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Resum. sesión
La razón y el espíritu en el siglo XX, el diálogo indispensable. Debate.
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Diálogo de referencia: Diálogo Oriente-Occidente
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Todos los ponentes estuvieron de acuerdo en que el camino para superar esta dicotomía aparente entre razón y espíritu es la transformación de la religión.
Joseph Prabhu inició el debate poniendo de manifiesto la necesidad de poner en práctica las ideas expuestas. Es decir, encontrar la forma de aplicar estas teorías al presente político en vez de huir de ellas mediante la utopía. El ponente invitó a sus compañeros a aportar propuestas concretas.
Tu Weiming, en respuesta a la pregunta de cómo trasladar valores arraigados a la tradición espiritual de Oriente a Occidente de forma que los adopte como propios, indicó que más allá de esta dicotomía Oriente-Occidente, hablamos de personas enfrontándose a su condición humana. Para a Tu Weiming, la globalización no sólo implica homogeneización, sino también diversificación, y sostiene que este proceso nos obliga a plantearnos nuestra condición humana. Desde este punto de vista, todos los humanos sufrimos del mismo mal: el peligro de vernos atrapados en una globalización sin espiritualidad.
Mahmoods Boroojerdi, en una firme defensa de los valores del Islam, afirmó que es la religión de la igualdad, la fraternidad y el pacifismo, y criticó duramente la manipulación de la información relacionada con el Islam que, desde su punto de vista, hacen los medios de comunicación occidentales. Esta manipulación tiene como consecuencia una percepción errónea e injusta por parte de Occidente, lo que impide que surja una relación verdadera entre ambas culturas.
El papel de la Iglesia en nuestras sociedades fue otra cuestión del debate. Respecto a eso, Boroojerdi puso Irán como ejemplo de convivencia pacifica entre religiones que, a pesar de las diferencias, gozan de la misma protección legal y libertad de culto. Raimon Panikkar quiso hacer una distinción entre “organismo” e “organización”, según la cual la Iglesia no es una “organización”, sino un “organismo” y como tal, lejos de ser una estructura rígida, debe ir transformándose.
Se cuestionó la función de la solidaridad, la libertad y la igualdad como valores en qué se fundamenta la democracia en la era de la globalización. El hecho es que, a pesar de que el número de países que avanza hacia la democratización cada vez es mayor, la mayoría ha conseguido un cierto grado de libertad, que no de igualdad. Por lo tanto, esta es la asignatura pendiente de la globalización. En relación al valor de la solidaridad, Prabhu subrayó que la lucha por la solidaridad en el mundo se considera una cuestión secular más que religiosa, enfoque que considera peligroso. En relación a la igualdad, los ponentes estuvieron de acuerdo en que la solidaridad debe traducirse en prácticas concretas. La religión y la espiritualidad no pueden ser, por lo tanto, una vía de escape, sino que para que estos valores se materialicen es necesario actuar.
Ante el cuestionamiento de las virtudes del Islam, los ponentes coincidieron que, para favorecer el entendimiento entre religiones, es necesario dejar de juzgarlas basándose en algunas prácticas concretas, enseñar la pureza de contenidos y evitar caer en una comparación teórica. Tu Weiming indicó la importancia de reconocer la ignorancia y avanzar de la exclusión a la inclusión. Por otro lado, insistió en el hecho de que todas las religiones deben adaptarse a la condición humana, que va más allá de la condición religiosa. En relación al valor de la espiritualidad como vía d’escape, Heisig defendió la idea de que “la religión es el opio del pueblo”, citando a Carl Marx, y argumentó que este opio o vía de evasión de las miserias de la vida es una necesidad humana. Mientras que Prabhu, al defender el valor creador de la religión, se opuso a esta interpretación de Marx. Tu Weiming sintetizó esta dicotomía argumentando que la religión implica a menudo evasión, pero también apoderamiento, ya que nace del corazón de las personas. Así pues, para Weiming la religión es una fuerza muy poderosa que puede ser destructiva y constructiva a la vez. Raimon Panikkar finalizó el debate afirmando que el diálogo aporta preguntas y no respuestas.
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