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24 / 09 / 2004
Los economistas reunidos en el diálogo sobre el Consenso de Washington alertan sobre la creciente desigualdad en la distribución de la renta

Intensa sesión del Diálogo “Del Consenso de Washington a una nueva gobernanza global”, en la que los economistas Olivier Blanchard, Alice Amdsen y Paul Krugman han desgranado diversos aspectos clave de la economía mundial, como los seguros de paro y la protección del empleo, la transformación del desarrollo y la desigualdad y la redistribución. Los expertos han advertido de las consecuencias negativas de la progresiva desigualdad en la distribución de la renta, un fenómeno que en Estados Unidos ha alcanzado proporciones “alarmantes”, según Krugman.

Además de los tres ponentes, en la sesión han participado diversos economistas, como el premio Nobel Joseph Stiglitz, Daniel Cohen, Miguel Sebastián o Guillermo de la Devesa, en un marco de coincidencia generalizada sobre las repercusiones negativas de la distribución desigual de la renta. Se trata de una situación que va en aumento, como demuestra el hecho de que el 1% de los norteamericanos haya aumentado en un 500% sus ingresos en los últimos diez años. Krugman ha señalado que “a mayor desigualdad de renta, mayor desigualdad social” y ha destacado la coincidencia de la explosión de este fenómeno con el mandato del ex presidente norteamericano Ronald Reagan, aunque ha admitido desconocer qué leyes o iniciativas concretas lo propiciaron.

A este respecto, Stiglitz ha apuntado que las clases medias son las más interesadas en la existencia de un Estado de derecho, circunstancia que en situaciones de desigualdad en la distribución de renta se reduce porque “a las minorías poderosas no les interesa tanto”, ha dicho refiriéndose al ejemplo de la evolución registrada en Rusia tras la caída del telón de acero. Guillermo de la Devesa ha destacado que América Latina, donde el 10% de la población más rica tiene el 48% de la renta, es la “zona más desigual del mundo” y ha subrayado que en los países con mayor desequilibrio en este campo, Argentina y Uruguay, las desigualdades aumentan con más fuerza.

De la Devesa ha proseguido indicando que “cuanto más alta es la desigualdad de la renta, menos posibilidades hay de reducirla y el crecimiento a largo plazo es menor. La consiguiente polarización de la sociedad actúa como una bola de nieve al provocar que los pobres no tengan acceso a los créditos, así como el estallido de episodios de violencia social y crisis más largas y profundas”. El experto ha remarcado que en la mayoría de países de la América Latina, donde la economía sumergida supone el 50% de la actividad económica, no hay impuestos sobre las plusvalías y las tasas indirectas suponen el 50% de los presupuestos de los gobiernos. “Así es muy difícil la distribución de la renta”, ha concluido.

Olivier Blanchard se ha centrado en una de las columnas vertebrales de los estados de bienestar, las prestaciones por desempleo, y ha propuesto que las empresas, además de abonar las indemnizaciones pertinentes, sufraguen la situación de paro de los trabajadores afectados por despidos improcedentes. El economista ha materializado su propuesta con la creación de un impuesto cuyos fondos serían gestionados por el Estado, que seguiría actuando como garante de este tipo de subsidios. Blanchard ha instado a los denominados países ricos a mejorar los sistemas de prestaciones por desempleo y a buscar más incentivos para evitar el acomodamiento de los afectados.

Alice Amdsen, por su parte, ha expuesto que los países en vías de desarrollo dejaron de crecer porque no pudieron seguir sustituyendo sus importaciones y ha lamentado que las dos únicas subvenciones que concede la Organización Mundial del Comercio (OMC) –a ciencia y tecnología y subsidios regionales– estén acaparadas por los países más avanzados. Para esta experta, “se necesitan políticas imaginativas que el Banco Mundial no aporta” al centrase en la reducción de la pobreza, lo que “no tiene nada que ver con el desarrollo”. Tras remarcar que “dentro de los países en vías de desarrollo, los de la América latina son los que están en peor situación”, Amdsen ha afirmado que el “mundo está cambiando y el monopolio de Washington es un error”. En este sentido, Miguel Sebastián ha proclamado que “si los economistas no dirigen los deseos de cambio corremos el peligro de caer en manos del populismo. No sé si esto es el purgatorio o el infierno, pero nos queda poco tiempo”.