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Uno de los debates simultáneos que se organizaron en el Foro Mundial de las Mujeres fue «Derechos civiles, derechos políticos». Todas las asistentes estuvieron de acuerdo en que es necesaria una política de género para poder alcanzar una paridad efectiva. Además, deben fomentarse los mecanismos necesarios para construir un liderazgo fuerte y duradero de la mujer.
Dentro de este debate se contó con mujeres de gran envergadura como Marcela Lagarde, diputada federal del Parlamento mexicano e investigadora sobre estudios de género. En el primer debate, celebrado el 29 de julio, Rosa M. Fernández, representante del Lobby de Dones de Catalunya (Lobby de Mujeres de Cataluña), planteó varias preguntas y encauzó así la discusión. Básicamente la cuestión giró alrededor de las mujeres políticas y su mayor problema para poder consolidar su cargo electivo, su liderazgo, así como qué se entendía por paridad, cuál era su estrategia, sus criterios, etc. Marcela Lagarde expuso la causa originaria de este problema: la existencia de un Estado patriarcal y excluyente. Por lo tanto, afirmó que se debía eliminar esa exclusión, como sustenta el paradigma del feminismo, que se basa en construir una igualdad entre diferentes y no entre homogéneos. La fórmula para ella es clara: paridad e igualdad entre mujeres y hombres con equidad. En este sentido habló del concepto de sororidad. Hace referencia a la creación de alianzas con mujeres, pactos entre mujeres para poder participar políticamente y eliminar la misoginia.
En consonancia con la segunda problemática, la paridad, Ana Mª Ruiz-Tagle, presidenta de CELEM, apostó por una democracia paritaria. Destacaba que se había conseguido el aspecto cuantitativo con la defensa de la cuota, pero que ahora se debía dar un salto cualitativo, ya que normalmente el reconocimiento de éste no viene seguido de un instrumento legal eficaz.
Como ella dijo: «La paridad no es un derecho de cuotas, sino un derecho fundamental» ya que «la democracia paritaria de resultados es lo que se pide, y no una democracia paritaria como medio».También apuntaba a la necesidad de un pacto de género de mínimos, junto con un movimiento feminista fuerte y unido. Otra persona de gran relevancia fue Laura Nuño, profesora de la Universidad Rey Don Juan Carlos, que concluyó que, sin duda, «la primera globalización fue el patriarcado». La falta de paridad produce en la mujer un sentimiento de extrañamiento en la política. Este sentimiento puede venir acompañado de una sumisión o bien de vindicación. En el primer caso, protagonizado por mujeres que naturalizan ese sometimiento, tienen menos recursos y las relaciones que establecen no las legitiman. En cambio, el sentimiento de extrañamiento con vindicación se concentra en las feministas, a las que denominó «francotiradorasla igualdad entre desiguales produce y garantiza la desigualdad» y que «necesitamos el impulso normativo, porque la evolución social es lenta».
Roser Romero, de COCEMFE, aportó un nuevo punto de vista: la discapacidad en la mujer como doble discriminación. Y así lo demuestran las estadísticas, ya que entre el 60% y el 80% de las personas discapacitadas en paro son mujeres. Incluso recordó que ellas «todavía están luchando por tener el derecho a ser madresno se tiene en cuenta establecer cuotas con discapacidad». Marcela Rodríguez, diputada en el parlamento en Argentina, pidió que se invalidara toda aquella lista que las incumpla en vez de imponer una mera sanción económica.
En la segunda sesión, del 30 de julio, hay que destacar a Pia Locatelli, presidenta
de la ISM, que apostó por una cualidad de la democracia, que pasa por la reforma y definición de los partidos políticos para que puedan participar las mujeres. Otro punto a destacar fue el convencimiento de que las mujeres debían votar a mujeres políticas, ya que éstas eran mucho más sensibles a la demanda de la mujer, así como a los grupos más desprotegidos de la sociedad. En ese sentido, Enriqueta Chicano, presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas, afirmó que «el poder democrático discrimina siempre que funde el pacto interclasista de género en un sistema de relevo donde ellos se perpetúan y ellos eligen a las mujeres». Además cree que no existe un reconocimiento general de la mujer, incluso «la propia mujer no valora el trabajo de otra mujer».
Mercè Piquera, de la asociación Ciberdones, recordó la importancia de Internet para conectar a las mujeres. Anna Bernet, del Consell de Dones de Sant Martí, defendió la creación de un espacio de mujeres para hablar de mujeres, como es el caso de la revista que se publica en Sant Martí, Dones.
Por su parte, Carme Mayugo, periodista, hizo hincapié en que al feminizarse según qué trabajos, éstos se han precarizado directamente. Además, denunció que los grandes medios de comunicación tienden a manipular y cuestionar la actividad profesional periodística en general, ya que, según ella, «hay que mediar y no sólo transmitir
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