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«Igual que un bosque no es sólo madera, un río no es sólo agua y sólo cuando todos los sectores implicados empiecen a entenderlo, tendremos garantizada el agua en el futuro». Así resumía la necesidad de una nueva mentalidad en la gestión de los recursos hídricos el director de este simposio, Pedro Arrojo, presidente de la Fundación Nueva Cultura del Agua. El fracaso de las políticas de gestión del agua tiene su base en la visión monetarista de ésta, que la asimila a un producto, en vez de comprenderla como el elemento vital de todo un ecosistema. Por otra parte, la falta de solidaridad en su distribución entre ciudadanos y países es otro de los elementos clave del debate actual sobre el agua. Estas dos ideas fueron los ejes principales sobre los que giró esta sesión.
«Hemos fracasado en la gestión sostenible de este recurso único debido a una visión utilitarista a corto plazo que ni siquiera es económica», afirmó Pedro Arrojo, porque, siguiendo con la analogía: «estamos matando el bosque y corremos el riesgo de quedarnos sin madera», dijo.
Para el presidente de la Fundación Nueva Cultura del Agua, una de las plataformas ciudadanas que luchó más activamente contra el Plan Hidrológico Nacional que preveía el trasvase del Ebro, hasta ahora ha habido una mitificación de los grupos de presión que contaminaban a la opinión pública con la idea de que «es un desastre que las aguas del río se pierdan en el mar» cuando hoy por hoy está demostrado que son imprescindibles para garantizar las pesquerías y el ciclo de evaporación que alimenta las lluvias que, a su vez, nutren los acuíferos.
«El agua-vida (la cantidad necesaria de agua al día mínima, en concepto de agua potable y saneamiento) se estima en unos 40-50 litros. Garantizar esta agua-vida a todos los habitantes del planeta no supone ni el 1% de lo que sacamos actualmente de los ríos», apuntó Pedro Arrojo.
Este nuevo enfoque necesario para la sostenibilidad del recurso del agua, ha de pasar por «una gestión ecosistémica del agua como parte de un río o un acuífero» frente a la «gestión utilitarista a corto plazo del agua como producto».
Los nuevos modelos de gestión han de dar máxima prioridad al derecho humano del agua-vida frente al «agua-negocio legal, pero ilegítimo».
Pedro Arrojo abogó por nuevas políticas de participación ciudadana en las que se promueva la gestión local con la colaboración de todos los agentes afectos «de abajo a arriba», junto con la formación medioambiental y la recuperación de la biodiversidad de los ecosistemas acuáticos. «No es justo que algunos se crean como un derecho eso de que quien contamina paga», añadió. «Ni pagando, y además que pague lo que ha contaminado ya».
Este cambio de mentalidad fue reclamado también por el representante de la asociación nigeriana Eau Vive, Jean Bosco, quien recordó cómo la colonización, que acabó con el carácter sagrado de los ríos, había causado muchos de los problemas de desabastecimiento que sufre el continente africano y acusó a los países occidentales de olvidar la solidaridad que adeudan a los países más pobres colonizados, en aras de la competitividad neoliberal. El experto nigeriano abogó por la inversión internacional en proyectos de ámbito local, consultando con los agricultores y combinando técnicas tradicionales con las nuevas tecnologías para llevar a cabo una agricultura a pequeña escala no industrial.
Por su parte, la presidenta del Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente de España, Anna Barreira, señaló que la participación ciudadana y la presión de la opinión pública son fundamentales para llevar a cabo esta nueva cultura del agua, por lo que han de promoverse espacios como el Fórum, la formación en las escuelas y la sensibilización a través de los medios de comunicación para divulgar sus principios.
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