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Diálogo a cargo de Alejandro Nató, con la colaboración de Javier Cruz, Carmen González y Pilar Mateu, celebrado el 13 de junio de 2004 en la sala 111 de las 15:15 a las 16:10 horas.
Partiendo del caso del Obelisco de Buenos Aires del que 200 familias «ocupas» fueron desalojadas progresivamente a lo largo de siete meses para acceder a una vivienda digna (que muchas no lograron hasta pasados tres años), Alejandro Nató desgrana las claves para lograr que la mediación se convierta en una herramienta. En primer lugar, destaca que es preciso atender los conflictos con técnicas no convencionales y con una lógica no institucionalizada o represiva. En segundo lugar, aboga por los «procesos poliformes», porque cuando la problemática es cruzada se deben tener en cuenta los distintos elementos de transformación. En tercer lugar, reclama el espacio público como lugar de trabajo (bares, plazas, asociaciones de vecinos, etc.) En cuarto lugar, pide que se asigne una función, la que le corresponda, a cada participante del conflicto y que, sobre todo, los medios de comunicación también sean parte activa. Señala además que el mediador debe regirse por el principio de neutralidad: tiene que buscar espacios para todas las personas que no se sienten reconocidas y debe dar la posibilidad de nivelar el poder entre los actores porque “nadie quiere negociar con alguien que no tiene nada”.
Finalmente, solicita un cambio cultural del trato del conflicto a todo aquel que puede contribuir en la resolución del mismo y a quienes tienen poder de decisión. Los estados acostumbran a «juzgalizar» los conflictos, lo cual encarece el proceso y nos muestra la cara más absurda de la «esquizofrenia estatal».
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