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Tres grandes retos del siglo XXI
Diálogo de referencia: Contribuyendo a la Agenda Global

El diálogo "Contribuyendo a la Agenda Global", celebrado entre el 22 y el 26 de septiembre en el marco del Fórum Universal de las Culturas Barcelona 2004, ha abordado algunas de las cuestiones primordiales que la comunidad internacional se plantea actualmente con el fin de avanzar hacia un mundo más justo, solidario y sostenible.

El diálogo "Contribuyendo a la Agenda Global", celebrado durante los cinco últimos días del Fórum 2004, ha reunido a más de una veintena de asociaciones y entidades de ámbito internacional que han propuesto debates, mesas redondas y actividades muy variadas, que se integran prioritariamente en la agenda de la humanidad para el siglo XXI.

El diálogo ha tenido un marcado aire multitemático y una clara inspiración global. En él, se ha intentado dar respuesta a tres preguntas esenciales formuladas en los siguientes términos: cuáles son los retos actuales de la humanidad, cuál es la función de la sociedad civil y de los actores que deben gestionar estos retos y cuáles son los nuevos valores, actitudes y conductas que conducen a la consecución de dichos cambios.

Cada una de estas áreas ha contado con una serie de debates específicos llamados itinerarios. En total, el diálogo se ha compuesto de nueve itinerarios y de distintas actividades paralelas. Si bien todos los itinerarios han sido de gran interés y han recogido importantes intervenciones, merece la pena destacar, por su relevancia actual y futura, los dedicados a la relación entre democracia y pobreza, a la reforma de las instituciones internacionales de repercusión colectiva y a la lucha contra la corrupción.

Democracia y pobreza.

Suele tratarse con cierta frecuencia la relación existente entre desarrollo económico y sistema político, asegurando que, de alguna manera, el régimen democrático favorece e impulsa el crecimiento económico y, en especial, promueve las ventajas que el desarrollo conlleva para la población. La relación entre democracia y pobreza, por el contrario, es un tema que tan sólo se aborda muy de vez en cuando. Sin embargo, es una relación fundamental que debe estudiarse detenidamente para poder rebatir la opinión según la cual los regimenes totalitarios son la opción política más acertada para combatir la pobreza.

La lucha contra la pobreza y la democratización son procesos compatibles e interdependientes en el mundo en vías de desarrollo. Sobre el papel, cuando se trata de reducir la pobreza, la democracia siempre es bastante más efectiva que un régimen totalitario o autoritario. Para combatir la pobreza, una democracia debe optar ineludiblemente por el progreso y por la capacidad de creación de un espacio colectivo de justicia social y de desarrollo humano. Para ello, debe disponer de una política económica ordenada y de un sistema político claro y transparente, que dé cabida a todo el mundo y en el que todos se sientan representados. Aún así, parece insoslayable que la sociedad comprometida con la lucha contra la pobreza tenga una tradición democrática regular y dilatada. A lo largo de los tiempos, la asunción del régimen democrático constituye una garantía para la defensa y la promoción de los derechos de los ciudadanos, la diseminación de la información pública y la igualdad de oportunidades.

La reforma de las instituciones internacionales de representación colectiva.

La reforma de las instituciones internacionales generales, especialmente de las Naciones Unidas, pero también del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y, en cierta medida, la de otras organizaciones como la Organización Mundial del Comercio constituyen una demanda firme y decidida proclamada insistentemente por algunos representantes de la clase política y grandes colectivos de la sociedad civil. Pero esta reforma debe ser profunda y debe implicar a todas las instituciones. Sólo de esta forma podrá lograrse un nuevo orden mundial más democrático, justo y participativo.

La reforma de las instituciones contribuirá al multilateralismo, a la justicia internacional, a la democratización planetaria y a la participación activa y reconocida. Aun así, el camino para conseguirlo será largo y conllevará numerosas dificultades como la determinación de un nuevo sistema de representación (con la abolición o la regulación del número de miembros permanentes y del derecho a veto), la reestructuración de los organismos y de sus interrelaciones y la incorporación o ampliación de criterios en cuestiones económicas, sociales y culturales.

Esta "refundación" de las instituciones internacionales de representación colectiva requiere el acuerdo y la insistencia de una importante “masa crítica” para que las reformas anunciadas y anheladas puedan convertirse en realidad. Una vez más, la función de la sociedad civil organizada parece ser fundamental para conseguir un mundo más justo e inclusivo.

La lucha contra la corrupción.

La corrupción es una lacra de consecuencias dramáticas en todo el mundo que constituye un freno para el crecimiento económico, incrementa las diferencias sociales e imposibilita un desarrollo integral y sostenible. Debido a la interdependencia del mundo actual, la corrupción y los sobornos no sólo ejercen sus nefastas influencias en el ámbito local donde se producen, sino que estas prácticas delictivas repercuten en la economía y en la sociedad globales.

Se ha definido la corrupción como el abuso de poder (tanto público como privado) con el fin de obtener beneficios individuales. Puede presentarse de muchas maneras y adoptar distintas formas ya que el concepto de corrupción engloba desde la compra fraudulenta de recursos públicos o las donaciones a grupos políticos hasta todo tipo de sobornos o cualquier forma de apropiación indebida a cambio de dinero o de la obtención de influencia o poder.

La corrupción puede combatirse con distintas herramientas y desde diversos ámbitos. Una de las estrategias más eficaces es la transparencia mediante la cual la diseminación de la información permite la identificación de los diferentes agentes causantes y la interrelación, a menudo compleja, de las tramas de extorsión y de favores.

Los organismos de representación internacional también deben de actuar en este sentido y, actualmente, tanto las Naciones Unidas como el Banco Mundial, entre muchos otros, supervisan y promueven planes específicos para acabar con esta lacra económica y social. De cualquier manera, una vez más, la presión de la sociedad civil organizada es esencial para que se mantengan los acuerdos firmados y se depuren las responsabilidades.

Concretamente, los expertos vaticinan que para acabar con la corrupción hacen falta prácticas generales de buena gobernancia global, como el equilibrio entre los poderes institucionales, el fortalecimiento de la responsabilidad política, el fomento de la transparencia, la información social sin trabas y la promoción tanto de la competitividad del sector privado como de la eficiencia de la gestión pública.,

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