Forum Barcelona 2004 | Català | English | herramientas Inicio Mapa de contenidos Buscador Tamaño textoTamaño texto pequeña 14px mediana 14px grande 17px
Contenidos > Del consenso de Washington a una nueva gobernanza global > Del consenso de Washington a una nueva gobernanza mundial
Documentos Envía a un amigoEnvía a un amigo ImprimirImprimir
Síntesis diálogo Síntesis diálogo
Del consenso de Washington a una nueva gobernanza mundial
Diálogo de referencia: Del consenso de Washington a una nueva gobernanza global

La elaboración del llamado “Consenso de Washington” en 1989, por parte del economista John Williamson, supuso una revolución en la economía mundial. Por vez primera, las principales instituciones económicas internacionales establecieron una serie de medidas encaminadas a garantizar el crecimiento económico y el desarrollo a aquellos países de Latinoamérica que las aplicaran. 15 años después, insignes expertos en economía venidos de todo el mundo se reunieron en el Forum Universal de Culturas con el propósito de analizar las consecuencias de dichas medidas y plantearse su vigencia.

El Diálogo, celebrado del 24 al 26 de septiembre fue organizado por la Fundación CIDOB (Centro de investigación, docencia, documentación y divulgación de Relaciones Internacionales y Desarrollo), y contó con la presencia de insignes economistas de países en vías de desarrollo, así como de países desarrollados entre los que estaban Jeffrey D. Sachs, asesor especial del Secretario General de Naciones Unidas sobre los Objetivos del Milenio, así como el Premio Nobel de 2001, Joseph E, Stiglitz.

Las diferentes sesiones del Diálogo se organizaron en cinco bloques, cuyo objetivo era introducir los contenidos del Consenso de Washington, analizar aquellos asuntos de política interior e internacional que determinan el desarrollo, debatir nuevas propuestas de crecimiento y desarrollo y, por último, sacar conclusiones de los principios de una nueva gobernanza mundial.

Introducción

En lo relativo al decálogo de medidas económicas destinadas a generar riquezas en los países latinoamericanos, John Williamson reivindicó que “no se analizara el consenso en su significado original, sino que se entendiera como una política económica cuyo fin fuera determinar la agenda mundial, mientras que sólo se dirigía a Latinoamérica”. Williamson explicó que las medidas económicas “surgieron porque en 1989 había dos planteamientos sobre políticas económicas en función del tipo de país: los que formaban parte de la OCDE y los países en desarrollo” y se lamentó de que “se diera un significado más liberal del que tenía y que se adoptara como si fuese la ortodoxia del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el tesoro público de los Estados Unidos”. Williamson siguió destacando que la finalidad de su propuesta era “evitar un apartheid ideológico basado en diferentes visiones económicas”. Para Williamson, “la crítica al consenso de Washington peca más de omisión que de obra”, puesto que el principal objetivo del documento “era conseguir una transición de los países a una economía de mercado”.

En su turno de comentarios, Joseph E. Stiglitz hizo hincapié en que “no puede haber un modelo económico único para todos los países, no se puede establecer estadísticamente”. Para el Premio Nobel, el consenso radica en que “la igualdad es importante, ya que todos los expertos coinciden en destacar que la distribución de la riqueza es importante”. Stiglitz destacó asimismo que los dos aspectos más relevantes a la hora de mejorar el funcionamiento y resultados de la economía mundial son “el análisis de lo que cada país puede hacer para garantizar el desarrollo sostenible y del modo en que debe cambiar la arquitectura económica mundial para fomentar la estabilidad y equidad de todos los países”. Stiglitz propuso que, de llegar a un nuevo consenso similar al elaborado hace 15 años “dicho consenso no debe basarse únicamente en el criterio de Washington, sino que debe ser una combinación de mercado y gobierno.

Asuntos de política interior e internacional

Las ponencias de estos dos bloques sirvieron para analizar y detectar, desde el prisma de la política interior e internacional, las tendencias y procesos iniciados en la economía mundial desde la creación del Consenso de Washington. Asimismo, los diferentes ponentes se dedicaron a averiguar, a lo largo de las sesiones, qué consecuencias se derivaban de las medidas relativas al crecimiento económico y al desarrollo de los países pobres.

Partiendo del razonamiento económico básico y de la experiencia internacional, los expertos consideran que hay determinadas prácticas fundamentales para elaborar estrategias de buen desarrollo, que comprenden la calidad institucional, el respeto de los derechos de propiedad y la ley del derecho, una economía orientada hacia el mercado y un equilibrio adecuado entre mercado y estado, así como el énfasis de la distribución de las riquezas. Los especialistas opinan que las instituciones que elaboran los principios y los países en vías de desarrollo deberían trabajar denodadamente para mejorar el entorno institucional. No obstante, la eficacia de las innovaciones institucionales depende en gran medida de las especificidades de cada país, como la cultura y la historia. En este sentido, los economistas no creen que copiar sistemáticamente las instituciones de los países desarrollados garantice unos resultados positivos en los países en desarrollo. Un ámbito de divergencia en las posiciones de los expertos fue el de los efectos de una rápida liberalización de mercados: mientras algunos la consideran enimentemente positiva, otros ponen en duda sus efectos beneficiosos.

De las experiencias y casos presentados en las ponencias también se desprende que las grandes deudas, tanto públicas como privadas, los bancos mal gestionados y las políticas monetarias laxistas, no sólo impiden el desarrollo y el crecimiento a medio plazo, sino que también exponen a los países a unos endeudamientos y crisis financieras extremadamente costosas, especialmente para los países más pobres. Por consiguiente, los expertos afirman que los países en vías de desarrollo que trabajan para mejorar su situación deberían elaborar políticas financieras, monetarias, fiscales y de desendeudamiento prudentes.

Según los ponentes, las políticas macroeconómicas no cíclicas son más eficaces y sostenibles en términos políticos. En este sentido, los países en desarrollo deberían crear instituciones para conseguir que las políticas no cíclicas fuesen factibles. En tal caso, las instituciones prestatarias internacionales deberían dedicarse a impulsar este tipo de políticas. Asimismo, los especialistas coincidieron en recomendar que los marcos macroeconómicos contables utilizados en dichas instituciones tengan una flexibilidad que permita considerar las infraestructuras productivas y la inversión en I+D como activos de compra y no como gastos para un objetivo fiscal.

Los resultados desiguales en la aplicación del Consenso de Washington, los ponentes concluyeron que no había ningún paquete de medidas que pudiera garantizar un crecimiento sostenido. Así, los países deberían gozar de libertad para experimentar con políticas en materia de reglamentación, exportación, promoción industrial, innovación tecnológica y conocimiento en concordancia con las circunstacias específicas de cada país. En tales casos, el papel de las organizaciones prestatarias internacionales y de las agencias de ayuda debería consistir en fomentar dicha experimentación. No obstante, la libertad para experimentar no significa un “todo vale” para lograr el desarrollo. Además, los ponentes alertaron de que en ningún caso podía utilizarse la libertad para maquillar políticas proteccionistas, puesto que sólo generan riquezas a grupos políticamente poderosos. Para los expertos, la prioridad debería ser la identificación de las restricciones que más condicionan el crecimiento y su rectificación mediante políticas microeconómicas, encaminadas a subsanar errores específicos de mercado, y políticas macroeconómicas. En cuanto a la función de la Organización Mundial del Comercio (OMC), los expertos consideran que su criterio debería ser facilitar la liberalización de los mercados multilaterales con el fin de promover el desarrollo. Del mismo modo, opinan que el proteccionismo de la agricultura y del sector textil de los países desarrollados representa uno de los principales escollos para que los países en vías de desarrollo puedan participar en la economía mundial.

Pese a todo, suelen ser los propios países en vías de desarrollo los que limitan el crecimiento potencial con políticas de mercado no apropiadas.

Los expertos analizaron también la estrecha relación existente entre la movilidad de capitales y la de personas, destacando que ésta no es simétrica. A diferencia de la movilidad de capitales, fomentada por las instituciones financieras internacionales y por los gobiernos del G7, los expertos consideran que la movilidad de la mano de obra internacional se suele ver obstaculizada por reglamentaciones demasiado estrictas. Por consiguiente, los ponentes solicitaron la adopción de un paquete de medidas internacionales y la creación de instituciones que orienten la libre circulación de personas, tanto de trabajadores como de proveedores de servicios, y promover el uso de dinero procedente de las migraciones como fuente de financiación adicional. Promover los derechos de los migrantes facilitaría su incorporación en el mercado laboral y limitaría la explotación. Nuevos programas para el crecimiento y el desarrollo

Los ponentes de la sesión debatieron sobre un nuevo marco para el desarrollo y sobre el futuro del gobierno global a partir del diagnóstico del crecimiento. De ahí se desprende que el fenómeno de la globalización haya generado una mayor interdependencia entre todos los agentes, y sus decisiones, y requiera una acción colectiva. Del mismo modo, se observa que la globalización se ha desarrollado más rápido en unos ámbitos – economía- que en otros – política- y que, por este motivo, no puede haber una gobernanza mundial sin un gobierno mundial. En este sentido, se está experimentando un creciente déficit democrático, que se refleja en el debilitamiento de la legitimidad de las instituciones públicas internacionales. Del mismo modo, los expertos coinciden en afirmar que las disposiciones financieras internacionales no funcionan bien debido a que, por ejemplo, los países pobres carecen todavía de flujos financieros privados y los niveles de ayuda oficial son insuficientes. Dichos flujos de capitales privados son, para los países de renta media, sumamente volátiles, y dicha volatilidad poco tiene que ver con los principios económicos básicos de los países beneficiarios. Los economistas reunidos en la sesión consideran que el origen del problema radica en la ausencia de mercados e instrumentos que permitan compartir riesgos de manera más eficaz entre países, así como en la falta de voluntad política de las instituciones prestatarias multilaterales, que no hacen lo suficiente para superar estas carencias de los mercados financieros privados.

Pese a todo, se observa la necesidad de reformar la arquitectura financiera internacional, aunque el debate necesario para llevar a cabo esta reforma ha arrojado pocos resultados tangibles. Según los expertos, uno de los principales motivos es que los países en desarrollo carecen de mecanismos para expresar su opinión en los órganos de toma de decisiones de las instituciones prestatarias multilaterales. El reparto de votos en dichas instituciones refleja un orden internacional herencia del pasado, basado en el poder de los países desarrollados, que guarda escasa relación con el peso actual de los países en desarrollo actualmente en la economía mundial. Los ponentes concluyen destacando la necesidad de que se genere un consenso entre países desarrollados y en desarrollo para reformar los acuerdos financieros internacionales.

En la misma línea se manifestaron con respecto a los aspectos medioambientales del desarrollo. Así, el empeoramiento del medio ambiente y las consecuencias externas negativas deberían solucionarse haciendo compatibles las políticas de desarrollo a escala nacional y mundial.

Conclusiones

Después de dos días de Diálogo, los ponentes expusieron las principales tendencias, conclusiones y recomendaciones que impiden o fomentan el crecimiento y desarrollo en los países en desarrollo.

En lo relativo a las tendencias, se detectan tres tendencias claras positivas vinculadas con el desarrollo humano y económico de los países pobres.

En primer lugar, se observan las mejoras conseguidas en materia de derechos humanos, democracia y aplicación de la ley en los países en vías de desarrollo. La segunda tendencia destacable es el importante crecimiento logrado en diferentes países (incluidos India y China), hecho que puede significar que decenas de millones de personas salgan de la pobreza. Por último, los expertos destacaron la creciente importancia de la estabilidad macroeconómica que ha llevado a una reducción drástica de la inflación en los países latinoamericanos.

A pesar de estas tendencias positivas, los ponentes destacaron tres cuestiones recurrentes que quedan pendientes de resolver. 1. La periodicidad y severidad de crisis financieras que sistemáticamente afectan a los países en vías de desarrollo, incluidos algunos de los que han aplicado políticas de ajuste y estabilización, de conformidad con las orientaciones internacionales. 2. Los mediocres resultados de las reformas encaminadas a fomentar un crecimiento económico sostenido en la mayoría de regiones del mundo. 3. La persistencia y, en ocasiones, el empeoramiento de un muy desigual reparto de riquezas y rentas en la mayoría de países en vías de desarrollo.

En cuanto a las conclusiones y recomendaciones, el Diálogo ha servido para poner de manifiesto que los expertos no llegan a un consenso en todos los ámbitos. Un ejemplo es la hipótesis que afirma que una liberalización rápida de los mercados conlleva mejoras inmediatas a los países que la aplican, que cuenta con partidarios y detractores. Pese a todo, los expertos consideran unánimemente que es importante mantener un sistema de comercio internacional relativamente abierto, ya que cualquier vuelta a sistemas de control excesivos impediría grados de progreso significativos.

Siguiendo con los puntos de consenso, los expertos coinciden en señalar las deficiencias de las instituciones internacionales y las relaciones internacionales desiguales como principal escollo para el crecimiento en los países en desarrollo. En este sentido, los expertos se muestran relativamente optimistas, puesto que consideran que la transformación de esta situación es inevitable por diferentes motivos, entre los cuales se destacan cuatro: en un contexto de globalización, los países poderosos deben cooperar con los demás, la cooperación entre países no se puede forzar, el creciente reconocimiento del derecho internacional y, por último, la necesidad de hacer concesiones para lograr un equilibrio.

Los expertos también consideran que no existe un paquete de políticas que pueda garantizar el éxito, si bien admiten que el conocimiento de más aspectos permite ser moderadamente optimistas a la hora de encontrar las claves del éxito. En este sentido, se pueden encontrar caminos que faciliten un desarrollo progresivo y equitativo, que proporcionen mayor margen de obra a los países para seguir sus propias propuestas.

Por último, la propuesta de los ponentes dirigida a las instituciones internacionales consiste en aparcar el Consenso de Washington para centrarse en planteamientos de diagnóstico que permitan identificar las especificidades de cada país, así como el grado de desarrollo logrado.

El Diálogo concluyó con la redacción de un documento denominado «Agenda del Desarrollo de Barcelona», que incluye siete puntos o lecciones consensuadas entre los expertos que incorporan una serie de recomendaciones destinadas a mejorar los efectos de la globalización económica.

Subir
Por palabra clave
Doc. más relacionados
RS Hacia otro mundo posible: ¿cómo regular democráticamente los mercados financieros?
 
AS El papel de la empresa en el siglo XXI
 
IF Corrupción, mafiocracias y pobreza
 
AS Tres grandes retos del siglo XXI
 
RS ¿Cómo hacer justa la globalización?