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En el Foro Mundial de las Mujeres se ha hablado en clave de los valores del Fórum Universal de las Culturas – Barcelona 2004: interculturalidad, diversidad, paz y sostenibilidad. A partir de aquí, se abrió un Foro Mundial de las Mujeres en los ámbitos de la cultura, la religión, la economía, los derechos humanos, la salud, la masculinidad, la ciencia, la tradición y la democracia. Estos valores se trataron desde la mirada femenina y feminista en defensa de las mujeres del mundo, desde la violación de los derechos humanos enfocada específicamente a las mujeres, y desde la carencia de paridad de mujeres en el ámbito profesional, político y cultural.
El Foro Mundial de las Mujeres se abrió con la declaración de cuáles tenían que ser los derechos básicos de la mujer, que no siempre se respetaban. Son los siguientes: el reconocimiento explícito de los derechos de las mujeres como derechos humanos; la globalización de la respuesta feminista (puesto que las desigualdades por razón de sexo son universales); la adaptación del proceso de respuestas políticas concretas a la situación de discriminación de cada lugar concreto; la promoción de políticas de discriminación positiva para favorecer la igualdad real; la promoción de la participación de las mujeres en la vida política y la presencia igualitaria en los órganos de decisión; la inclusión en la nueva agenda política de todos los asuntos relacionados con la vida colectiva y personal de la mujer; la consolidación del liderazgo femenino para poder transformar la vida política; el establecimiento de pactos de mínimos entre las diversas fuerzas políticas; y, finalmente, el establecimiento de un pacto con la sociedad civil.
Marcela Lagarde fue una de las presencias más interesantes de este Foro Mundial de las Mujeres. En el diálogo con Ramón Márquez (Ramoncín), afirmó que esta situación era típica entre hombres y mujeres: a las mujeres no se las escuchaba prácticamente nunca. Lagarde, diputada mexicana y antropóloga, siguió su discurso afirmando que «las mujeres todavía insisten en participar con equidad en el discurso de la modernidad». Explicó que la primera traición a las mujeres en la democracia se remonta a la Revolución Francesa, la primera democracia de la etapa contemporánea, puesto que cuando la revolucionaria francesa Olympe de Gouges pidió una igualdad de derechos entre hombres y mujeres, con la escritura de la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, fue decapitada. Lagarde también citó a otras feministas como Cèlia Amorós —«la fraternidad es un pacto entre hombres, es la exclusión de las mujeres como ciudadanas»— o Luce Irigaray —«hay que romper el muro patriarcal de la misoginia, la desconfianza entre mujeres». La sororidad fue uno de los conceptos que destacó la antropóloga, que se basa en la camaradería y la solidaridad entre mujeres, además de saber escuchar a la otra para entenderla. Postuló también que la actitud que se necesita «no es un falso estimémonos todas, sino un reconozcámonos como legítimas interlocutoras semejantes que asumimos nuestra diversidad como una riqueza».
Otro tema tratado en este Foro fue la violencia de género. Cada día aumentan exponencialmente los casos de violencia de género, como los asesinatos de Ciudad Juárez, en México, que Lagarde calificó de feminicidios, puesto que son casos que el Estado no tiene en consideración suficiente como para ser investigados a fondo. También en España hay cada vez más conciencia pública respeto el maltrato, pero esto no hace que cesen los casos. La violencia de género llevó a la representación de un juicio contra la violencia patriarcal, en el que ésta fue declarada culpable, y se condenó al hombre como iniciador del patriarcado, pero como culpable de la violencia. Se condenó, eso sí, al hombre violento, porque lo es por voluntad propia, no porque el sistema patriarcal le induzca a la violencia; por lo tanto, no todos los hombres son los culpables de la violencia.
Otro tema que se trató fue el derecho a la salud, sobre todo enfocado al Tercer Mundo, donde los casos graves se han agudizado mucho más que en el mundo occidental. Una de las grandes controversias planteadas fue la ablación de la mujer. Esta práctica tradicional fue criticada por todas las integrantes del Foro. Además de ser un peligro para la salud de las mujeres, con una gran cantidad de víctimas mortales, es una de las mayores aberraciones contra la libertad de elección de las mujeres. Un problema muy grave en África es que la mayor parte de las mujeres no conoce sus derechos y, por lo tanto, no denuncia su negligencia, como afirmó Chantal Kambiwa, de Camerún, y la única manera de intentar paliarlo es a través de la educación.
Un segundo aspecto que se discutió desde el punto de vista del derecho a la salud fue la actuación de las empresas farmacéuticas, que anteponen la ganancia a cualquier otro principio, y consideran a las mujeres como objetos en lugar de sujetos de tratamiento. Siguiendo con el tema de la investigación médica, Carme Riu (presidenta de la asociación Dones no Estàndard (Mujeres No Estándar) cuestionó el tratamiento dado a las mujeres con discapacidades. Analizó la situación de las mujeres discapacitadas dentro una sociedad neoliberal-capitalista donde se las considera poco rentables, es decir, que su inexistencia representaría un beneficio social.
De ahí que la investigación médica en el ámbito genético se base en intentar evitar el nacimiento de individuos «discapacitados» y, por lo tanto, fomente un sentimiento de carencia de dignidad por falta de eficiencia que comporta una discriminación constante.
El tercer aspecto que se trató en este Foro fue la economía de las mujeres. Se basó en la reivindicación de la independencia económica para todas las mujeres, dando un valor, reclamando la inclusión en el producto interior bruto del trabajo actualmente no remunerado, sin horarios ni derechos, y destacando la función de las mujeres empresarias en la sociedad actual. María Ángeles Durán afirmó que hay muchas mujeres no independientes económicamente que trabajan en el propio hogar y dependen de los sueldos del resto de miembros de su familia, lo que las sitúa en una situación de desventaja legal y fiscal.
El trato a las mujeres en la guerra tuvo dos ejes principales: por una parte, se habló de que la educación de la mujer es imprescindible para que ésta pueda asumir una función política. Remei Arnaus señaló la necesidad de la mediación femenina para disminuir los conflictos bélicos, aun cuando la falta de convivencia hace que ésta sea muy difícil. Por otra parte, las mujeres siempre son las víctimas, junto con los niños y los ancianos, más desprotegidas en caso de conflicto bélico. Se subrayó que en las guerras el 80% de los desplazados son mujeres y que éstas son también las víctimas principales de las violaciones que tienen lugar en los conflictos bélicos. De hecho, la violación se ha convertido en un arma durante las guerras, puesto que es sinónimo de sumisión de una cultura por parte de la otra. Un hecho destacable fue la presencia del colectivo de Mujeres Saharianas, que denunció la situación de su pueblo ante el Gobierno marroquí y pidió la independencia, y el respaldo de todas las mujeres del mundo a esta causa.
Desde el punto de vista religioso se realizó una crítica directa al catolicismo como defensor del patriarcado a ultranza. Las declaraciones de representantes de la Iglesia respecto a la función que debía desempeñar la mujer en la sociedad, que se limitaban fundamentalmente a criticar a las feministas y a afirmar que la actividad de la mujer tenía que ser la doméstica, indignó sobremanera a todos los integrantes del Foro
Ante la falta de paridad en todos los ámbitos, y en relación con las nuevas masculinidades, se expuso que también se tenía en cuenta la defensa de la equidad. En una sociedad neoliberal que potencia la injusticia, la participación del hombre es imprescindible junto a la de la mujer. A raíz de este tema, Michael Flood, ponente de una de las sesiones, afirmó que «la masculinidad se ha considerado como normal, universal y genérica», o sea, como masculinidad hegemónica, y éste es uno de los conceptos que debe que cambiarse.
En la sesión que titulada «Repensar el mundo», la poetisa y escritora Anna Maria Moix afirmó que «a las mujeres siempre se les pide que hablen desde el ámbito en el que viven, pero no se les pide que generen opinión». La intervención de Elizabeth English, escritora y guionista, trató sobre «fomentar que las mujeres usen todo lo que está a su alcance para resolver los conflictos de una manera pacífica, basada en la paz y la no-violencia, y crear una atmósfera que facilite el diálogo entre nuestras familias», e incitó a las mujeres a emplear su intelecto como arma para dar una visión propia del mundo que las rodea.
El Foro Mundial de las Mujeres 2004 finalizó con la firma de la Agenda de las Mujeres para Monterrey 2007, en la que se sentaron las bases de lo que se quiere resolver en estos tres años, como por ejemplo: conseguir que los colectivos de mujeres tengan voz y voto, consolidar los liderazgos femeninos, aumentar la tasa de ocupación femenina, generalizar la educación de las mujeres en temas de salud sexual, crear una red de intercambio de información mundial entre mujeres, educar en la cultura de la paz y recuperar la memoria histórica. Justo después de la lectura de la Agenda, Marta Selva, presidenta del Instituto de la Mujer, comentó que un diálogo entre mujeres no era susceptible de conclusión y, por lo tanto, no podía ni quería clausurarlo. Para finalizar, Pilar Vallugera afirmó que en este Foro se había acabado con la mirada exclusivamente occidental del feminismo, pese a que no hubieran estado representadas todas las mujeres del mundo, y sentenció: «El futuro lo construiremos nosotras».
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