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El relator de la sesión, Miquel Tàpia (colaborador de la Université Paris VII - Denis Diderot, Francia), presentó un resumen sucinto de todas las ponencias que luego ampliaron sus autores y fueron comentadas por los asistentes.
- Luis Antonio Martínez Sáez (Instituto de Astrofísica de Canarias): «Investigación científica y cultura social: la responsabilidad social de los centros de investigación». La idea que pretende transmitir este estudio es que es imprescindible que caigan los mitos. El mito principal es el que explicaba C. P. Snow en The Two Cultures, según el cual existen dos culturas: la científica y la social. «Si un científico no ha leído nunca a un literato es un inculto, pero si un literato no ha leído nunca a Einstein, ¿no pasa nada?», se pregunta el ponente. En general, en los centros de investigación españoles no se es consciente de que el ámbito de la investigación que llevan a cabo es la sociedad, lo cual explica que falten estructuras para la comunicación. En primer lugar debemos ser conscientes de que quien paga las investigaciones científicas son los ciudadanos y, por lo tanto, tienen derecho a saber y a ser informados.
Sus estudios en la materia demuestran que «del 30% de los científicos que se implican en la comunicación, la mitad sólo lo hace cuando le interesa y la otra mitad considera que comunicar la ciencia es prostituirla» (L. A. Martínez).
Por otro lado, también hay que reconocer que los medios de comunicación no se preocupan por llegar a la noticia. Son medios pasivos que esperan a que la noticia les llegue a ellos.
Martínez explicó con una metáfora la necesidad de comunicar la ciencia: «la ciencia es una corriente de alta tensión que necesita de un transformador para su uso doméstico».
A la hora de repartir responsabilidades, el ponente opinó que los científicos deben dedicarse a hacer ciencia de la mayor calidad y el comunicador es quien debe crear la demanda y servir la información derivada.
- Hans Peter Peters (Centro de Investigación Juelich, programa Grupos Humanos, Medio Ambiente y Tecnología, Alemania): «Expertos para el público: ciencia y periodismo en el discurso del cambio climático en Alemania». La experiencia de su trabajo es que, en Alemania, los científicos y los periodistas trabajan bastante bien en común. No obstante, pese a su buena colaboración, la comunicación pública no es necesariamente efectiva (por ejemplo, existen problemas de adaptación del lenguaje).
La mayor discrepancia que ha detectado el estudio gira en torno a quién debe controlar la comunicación, si los científicos o los periodistas. Hasta la fecha, los departamentos de relaciones públicas constituían un buen instrumento de comunicación pública, pero, desde que se ha implantado el modelo norteamericano, han pasado a ser totalmente empresariales y a concentrarse en mejorar la imagen de la empresa. Así, parece que finalmente la buena comunicación científica queda en manos de los propios científicos. Éste no debe ser nunca el modelo a seguir, porque la responsabilidad final debe ser la de la financiación pública.
- Fins Eirexas Santamaría (Universidad de Santiago de Compostela): «La comunidad científica como recurso para la información sobre el Prestige». La cobertura periodística del caso del peor vertido de petróleo en el mar registrado en Europa como resultado del accidente sufrido por el barco Prestige fue muy intensa: hubo más de 2.600 noticias sobre el tema, además de abundante información científica. El desastre llegó a generar un tópico propio.
Sin embargo, un estudio detallado revela que:
1. los científicos se implicaron muy poco en la información publicada; 2. los pocos discursos científicos que hubo con frecuencia fueron antitéticos y presentaban muchas contradicciones; 3. las informaciones que llegaban al público se vulgarizaban y perdían calidad (es el caso de la famosa declaración del exvicepresidente español sobre los «hilillos de plastilina»).
Ante esta situación, el público, que en este caso era el principal afectado por el desastre de forma directa, se saltó a los mediadores de la comunicación científica y fue a buscar la información rigurosa a las fuentes científicas a través de Internet.
- Eve Merton (Universidad de la Ciudad de Dublín, Irlanda): «Actividades comunicativas y actitudes de la investigación científica en biotecnología». La conclusión principal de su trabajo es que el biotecnólogo, en general, está más dispuesto a comunicar su investigación en situaciones informales. La comunicación es una práctica habitual en su entorno de trabajo y se presenta como un feedback continuo entre el científico y la sociedad.
La cuestión que conviene plantearse es por qué los biotecnólogos promueven constantemente la comunicación. El estudio realizado en once participantes demuestra que:
- los científicos se sienten obligados a comunicar sus actividades; - reconocen la importancia de determinar los métodos de comunicación; - existe una tensión entre la investigación cuantitativa y la investigación cualitativa; - perciben el propio estudio como un método de autoevaluación. - Miguel García-Sancho Sánchez (Centro de Londres para la Historia de la Ciencia, la Tecnología y la Medicina, Reino Unido): «Autoconsideraciones de los nanotecnólogos sobre su percepción social». Básicamente, este estudio demuestra que los nanotecnólogos creen que la concienciación social con respecto a su trabajo es nula. La realidad de las encuestas realizadas así lo demuestran, aunque con ciertos matices.
En lo relativo a la percepción pública, en concreto el estudio compara los resultados de las encuestas realizadas en España con las del Reino Unido.
- Mientras que en España se declaraba que el conocimiento en torno a la nanotecnología era nulo, en el Reino Unido sólo un 71% de los encuestados afirmaba no haber oído hablar nunca del tema. - En España, la visión de las nanotecnologías era ligeramente negativa. En el Reino Unido, en cambio, se tenía la impresión de que en el futuro la nanotecnología tendrá efectos positivos. - La formación académica y el sexo de los encuestados eran los factores que más influían en la comprensión de la información, por encima del factor de la edad. - Por regla general, la nanotecnología se asociaba con la informática, la electrónica y la medicina, asociaciones totalmente imprecisas.
En lo relativo a la percepción de los científicos, la conclusión es que el pesimismo generalizado entre los nanotecnólogos hace que se despreocupen de la comunicación. De ello se deriva, según es estudio, que debe profundizarse en la comunicación, tanto para el público como en aras de cambiar la actitud del científico.
- M. José Martín-Sampere (Centro de Información y Comunicación Científica del CSIC, España): «Perfil personal y profesional y motivaciones de los científicos involucrados en actividades de la PCST: el caso de Madrid por la ciencia». El estudio partía de una pregunta fundamental: ¿sería mejor la comunicación científica si pudiéramos debatir con los científicos y relacionarnos con ellos? El trabajo consistió en preguntar a los científicos qué iniciativas, según ellos, podrían fomentar una comunicación óptima.
Una de las limitaciones que se ponen de relevancia en el estudio es hasta qué punto el entrevistador influye en el mismo, limitación que según la autora aparece en general en todos los estudios y que suele ser un problema muy extendido en la comunicación.
- Mara Brugés Polo (Asociación Colombiana de Periodismo Científico): «NOTICyT: una experiencia exitosa en Colombia con proyección internacional». NOTICyT se presenta como un instrumento efectivo para socializar la ciencia en Colombia.
La realidad de la que partía la experiencia era que, en Colombia, la profesión de periodista científico prácticamente no existía y, por lo tanto, antes de nada había que formar a personas capacitadas para llevar a cabo el proyecto. Se pusieron en práctica diversas experiencias previas para poder abordar el proyecto con el mayor conocimiento posible.
Después de que el proyecto se desarrollara con éxito, la falta de conciencia por parte del Gobierno colombiano hizo que sólo contase con financiación durante seis meses. Los periodistas implicados continuaron trabajando sin retribución durante cierto tiempo, pero al final hubo que suspender el proyecto.
Durante el turno de intervenciones de los asistentes se plantearon cuestiones como las siguientes: - Cuando se produce un descubrimiento científico, ¿cuál es el momento idóneo para comunicarlo y dónde queda la responsabilidad de las instituciones para fijar los plazos? En torno a este tema de los nuevos conocimientos, cabe preguntarse qué es noticia, porque no siempre es necesario comunicar un resultado científico.
En este sentido, muchos problemas de relación entre el periodista y el científico proceden de malas experiencias y del miedo que sufre el científico al sensacionalismo. Se registra, por lo tanto, una diferencia de riesgos entre la información que sirven directamente los centros de investigación y la de las instituciones que divulgan los descubrimientos.
- En toda la temática que se trató en la sesión se echan de menos consideraciones sobre el papel de las instituciones públicas y se recuerda la importancia de trabajar desde las universidades (un buen lugar para arreglar las diferencias de relaciones entre científico y sociedad).
Tampoco debemos olvidar otros canales informativos, como son las escuelas, los museos o los gestores culturales.
- Para acabar, se recuerda que también es necesario abrir canales de comunicación en la dirección contraria: del público hacia el científico. Sobre este tema se comenta que la información que los científicos reciben de la opinión pública es muy escasa y, con frecuencia, procede del eco social. Por su parte, los medios de comunicación son una parte interesada de la comunicación, lo cual explica la importancia de los encuentros cara a cara entre el público y la comunidad científica, por ejemplo, en las ferias de ciencia.
* Propuestas de ideas-fuerza:
- Fomentar espacios de intercambio y relación entre científicos y periodistas, y entre público y científicos. - Las instituciones públicas deben establecer medios que mejoren las relaciones entre la comunidad científica y el público, y deben velar por que la comunicación científica sea de calidad.
Problemática: Los científicos están muy poco concienciados de la importancia de la comunicación científica.
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Propuesta: Hay que fomentar las relaciones entre el científico y la sociedad. Es necesario concienciar de la responsabilidad de comunicar que tienen tanto los científicos como los periodistas y las instituciones públicas. Por su parte, el público debe reconocer lo importante que es contar con información para adoptar decisiones y debe asumir su papel de propietario de las investigaciones.
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Posturas: Luis Antonio Martínez Sáez: la responsabilidad del científico consiste, en primer lugar, en hacer ciencia de calidad. La transmisión de este conocimiento es tarea del comunicador. Hans Peter Peters: la responsabilidad final de la comunicación recae en las instituciones públicas. Fins Eirexas Santamaría: el público dispone de medios óptimos para acceder a la información directa de los científicos. Eve Merton: en el caso de los biotecnólogos, se da una buena predisposición a la comunicación.
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Buenas prácticas: - Ferias de la Ciencia, como la Feria Madrid por la Ciencia. – Proyectos de socialización de la ciencia, como DICyT en Colombia. - Gabinetes de Comunicación Científica, como el Parque Científico de Barcelona, con financiación tanto pública como privada.
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Conclusiones: Debe propiciarse una mayor concienciación sobre las responsabilidades compartidas en materia de comunicación científica. Científicos, periodistas e instituciones públicas tienen su propia cuota de responsabilidad.
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