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06 / 08 / 2004
Julian Burger: «Los pueblos indígenas quieren socios, no colonizadores»

El responsable de los pueblos indígenas del Alto Comisionado de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos, Julian Burger, lleva años investigando la realidad indígena, un colectivo heterogéneo de 300 millones de personas, aproximadamente, repartidas en unos 70 países, que comparten una única característica: ser los primeros pobladores y sufrir los efectos de la colonización. En el marco del Fórum Barcelona 2004 Burger reunirá a unos 70 jóvenes líderes indígenas, entre los cuales habrá representantes de casi toda América Latina, para romper tópicos y crear sinergias con la juventud del mundo. El objetivo, conseguir un futuro mejor para los indígenas.

¿Cómo van a participar estos jóvenes indígenas en el Fórum?
Vamos a organizar diferentes actividades culturales el Día Internacional de los Pueblos Indígenas (9 de agosto), como bailes y conciertos. También se van a montar talleres durante el Festival Mundial de la Juventud (8-14 de agosto) sobre aspectos culturales como la situación de las mujeres indígenas, las tierras o el desarrollo sostenible.

¿Qué van a aportar al debate sobre el desarrollo sostenible, uno de los ejes del Fórum?
Desde su perspectiva el desarrollo tiene otros principios diferentes de los nuestros. No se habla mucho de ganancia, sino más bien de respeto por la tierra y los recursos naturales. Las tierras no son objeto de explotación, sino que deben ser protegidas para que se beneficien las futuras generaciones.

Entonces, ¿es cierto el tópico de que los pueblos indígenas son un obstáculo para el progreso?
Los pueblos indígenas quieren el desarrollo para mejorar sus condiciones de vida, por supuesto, pero quieren controlar el proceso, y no hacerlo a cualquier precio. No aceptan ser invadidos. Quieren ser consultados. El auténtico debate es decidir quién controlará el desarrollo. Y esta es una cuestión política. El desarrollo sostenible, por lo tanto, no es proteger unos cuantos árboles, sino que se trata de una cuestión política.

Pasemos a otro de los ejes del Fórum: la diversidad cultural.
Tuve una gran alegría cuando el Fórum Barcelona 2004 decidió tener un apartado indígena. Y me puse tan contento porque, si se quiere proteger las culturas del mundo, hay que comenzar por las culturas indígenas, que son una gran riqueza para el mundo. Ellos están preocupados, por ejemplo, por proteger sus lenguas y no ser asimilados por la dominante, como sucede con el castellano en América Latina.

¿No es una lucha demasiado desigual?
Va a venir al Fórum un aborigen maorí de Nueva Zelanda, que es un caso muy interesante. Hace 30 o 40 años había casi desaparecido su lengua. Unos años atrás iniciaron un programa que consistía en integrar a los jóvenes con los más ancianos para permitir la transmisión natural del idioma. Y hoy es una lengua hablada por la mayoría de la población maorí.

¿Alguna otra reclamación cultural?
Los indígenas se quejan de que las empresas llegan a sus comunidades en búsqueda del conocimiento ancestral de la comunidad. Por ejemplo, se interesan por lo que saben los chamanes sobre farmacopea, les roban su conocimiento y hacen negocio con él. Esas comunidades no tienen ningún problema por compartir el conocimiento, pero exigen, a cambio, un reconocimiento y la protección de su propiedad intelectual.

Estamos hablando de objetivos culturales. ¿Y los políticos?
En el marco del Fórum Barcelona 2004 queremos reunirnos para identificar qué queremos conseguir en los próximos diez años. Estamos a punto de concluir la Década de los Pueblos Indígenas (1995-2004), que nos deja algunos triunfos, como la creación del Foro Permanente de los Pueblos Indígenas. Triunfo porque los convierte en interlocutores autorizados en foros internacionales. Pero también hay una parte negativa, la lenta elaboración de la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas. Es un texto de 45 artículos en el que estamos trabajando desde hace años. Y por ahora sólo hemos acordado dos artículos.

En el caso de América Latina, ¿podemos hablar de un avance en el reconocimiento de los derechos políticos de los pueblos indígenas?
En materia de legislación ha habido cambios positivos. Se reconocen los territorios y la identidad de los pueblos indígenas. También ha ayudado la desaparición de dictaduras. El problema aparece al pasar de la teoría a la práctica. En muchos países no se implementan los derechos que se reconocen sobre el papel.

¿Y cómo afecta a los indígenas de América el proceso de globalización?
Le contestaré con un ejemplo. En julio del año pasado nos reunimos un grupo de trabajo de unas mil personas, la mayoría indígenas. El tema del encuentro era «Globalización y pueblos indígenas». Los indígenas de América Latina eran muy críticos con ciertos aspectos de la globalización, como el impacto medioambiental de las compañías petrolíferas o de minas que se instalan en su territorio. Y se quejaban también de la violación de derechos humanos, porque esas compañías contratan servicios de seguridad privados o paramilitares. No se oponen a su presencia, sólo quieren que les pidan su consentimiento. Tenemos que cambiar la actitud de colonizador por la de socio.

¿Cuáles son los efectos de la globalización unida a la crisis económica del continente americano?
Cuando viajo constato el problema grave de la inmigración. Hoy por hoy el 50% de la población indígena vive en zonas urbanas. En Chile, por ejemplo, la mitad de la población mapuche está instalada en Santiago. Emigran para mejorar la formación, pero también porque no pueden sobrevivir en sus territorios. Este fenómeno se ve también en Ecuador, Guatemala, México. Si no se invierte en las comunidades indígenas, van a seguir saliendo hombres y mujeres jóvenes para buscar trabajo, por lo que quedarán los niños y los viejos solos. Es la destrucción del tejido social.

Ha mencionado la educación como una de las causas de la emigración. ¿Los pueblos indígenas acceden fácilmente a ella?
No tenemos datos concretos. Precisamente, la ONU organizó un taller de expertos en enero sobre la falta de información respecto a los pueblos indígenas de cualquier país. Es un problema grave porque sin la información es difícil diseñar políticas sociales. En general, puedo decir que el acceso a la educación no está generalizado, pero también es verdad que muchos indígenas han pasado ya por la universidad. La educación es para ellos un tema prioritario, porque es la vía para participar en la vida de la nación, en la economía y la política.

¿Y cómo ve ese futuro de participación?
El futuro pasa por un acuerdo de los Estados, la sociedad y los pueblos indígenas en un marco jurídico que establezca una nueva relación entre ellos. Los pueblos indígenas compartirían su visión del mundo y los gobiernos; por otra parte, compartirían las responsabilidades. En Ecuador es ya una realidad, gracias a la fuerza creciente del movimiento indígena. Ha habido incluso un ministro indígena. Y en Canadá desde hace años existen negocios de gran volumen entre el gobierno y los indígenas. Ese futuro de participación ya es una realidad.