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09 / 09 / 2004
Jean-Louis Cohen, arquitecto: «El problema de las grandes ciudades es que hay mucho espacio perdido»

Las «141 preguntas» del Fórum (123): «La ciudad, ¿espacio para sobrevivir o para convivir?» El arquitecto Jean-Louis Cohen, director del Diálogo «Espacio urbano colectivo: nuevas perspectivas», ha dicho que las ciudades «son el producto humano más complexo que jamás se haya creado» y que es necesario encontrar el modelo de democracia metropolitana más adecuado. Se ha referido a la «solidaridad entre la aglomeración» cuando ha hablado de la población de la periferia que no puede tomar decisiones que afecten los centros urbanos «aunque pasan allí gran parte de su vida». Ha razonado que los desplazamientos largos, de entre dos y cuatro horas diarias, «empobrecen la posibilidad de actuar en la vida urbana», y ha resaltado que las ciudades tienen que evitar la «burbuja turística» que sobrecarga ciertos barrios y se olvida de otros.

Jean-Louis Cohen, arquitecto y profesor en las universidades de París y Nueva York, ha destacado esta tarde en el Escenario de la Haima que «las grandes ciudades son, al mismo tiempo, lo mejor y lo peor; son el producto humano más complexo que jamás se haya creado, donde se determinan zonas de exclusión y de encuentro». En cualquier caso, ha subrayado que hay una realidad incontestable: «Por primera vez en la historia, hay más población en las ciudades que en las zonas rurales. La gran ciudad es el destino de gran parte de la humanidad», ha precisado.

Para Jean-Louis Cohen, el exceso de población no es la dificultad principal de las concentraciones urbanas: «El problema de las grandes ciudades es que hay mucho espacio perdido; esta densidad insuficiente causa excesivas distancias sociales». En su opinión, es necesario encontrar el modelo de democracia metropolitana más adecuado. Se ha referido a la «solidaridad entre la aglomeración» cuando ha hablado de la población de la periferia que no puede tomar parte en los procesos de cambio que afectan los centros urbanos «aunque pasen gran parte de su vida». En concreto, ha nombrado un barrio del centro de París que cuenta con 50.000 habitantes pero que cada día recibe más de 800.000 personas: «¿Quién ha de tomar las decisiones? ¿Los 50.000 empadronados y votantes, sin tener en cuenta a los otros 800.000? Por el momento, es una pregunta sin respuesta», ha concluido.

Ha manifestado que los desplazamientos largos, de entre dos y cuatro horas diarias, que han de efectuar las familias con menos recursos económicos, «empobrecen la posibilidad de actuar en la vida urbana». També ha explicado que muchas personas tienen problemas para poder contribuir al desarrollo de la ciudad porque no disponen de tiempo para hacerlo o para informarse lo bastante: es muy difícil realizar sus contribuciones: «La convivencia tendría que obligar a los expertos municipales a hablar con todo el mundo y, así, superar las desigualdades que generan las distancias sociales y culturales. No obstante, hay que admitir que se necesitan muchos especialistas para gestionar las grandes ciudades y que el lenguaje de la arquitectura dificulta aún más el objetivo ideal».

Defensor de los transportes urbanos y de los periféricos, ha hablado de Londres, «que goza de la imagen de ciudad civilizada». Ha explicado que la parte moderna se construyó horizontalmente, creando distancias enormes, pero que no hay problemas gracias a un «formidable sistema de integración». También ha reconocido el éxito que han supuesto las restricciones decretadas en el centro la ciudad: «La densidad del tránsito ha disminuido; los taxis y los autobuses circulan más deprisa y hay más recursos para la mejora del transporte público. Es una solución a tener en cuenta».

En lo que respecta al turismo, Jean-Louis Cohen ha dicho que no puede imaginarse ninguna ciudad cerrada a la primera industria mundial: «En China ya se ha autorizado la posibilidad que sus ciudadanos puedan viajar libremente al extranjero, circunstancia que multiplicará el número total de turistas». Después de recordar los importantes ingresos que genera esta actividad económica, ha recalcado que se trata de evitar la «burbuja turística» que sobrecarga ciertos barrios y se olvida de otros: «Es necesario que la gente que venga de fuera pueda descubrir los atractivos que les ofrecen todos los barrios de la ciudad. No puede ser que, como pasa en Venecia, los turistas se concentren en sólo tres calles».