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El desafío de la integración como fuente de cambio y desarrollo.
Diálogo de referencia: Movimientos humanos e inmigración

Las migraciones son la clave para introducir cambios, tanto en las sociedades receptoras como en las emisoras. Y estos cambios no deben verse como un mecanismo que ponga en peligro la identidad de las sociedades de acogida, sino como un enriquecimiento que fomentará el desarrollo de las sociedades, tanto las de recepción como las de origen.

El planteamiento de las migraciones como choque de civilizaciones es un concepto caduco y falaz. Los flujos humanos han contribuido a lo largo de la historia a diversificar las culturas y enriquecer los pueblos. Las sociedades, tanto receptoras como emisoras, se ven favorecidas por esta convivencia cultural y social. Son estos flujos los que traen nuevos gustos y estilos de vida, filosofías e ideas que contribuyen al desarrollo, pero estos flujos deberán también saber respetar los valores de la sociedad que los acoge. Esta interconexión de culturas ha permitido que los emigrantes que han vivido en sociedades libres se hayan convertido en los principales generadores de principios democráticos en sus países de origen, pero a su vez esta diversidad también es beneficiosa para la sociedad receptora.

Para esto, es necesario que la tolerancia sea el marco donde se inscriban las relaciones, así cada cultura podrá preservar su identidad e incorporar valores que favorezcan el crecimiento. Las políticas que promueven el nacionalismo exacerbado, anulando la diversidad y los derechos de los demás, sólo lograrán divisiones sociales profundas cuya lógica consecuencia será el conflicto y el fracaso de esas identidades.

De esta manera, y ante esta diversidad de flujos, las sociedades receptoras se enfrentan al desafío de promover la cohesión social.

Problemática:
La integración de las migraciones es uno de los grandes temas de debate de las sociedades receptoras, ya que generalmente se tiende a la discriminación. En muchos casos esta discriminación se da por el miedo a la pérdida de la identidad local, las situaciones económicas y el mal uso de las informaciones en lo que respecta a la situación de los inmigrantes.

Propuesta:
Promover la cohesión social a través del respeto de los valores de la sociedad receptora y mediante el reconocimiento y la valorización de un pluralismo cultural y religioso. El diálogo y el compromiso de todos los actores sociales son la base para lograr esta cohesión. Se debe lograr mayor equidad social asistiendo mejor a aquellos que se enfrentan con dificultades mayores. Se debe promover la no discriminación a través de infraestructuras políticas y sociales y corregir la imagen negativa que se suele asociar a los flujos migratorios. Esto se logrará a través de la educación y la incorporación de los inmigrantes a los debates políticos de los países de acogida. También es necesaria una política adecuada en los países de origen.

Posturas:
El ex presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol, explicó que «es muy, muy difícil canalizar las migraciones y la sociedad receptora tiene el derecho a que su cultura, lengua e identidad sean respetadas». Y agregó: «Es necesaria una política de integración, porque Cataluña es una sociedad de acogida, pero también una política de respeto hacia la identidad como país».

Pujol cree en el equilibrio entre los derechos y deberes de todos los actores como eje de convivencia. Gabriela Rodríguez, relatora especial de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU sobre los derechos humanos de los inmigrantes ha denunciado que «los abusos más frecuentes contra los inmigrantes son la práctica xenófoba, racista, las expulsiones por falta de documentación y la explotación laboral». Pasqual Maragall, presidente de la Generalitat de Cataluña, afirmó que «la patria de cada uno se escoge» y que «las migraciones suponen un movimiento permanente en la construcción de la libertad. La migración tendría que ser un derecho, una posibilidad y no una solución a la desesperada». El defensor del pueblo catalán, Rafael Ribó, sostuvo que «siempre ha habido migraciones y me sorprende que ahora la gente se alarme». Ribó criticó que el tema de la inmigración «se haya reducido a un tema de papeles». El defensor del pueblo dijo que desde su entidad «continuaremos batallando por una inmigración legal». Maruxa de la Rocha, representante de la Cruz Roja, afirmó que «se debe sensibilizar a la opinión pública para que no caiga en la discriminación. Que entienda por qué una multitud de personas necesitan cambiar de territorio. No se puede quedar sólo con el hecho de que hay nuevos ciudadanos a los que no conoce. La discriminación tiene un alto valor funcional, permite la explotación, injusticia, etc, por ello la inmensa mayoría de la población debe saber que los nuevos llegados ayudan al sostenimiento de la actividad económica». La escritora filipina radicada en Australia, Merlinda Bobis, se preguntó: «¿Es posible hablar de buenos o malos emigrantes? Evidentemente que no. Sólo estamos frente a personas, que siempre necesitan contar su historia». Núria Carrera, regidora delegada del Ayuntamiento de Barcelona y presidenta del Consejo Municipal de Inmigración, afirmó que hay dos temas claves para el gobierno local en lo que hace referencia al tratamiento del fenómeno migratorio: a) La acogida y recepción, cómo ubicar a los inmigrantes en el nuevo espacio y a su vez cómo cohesionarlo. b) El fomento de la participación, es decir la inserción social y laboral de los mismos. En estos procesos es tan importante la actuación del gobierno local como el de las asociaciones y entidades que representan un punto de enlace entre las culturas. Xavier Rubio, del Ayuntamiento de Manresa, subrayó que «faltan políticas de inserción y acompañamiento social para todos porque estamos en una sociedad con un elevado riesgo de exclusión social». Marta Casas, del Ayuntamiento de Manlleu, afirmó que el elevado número de extranjeros provoca conflictos y en su ciudad la inmigración se percibe como una problemática. Existe un elevado rechazo a este colectivo por parte de ciertos sectores de la población. El ayuntamiento ha respondido a la problemática elaborando un plan de gestión de la diversidad. Joan Clos, alcalde de Barcelona, afirmó que «tenemos que estar preparados para los retos políticos, sociales y morales del hecho migratorio. La diversidad y la identidad no están reñidas pero nos es más fácil compenetrarnos con nuestra propia identidad y cultura que con la diversidad. La diversidad es prácticamente un valor contra natura, este reconocimiento no es innato, tenemos que hacer el esfuerzo de creer en la diversidad». Jan Karlsson, copresidente de la Comisión Global sobre Migraciones Internacionales, puso de manifiesto la paradoja de que los científicos de todas las procedencias que viajan por el mundo para continuar su formación y compartir sus conocimientos no sean considerados inmigrantes, mientras que los trabajadores no cualificados sí lo son. «La diversidad no sólo se ha de aceptar, nos la tenemos que creer, hemos de ser conscientes de que es un valor en sí y uno de los elementos más dinámicos de nuestra sociedad», afirmó.

Conclusiones:
El mestizaje no será un atentado contra las identidades siempre que se respeten los valores y las culturas de las sociedades de origen y recepción. Por este motivo, resulta indispensable un plan transversal sobre los valores positivos de las migraciones que rompan con la teoría del choque de civilizaciones.

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