|
Resulta tan importante encontrar nuevas fuentes de energía, como maximizar la eficiencia energética de las que ya consumimos. La mejor energía es la que no tiene que producirse.
Algunos expertos opinan que para solventar los acuciantes problemas derivados de la energía (escasez, polución, etc...) no bastaría con estabilizar el consumo sino que habría que reducirlo urgentemente. Por tanto, en un futuro que deberíamos considerar como presente, la principal preocupación no debería centrarse tanto en las fuentes de energía sino en nuestra forma de utilizarla y en el uso que le damos.
Por tanto, debe crearse una cultura que tienda a conseguir los mismos resultados pero consumiendo menos. La demanda real no es de energía, sino de los servicios que ésta procura: transporte, luz, climatización, etc… Sin embargo, estos servicios pueden conseguirse utilizando mucha menos energía y aplicando tecnologías ya existentes a los sistemas tradicionales de producción y distribución energética, o cambiando la manera de diseñar las ciudades o de construir las viviendas.
Por ejemplo, un modelo de generación de energía descentralizado evitaría muchas de las ineficacias que produce la distribución mediante extensas líneas eléctricas o que obliga a transportar combustible hasta infinidad de puntos dispersos. En este sentido, hay que apuntar que resulta energéticamente más cara la ciudad extensa de baja densidad residencial, que mantiene alejados en el espacio a los elementos que precisan estar cerca por motivos funcionales.
Por último, debe indicarse que también la construcción de viviendas, que se calcula que consumen un 40% de la energía, deberá primar las prácticas de eficiencia energética. Deberían incluir en su diseño la optimización de los rendimientos tanto pasivos (orientación, ventilación, aislamiento, aprovechamiento de iluminación natural) como activos (captación termosolar, fotovoltaica o eólica).
Problemática: En los países desarrollados se consume mucha más energía de la que realmente se necesita; se vive en un estado de obesidad energética. Los cálculos sitúan en torno a un 45% la energía que consumen las ineficacias de los sistemas de producción, distribución y consumo de energía actuales. Es decir, si adoptáramos políticas de eficiencia energética, podríamos dejar de derrochar entre un tercio y la mitad de la energía sin necesidad de renunciar a nuestros actuales niveles de confort.
|
Propuesta: Potenciación de la «arquidiversidad» o adaptación de los edificios a las condiciones climáticas del lugar donde se construyen. - Concienciación de los consumidores en relación con el coste del mantenimiento energético de los edificios, del mismo modo que existe hoy esa conciencia al comprar un vehículo. - Potenciación del concepto de «smart grid». El control digital de los flujos de carga puede lograr mayores eficiencias en la distribución de electricidad. - Existencia de una normativa que regule las ineficiencias del alumbrado público de las ciudades.
|
Posturas: El precio de la energía sigue siendo relativamente barato como para que exista una concienciación real del derroche por parte del consumidor. El consumo de luz sigue marcando cierto status social. Hasta las mismas ciudades cuentan con una iluminación nocturna mucho mayor de la necesaria. La liberalización del mercado energético ha reducido la inversión en tecnologías que podrían ofrecer una mayor eficiencia energética en la producción y distribución. Frente a las inversiones a largo plazo, se opta por el beneficio inmediato. Por mucha energía que se produzca, el ser humano por naturaleza siempre querrá más. Se requiere, por tanto, un pacto social sobre el consumo. El mayor derroche de energía se produce en los servicios urbanos y no tanto en las industrias, que han mejorado su eficiencia energética en los últimos años. Por tanto, debe responsabilizarse más de ineficiencias a los alcaldes que a los propietarios de las industrias. Actualmente, se invierte mucho más en la construcción de nuevas centrales generadoras que en la construcción de edificios energéticamente eficientes.
|
Buenas prácticas: La disposición urbanística diseñada por Cerdà a finales del siglo XIX ya contempla un máximo aprovechamiento solar de las manzanas de edificios. La turbina de ciclo combinado instalada en el área del Fórum produce con el mismo combustible el doble de energía de la generada por la anterior turbina.
|
 |
|