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Puentes de Mediación, asociación internacional que reúne a más de cincuenta instituciones públicas y privadas, organizó del 13 al 15 de junio el diálogo sobre los conflictos en la vida cotidiana. En las numerosas sesiones se trató en profundidad la función de la mediación y de los mediadores profesionales como una necesidad que hay que incorporar en todas las vertientes de la vida cotidiana, en tanto que forma eficaz de superar la confrontación inevitable de intereses en una sociedad plural y diversa.
El pasado 15 de junio se clausuró en Barcelona con el espectáculo “Vivir y estar juntos” el diálogo “Los conflictos en la vida cotidiana”, organizado por el Fórum Universal de las Culturas – Barcelona 2004 – y celebrado del 13 al 15 de junio de 2004.
El Diálogo contó con la presencia de destacados especialistas de la mediación y la negociación quienes, a lo largo de los casi setenta diálogos y talleres paralelos, debatieron acerca de modelos, prácticas y experiencias relacionados con la resolución de conflictos en el ámbito cotidiano.
La asociación internacional Puentes de Mediación, creada con el apoyo del Fórum 2004 y con sede en Barcelona, para facilitar así la participación directa de más de cincuenta entidades en la organización de este diálogo, fue la responsable, junto al Fórum, de dirigir estos tres días de intercambio. Días que se concibieron como un espacio de reivindicación de la cultura de la paz con el objetivo de cultivar y difundir una cultura en la que las disputas más graves se gestionen, no con la fuerza o la coacción, sino sobre la base de la convivencia en armonía de las personas.
Las numerosas sesiones del Diálogo se diseñaron en torno a nueve grandes ejes temáticos –Caminos hacia a la convivencia: hacia la creación de futuros posibles, Ámbito Comunitario, Ámbito Institucional, ¿Hacia dónde nos llevan los modelos?, Ámbito Educativo, Ámbito Familiar, Construcción de la paz, Traspasando fronteras y Ámbito Organizacional– y estuvieron acompañadas por talleres paralelos.
Firmado por la asociación internacional Puentes de Mediación y el Fórum 2004, en la última sesión del Diálogo se aprobó el documento: “Compromiso de Barcelona por la convivencia”, fruto de un largo proceso de elaboración, que recoge diez principios de la gestión pacífica de los conflictos en los distintos contextos de la vida cotidiana.
La sesión inaugural contó con la presencia de tres ilustres personalidades de la mediación: Sara Cobb, Kenneth Gergen y Humberto Maturana, quienes charlaron con el director del Diálogo, Jordi Grané, y con el presidente de Puentes de Mediación y miembro del comité de programa del Diálogo, Iago de Balanzó. Humberto Maturana, autor de diversos libros que exponen una visión dinámica de lo humano y el amor como elemento fundamental de la vida humana, afirma, en relación a la función de los intelectuales en el siglo XXI, que la cuestión no radica en generar teorías seguras que resuelvan los problemas de la gente, sino en generar “espacios de apertura a la reflexión en los que podamos reunirnos con nuestras emociones”. No obstante, Maturana considera que, previamente, es preciso renunciar a las teorías y que “la única forma de vivir juntos es deseándolo y preguntándonos qué relación tenemos con el entorno”.
En cuanto al poder del diálogo, Cobb y Gergen coinciden en la necesidad de convivir con los conflictos. Cobb piensa que es preciso buscar espacios de encuentro que permitan la reflexión y la comunicación entre la gente. Maturana, por su parte, cree que la acción de dialogar implica escuchar, aunque subraya que no siempre dialogamos escuchando a la otra parte.
Los tres están de acuerdo en que la democracia es más una cultura que un método, una forma de hacer cotidiana que desaparece cuando se deja de potenciar.
Ya en los diálogos temáticos, Sara Cobb, Kenneth Gergen, Humberto Maturana y Ximena Dávila reflexionaron sobre los caminos hacia la convivencia y la creación de futuros posibles. En este sentido, Cobb afirma que “todos los cambios requieren conductas personales y relacionales y que, por consiguiente, son siempre difíciles”. Cobb también cree conveniente contar con instrumentos que ayuden a disipar los inconvenientes metodológicos en los procesos de mediación Por eso, plantea una serie de puntos de inflexión que permiten la transformación: desde la asunción de las partes positivas y negativas de uno mismo hasta la elaboración de valores que vinculen el pasado y el futuro, pasando por el reconocimiento de la parte contraria con legitimidad, la planificación de los futuros posibles y las dinámicas de interdependencia presentes. Cobb mantiene la hipótesis de que la reconciliación tiene la capacidad de transformar el sufrimiento en aprendizaje.
Desde la perspectiva del construccionismo social, Gergen considera que “Todo lo que consideramos real nace en el proceso de comunicación, la construcción social valora el proceso de relaciones que provocan la aparición de significado” y, en la misma línea, afirma que “dentro de un grupo determinado, en un espacio definido, podemos construir todas las verdades que deseemos”. Por lo tanto, las relaciones y verdades que se establecen dentro de este tipo de relación tendrán sentido mientras no superen los límites de la misma. Por todo esto, Gergen subraya que los conflictos no se pueden resolver mediante discusiones abstractas, ya que los argumentos serían infinitos, sino que son las pequeñas reflexiones las que permiten la construcción constante de espacios de vinculación a partir de la experiencia personal de las partes.
Maturana y Dávila, cofundadores del Instituto de Formación Matríztica, creen que la solución de los conflictos pasa por lo que denominamos “biología de amar”, que surge de la teoría de la matriz biológica de la existencia. Esta teoría plantea las potencialidades del reconocimiento de otras personas y el establecimiento de relaciones desde el respeto y la aceptación. Ambos sostienen que las cualidades de los recién nacidos serán potenciadas o anuladas en función del entorno en el que crezcan, el cual condicionará también las pautas de relación que establezcan con otros niños. Por consiguiente, subrayan la importancia de la función de los adultos que crían a los niños, en tanto que conviven con ellos y los relacionan con el entorno. Tanto Maturana como Dávila creen conveniente dejar las teorías a un lado para hacer frente a la incertidumbre y de esta forma originar la espontaneidad, dado que “somos un presente que cambia continuamente, siempre es posible hacer algo nuevo, distinto a lo que hemos hecho hasta ahora”. Maturana insiste en que sin la rigidez que imponen las teorías, la reflexión se establecería como fundamento de la emoción.
Ana Uzqueda y Alejandro Nató fueron los especialistas que dialogaron sobre la resolución de conflictos en el ámbito comunitario.
Uzqueda opina que es preciso fomentar los centros sociales de mediación para cubrir las carencias de la administración ya que estos lugares constituyen un punto de acogida para los conflictos antes de la denuncia. La mediación comunitaria debería ser una sólida política pública que permitiera fomentar, por una parte, la creación de lazos de convivencia y, por otra, el aumento del número de espacios sociales. Además, debería permitir desarrollar políticas de formación que facilitaran la intervención. "Ser proactivos y no reactivos", es decir, incidir en la mediación preventiva –en cuanto a la creación de una cultura de la mediación para hacer frente a los problemas de diferentes maneras– en vez de en la mediación curativa, una vez ha estallado el conflicto. Para Uzqueda, la mediación es un espacio de encuentro que aumenta la democracia y que promueve el desarrollo social ya que requiere la participación y, al mismo tiempo, otorga protagonismo a los distintos actores.
Alejandro Nató sostiene que existen claves para que la mediación se convierta en una herramienta. En primer lugar, destaca que es preciso responder a los conflictos con técnicas no convencionales y con una lógica no institucionalizada o represiva. En segundo lugar, aboga por los “procesos poliformes” porque cuando la problemática es cruzada, hay que tener en cuenta los distintos elementos de transformación. En tercer lugar, reclama el espacio público como lugar de trabajo. En cuarto lugar, pide que se les asigne una función, la que les corresponda, a los participantes del conflicto y que, sobre todo, los medios de comunicación también sean parte activa. Señala además que el mediador debe regirse por el principio de neutralidad: tiene que buscar espacios para todas las personas que no se sienten reconocidas y debe dar la posibilidad de nivelar el poder entre los actores porque “nadie quiere negociar con alguien que no tiene nada”. Nató también solicita un cambio cultural del trato del conflicto a todo aquel que puede contribuir en la resolución del mismo y a quienes tienen poder de decisión. Los estados tienden a “juzgalizar” los conflictos, lo cual encarece el proceso y nos muestra la cara más absurda de "la esquizofrenia estatal”.
La mediación en el ámbito institucional o justicia restauradora como nueva vía para compensar moralmente a las víctimas de delitos y preparar el camino para una mejor reinserción social de los delincuentes centró las cuatro sesiones de este bloque protagonizadas por los expertos Mark Umbreit y Tony Peters.
Ambos coinciden en destacar los excelentes resultados que se obtienen mediante la técnica del “diálogo restaurador”, que permite el reencuentro entre el delincuente y su victima con el objetivo de que cada una de las partes “pueda encontrar un lugar en la postura del corazón del otro”. De esta forma, en el caso de los delincuentes juveniles, se ha logrado reducir la reincidencia a la mitad y un 32% de los que reinciden lo hacen con menos frecuencia y con delitos menos graves.
Umbreit, director del Center for Restorative Justice & Peacemaking (Centro de Paz y Justicia Restaurativa) de la universidad de Minnesota cree que los mediadores tienen que presentar “un espíritu de humildad y conmiseración” y coincide con Peters en que “el mediador no tiene que hablar sino que debe enseñar a escuchar”.
Jean François Six, Joseph P. Folger, Susan Hackley y Marinés Suares, representantes de diferentes corrientes de modelos de mediación, hablaron de hacia dónde nos llevan éstos.
Para Six, la mediación implica la existencia de dos situaciones y comporta que hay algo entre ambas: “la tercera parte”. No considera que esta tercera parte, generada siempre por la relación entre dos personas, tenga que ser obligatoriamente un intermediario: puede ser una cosa, una relación, una actitud, etcétera. Construida a partir de esta tercera parte, la mediación debe ser un proceso abierto que se lleve a cabo para conseguir un resultado, en ningún caso conclusiones definitivas y delimitadas. Six subraya que “la base de estos principios es la responsabilidad y prueba de ello es la aceptación de un diálogo”. Para él, el sentido de la mediación es el “reconocimiento recíproco”, es decir, que el otro me reconozca. Six también valora la vertiente dinamizadora de los conflictos: “Vivir en un espacio de desacuerdo es exigente para los pueblos”.
El modelo transformativo desarrollado por Joseph P. Folger establece que en toda mediación hay un momento en el que las partes experimentan cambios físicos y mentales y que, en ese preciso instante, la persona es capaz de entender que existe la posibilidad de escoger entre diversas opciones porque empieza a ver la perspectiva de la otra parte. Folger denomina este momento de capacitación y reconocimiento. El modelo de Folger incide en la naturaleza del conflicto y fomenta la interacción de las partes, teniendo en cuenta sus aspectos emocionales que, según subraya, “siempre aparecen, de forma consciente o inconsciente, en el proceso de mediación”. Folger señala que un proceso de mediación debe comenzar por una interacción a pequeña escala entre las partes puesto que de esta forma interiorizan el hábito de interactuar y de encontrar espacios comunes de reconocimiento.
Susan Hackley, directora ejecutiva del Programa de Negociación de la Harvard Law School, hace hincapié en lo importante que es que el mediador tenga en cuenta y gestione el aspecto emocional de todas las partes implicadas, especialmente su propia subjetividad. Hackley subraya que la mediación, a diferencia del arbitraje, es neutra, aunque admite que "el mito de la neutralidad absoluta no existe". Según Hackley, lo más importante es que el mediador facilite el inicio de las conversaciones. Hackley y los profesionales de la Harvard Law School utilizan el concepto de Consensus Building (construcción del consenso) pera designar el objetivo de lograr un entendimiento, no una solución, entre las partes.
Por su parte, Marinés Suares utiliza un enfoque sistémico de los conflictos al tener en cuenta todos los elementos y variables que intervienen, consciente o inconscientemente, en una mediación: interacciones entre las partes y el mediador, contexto y objetivos de la negociación, etc. Suares cree que antes de la negociación, el mediador debe descubrir la narrativa de ambas partes mediante preguntas circulares a fin de construir una narrativa de partida común. Asimismo, opina que es posible enriquecer la mediación a través de la colaboración con profesionales con un perfil distinto al suyo. Este método de trabajo se conoce como "comediación" y permite reflexionar de forma continuada a lo largo de la mediación. Por lo que se refiere a las emociones de las partes involucradas en la negociación, Suares las divide en dos grupos –positivas y negativas– en función de si ayudan al proceso o bien lo bloquean. Suares relativiza el protagonismo de la mediación, no cree que “la mediación sea, por sí misma, la panacea” y confía en la capacidad de las personas para lograr el éxito en una negociación. Afirma que, a pesar de estar presentes en la vida cotidiana, "los conflictos no son indispensables". Lo realmente importante es armonizar las diferencias antes de que surja el conflicto. Esta afirmación implica una nueva visión que, lejos de considerar “la paz como la ausencia de conflictos” o “la salud como la ausencia de enfermedades”, considera que hay que trabajar activamente para la salud social, potenciar lo que funciona para desarrollarlo.
Cecilia Ramos Mejía y Priscilla Prutzman fueron las encargadas de dialogar sobre la mediación en el ámbito educativo.
Cecilia Ramos recalca que trabajar la mediación escolar con niños permite que los valores que conlleva el diálogo, la empatía y la alteridad se transmitan a los padres, a la familia y a la comunidad, “es como cuando empieza a llover en tierra árida”. Ramos cree que es imprescindible enseñar factores como la legitimación, la comunicación, la formulación de normas claras y consensuadas y la aceptación de la diferencia. Trabajar la emotividad para aceptar cualquier tipo de emoción. El niño siente y necesita describir sus emociones, pero no a cualquier precio, es necesario centrar la atención en el lenguaje y trabajar para evitar el lenguaje proyectivo; “tenemos que cambiar el esquema del tú por el del yo”, asumir la responsabilidad de los propios sentimientos, pasar del “esto me irrita” al “yo me irrito”.
Para Priscilla Prutzman, en el aprendizaje social y emocional es clave crear un buen entorno escolar a través de la prevención de la intimidación, por una parte, y de la participación de todos los actores implicados: hijos, padres, profesores, contexto, por otra. Además, piensa que “es importante tener un programa escolar que incluya la mediación”, que se den a conocer técnicas de unificación y consenso.
El bloque de mediación en el ámbito familiar, como alternativa a la resolución de conflictos por vía judicial, fue protagonizado por Thelma Butts y Aldo Morrone.
Ambos coinciden en que la función del mediador debe ser la de propiciar una negociación asistida entre las dos partes con “empatía y serenidad”. Asimismo, el mediador tiene que mostrarse “humilde para ser eficaz” ya que “no tiene las respuestas para la vida de las personas” sino que debe “ayudar a encontrarlas”. El futuro de la mediación pasa por una mejor formación de los mediadores, la educación desde la escuela en la cultura de la mediación para la resolución de conflictos y el apoyo de las instituciones para proporcionarla gratuitamente y de los estamentos judiciales para llevar a las partes enfrentadas hacia esta metodología.
Johan Galtung y John Paul Lederach, quienes tienen una larga trayectoria a sus espaldas en la resolución de conflictos armados, presentaron sus experiencias en el bloque del Diálogo dedicado a la construcción de la paz.
Galtung considera imprescindible detectar en todo proceso de negociación las partes que intervienen en el mismo, qué objetivos persiguen y qué contradicciones presentan. Posteriormente, es preciso clasificar en legítimos e ilegítimos los objetivos o metas de las partes. Por último, el mediador debe intentar crear un puente entre los objetivos legítimos de ambas partes. A pesar de la aparente sencillez de estos conceptos, Galtung lamenta “el analfabetismo de conocer” que presentan muchos dirigentes internacionales. Para resolver este déficit de conocimiento de los objetivos de las partes, destaca que la principal cualidad del mediador debe ser la curiosidad, “listen to the other side” (escuchar a la otra parte). Un mediador debe tener ganas de saber, debe hacer preguntas constantemente para no obviar ningún aspecto. Galtung apuesta también por la creatividad como elemento clave para resolver un conflicto y subraya que son las partes las que deben llegar a la solución. En el caso concreto de un "conflicto duro”, es decir, que implique violencia, no hay que buscar la solución en el pasado sino que se debe buscar mediante nuevas formas de ver la situación y con altas dosis de creatividad.
Jean Paul Lederach explica que la mediación tiene una parte esencial de lenguaje informal y que es preciso generar un espacio transformador a través de la circundación del conflicto. Asimismo, subraya que la mediación se parece mucho a un proceso artístico: “en la mediación no dejamos de mejorar la técnica pero la esencia son momentos que superan a la técnica”.
Desde una perspectiva práctica y otra teórica, Marguerite Barankitse y Naresh Dadhich, expertos en mediación, protagonizaron los diálogos del bloque Traspasando fronteras.
“He visto la masacre y, ante tal horror, tengo un poder: amar”, ésta es la idea que se le ocurrió a Barankitse tras acoger a veinticinco niños huérfanos, hijos de sus vecinos hutus asesinados por tutsis. Barankitse considera que todas las personas pueden hacer, a pequeña escala, un mundo mejor: “siempre se puede hacer algo, con o sin formación académica”.
“Ghandi no era mejor que nadie, era tan sólo un hombre normal y corriente” afirma Dadhich, “lo que le hacia excepcional era el alto concepto que tenía de la libertad personal y de su moralidad”. Naresh Dadhich considera que viviríamos en un mundo mejor si todas las personas se adhirieran a estos dos principios relacionados entre sí. “No soy violento porque soy libre y soy libre porque no soy violento”. Dadhich cree en la no-violencia como principal fuerza social y política y señala que “es relativamente sencillo definir la paz, lo difícil es aplicarla”.
En las dos sesiones del último gran bloque, el debate se centró en la mediación en el ámbito organizativo como una nueva metodología para canalizar en forma de “energía creativa” la naturaleza intrínsecamente conflictiva de cualquier organización humana.
Los ponentes coincidieron en destacar que el futuro de la mediación organizativa pasa por que todas las empresas y organizaciones, públicas o privadas, entiendan la figura del mediador y la adopten como un elemento más que contribuye al buen funcionamiento de su estructura, al margen de la contratación paralela o puntual de un mediador externo.
Margarita Martí, profesora de ESADE, considera que “todo conflicto es beneficioso si toda la energía, en un principio negativa, es debidamente reconducida por el mediador”. De esta manera, se puede crear un contexto en el que las diferencias entre las partes no constituyan una confrontación sino un enriquecimiento mutuo.
Para el director del GREC (del catalán, Grupo para la Investigación en el Conflicto), Ferran Camps, la aparición del conflicto revela una mala gestión y, a menudo, los gerentes no quieren sentirse responsables; así, se opta por ocultar el conflicto o incluso se niega la existencia del mismo.
El trabajo de Sergio Abrevaya en organizaciones tiene como objetivo la configuración de un futuro común por parte de sus miembros y se basa en facilitar espacios de encuentro que permitan “reconstruir la realidad” y que “se cuestionen verdades que todos creen objetivas para que se tome conciencia de las grandes diferencias que existen en realidad para cada uno de sus miembros sobre sus anhelos y objetivos en la organización”.
Como conclusión, además del documento presentado en la sesión de clausura del Diálogo: "Compromiso de Barcelona por la convivencia”, que recoge diez principios de la gestión pacífica de los conflictos en los distintos contextos de la vida cotidiana, los ponentes y el público expresaron la necesidad de crear una cultura de la mediación. Se trata de un concepto que va más allá de la cultura del diálogo y que introduce la figura del mediador profesional y de la mediación como una nueva función social clave para la resolución de conflictos principalmente en la vida cotidiana, sin olvidar los que se pueden producir entre pueblos y estados. En este Diálogo quedó patente la necesidad de legislar esta función y su ejercicio profesional en los distintos ámbitos de la vida. La cultura de la mediación propone técnicas y modelos diferentes según el ámbito del conflicto y la visión y experiencia de los distintos autores para "encontrar, más allá de la razón, un espacio en el corazón del otro", tal como explicó el experto Mark Umbreit, director del Centro de Paz y Justicia Restaurativa de la universidad de Minnesota.
Todos los ponentes del Diálogo coincidieron en que desde las instituciones se debe impulsar esta práctica para que sea un servicio público y gratuito previo al contencioso judicial para "el ahorro de las costas judiciales y los enormes beneficios sociales", tal como apuntó el experto en justicia reparadora Tony Peters. En resumen, es preciso reconocer y legislar el espacio de la mediación y la figura del mediador para crear una nueva cultura de la mediación.
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