southampton, Stevan Harnad, ha hablado de la categorización y de cómo ésta influye en nuestra conducta. Harnad ha recordado que la categorización implica definir un grupo y, a la vez, aquello que queda fuera del grupo, el complemento. Para Harnad, aquello que es del grupo tiene aspectos positivos, mientras que lo que no pertenece al grupo tiene negativos. Un ejemplo de esta categorización sería la familia: «los vínculos más estrechos se crean con nuestra familia, con aquellos con los que convivimos, pero todos los otros quedan fuera”.

Para Harnad, ésta categorización denota el egoísmo de los genes, la supervivencia inclusiva y la primera manifestación de linaje. Además, Harnad ha explicado que esta categorización provoca un favoritismo natural entre buenos y malos y crea estereotipos. Harnad cree que esto sucede porque conocemos las categorías, pero si no las conociésemos sería diferente. Es decir, que «nosotros sabemos qué es estar despierto pero no sabemos qué es soñar. Si todos fuésemos queridos por personas desconocidas y no por la familia hablaríamos de “nosotros” y no de “nosotros y ellos”.