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24 / 09 / 2004
El diálogo «Contribuyendo a la agenda global» aborda los temas del comercio justo, la participación democrática y la corrupción

Dentro del marco del diálogo “Contribuyendo a la agenda global”, uno de los itinerarios de las sesiones ha abordado el tema del comercio justo, que es una forma de transacción comercial que pretende minimizar los efectos de la globalización y el libre comercio en los productores de los países pobres. Paola Ghillinani, directora general de Max Havelaar Foundation, ha explicado en el Fórum los retos a los que se enfrenta este tipo de comercio, que en el último año ha crecido entre un 30% y un 40%. «Los consumidores reclaman más transparencia. Quieren saber cómo se producen y qué efectos para el entorno tienen los productos que adquieren»

La organización que Ghilliani dirige se centra en dos tareas fundamentales: abrir nuevos mercados que mantengan unas condiciones comerciales equitativas y controlar que los productos que se acogen a la etiqueta de “comercio justo” cumplan las normas internacionales al respecto. El rápido crecimiento del comercio justo plantea nuevas necesidades, como mejorar los sistemas de control y conseguir integrar a todas las partes implicadas en la toma de decisiones sin disminuir la eficacia del sistema de trabajo. Según Ghilliani, lo que el comercio justo pretende en último término es poner la economía al servicio de los seres humanos y no los seres humanos al servicio de la economía, como ocurre en la actualidad.

Por su parte, Nitin Desai, miembro del Proceso de Helsinki sobre Globalización y Democracia, ha abordado el sentimiento de desconexión que la globalización causa entre los ciudadanos. Una desconexión que se manifiesta entre los países del Norte y del Sur; entre la sociedad civil, que sale a la calle porque no se siente escuchada por los gobiernos y en unas relaciones internacionales poco democráticas, llevadas a término por los poderes ejecutivos de los gobiernos, en lugar del poder que realmente representa al pueblo, el parlamento. Desai ha apuntado que el Proceso de Helsinki promueve la integración de los parlamentos en los procesos de decisión internacional. «Queremos que los que toman decisiones rindan cuentas al pueblo. Los parlamentos serían muy útiles en este sentido, porque tendrían que exigir responsabilidades a los que deciden». Heidi Hautala, también miembro del Proceso de Helsinki, ha subrayado esta necesidad de control por parte de los ciudadanos de las instituciones internacionales que ahora funcionan sin ningún tipo de control: «Los diputados deben organizarse a nivel internacional y ser un vínculo entre la sociedad civil y las instituciones internacionales».

John Makumbe, representante de Transparency International, ha comentado la labor de la institución, que publica anualmente la clasificación de los países más corruptos del mundo. «La corrupción es una conspiración contra el pueblo. Quita a los pobres los recursos que deberían servir para su desarrollo», ha expresado, señalando también la contradicción que supone que los países ricos del norte aparezcan en la clasificación como los más limpios en materia de corrupción, pero son el destino donde se esconde el dinero de los corruptos de los países más pobres.

Makumbe ha señalado la estrecha relación entre la corrupción y el mal gobierno, la pobreza y los ataques a los derechos humanos. «La mejor forma de luchar contra la corrupción es la democracia. La corrupción elimina la transparencia. Es imposible erradicar la pobreza sin afrontar primero la corrupción», ha concluido.