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La ministra de Sanidad de España cerró el diálogo “Salud y desarrollo: retos para el siglo XXI”, celebrado del 5 al 9 de junio en el marco del Fórum de las Culturas de Barcelona. A lo largo de los cinco días del diálogo, los ponentes que participaron debatieron sobre el estado de la salud en el mundo, especialmente en el continente africano.
La ministra de Sanidad de España cerró el diálogo “Salud y desarrollo: retos para el siglo XXI”, celebrado del 5 al 9 de junio en el marco del Fórum de las Culturas de Barcelona. A lo largo de los cinco días del diálogo, los ponentes que participaron debatieron sobre el estado de la salud en el mundo, especialmente en el continente africano.
En el resto de sesiones de la jornada fueron numerándose los distintos factores que determinan el mal estado actual de la salud en los países en desarrollo. En este sentido, los elementos que influyen en la salud de la población son distintos: políticos, sociales, culturales, económicos, sanitarios y medioambientales. Así, entre los principales condicionantes de la salud, se citaron el hambre, las carencias en la salud maternoinfantil, la influencia de los cambios del medio ambiente en la salud, la aparición de enfermedades emergentes y reemergentes, las diferentes formas de violencia, el contexto político y los acuerdos comerciales con los países ricos.
En cuanto al vínculo entre economía y salud apuntado por gran parte de los ponentes, Vicenç Navarro, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Pompeu Fabra, considera que la mentalidad neoliberal se ha instalado en el seno de la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que ha provocado que este organismo tenga una visión puramente mercantilista de la salud. Este mismo ponente considera significativo el hecho de que la OMS utilice términos políticamente correctos para designar determinados aspectos que implican una situación grave. Así, para hablar de “desigualdad”, la OMS utiliza “disparidad" y para designar el concepto “hambre” se utiliza el aforismo “underweight”, que significa un peso por debajo del medio.
En buena parte de las sesiones se habló de la necesidad de considerar la salud un verdadero derecho humano universal que debe aplicarse teniendo en cuenta las características culturales de cada zona.
En las ponencias del segundo bloque del diálogo, “Intervenciones en salud”, se plantearon las complejidades que implica cualquier intervención sanitaria en un país en desarrollo. Se destacó también la diversidad y la cantidad de parámetros que hay que tener en cuenta para desarrollar una intervención en salud de manera eficaz.
Se considera que el elemento clave de toda la intervención sanitaria es la definición de todas las fases del proceso por parte del país en el que se llevará a cabo la intervención, ya sea mediante el Ministerio de Sanidad o cualquier otra institución pública equivalente. En este sentido, en las intervenciones realizadas hasta la actualidad no se han obtenido los resultados esperados por la multiplicidad de criterios que regían en cada agencia involucrada, lo que ha provocado una descoordinación entre estas, y porque cada agencia persigue objetivos distintos. Los países no sólo deben definir la estrategia que hay que seguir, sino que también deben liderar la intervención y gestionar sus recursos. Además, las agencias de cooperación han de tener en cuenta en todo momento las circunstancias sociales y culturales del país. Así, se propone la creación de consorcios entre el sector público (gobiernos, ayuntamientos, etc.) y el sector privado (ONG) para mejorar la eficiencia de las intervenciones sanitarias.
En todas las sesiones se recalcó la importancia de que las intervenciones deben prestar una atención especial a aquellos segmentos de la población considerados más vulnerables: niños, población de renta baja y personas discapacitadas.
En cuanto a los recursos, los representantes de los gobiernos de países en desarrollo y los representantes de las agencias y organismos de cooperación internacionales, coincidieron en que hay que transformar la relación donante-receptor y pasar del asistencialismo que genera dependencia a la colaboración entre todas las partes implicadas. Esta nueva perspectiva tiene como objetivo a medio plazo dotar a las comunidades de recursos, capacidades y responsabilidades para que puedan transformar sus condiciones de vida y mejorarlas.
En el campo de la tecnología, se señaló la necesidad de que los países ricos se replanteen sus políticas de investigación biomédica. Es necesario que den prioridad a la investigación de soluciones para los problemas sanitarios de los países menos desarrollados, puesto que no disponen de recursos para hacerlo de forma autónoma.
En las ponencias del tercer gran bloque del diálogo, “Acceso a las intervenciones en salud”, se coincidió en la necesidad de establecer sistemas de salud públicos, basados en el carácter integral y en la equidad, que garanticen a la población un acceso universal. Este acceso no sólo debe garantizar la salud física, sino que también debe colaborar en la integración en la sociedad de las poblaciones excluidas. Además, se aconseja que la prestación de servicios sanitarios públicos no se rija nunca por criterios de mercado, puesto que esto provoca el trasvase masivo de recursos hacia el sector sanitario privado.
Así, se recalcó la importancia de disponer de suficientes recursos –humanos, financieros y tecnológicos– para que estos servicios sean sostenibles y puedan adaptarse a las particularidades culturales y a las características geográficas de cada país. En este sentido, la mayoría de los ponentes señaló la fuga de cerebros como una de las principales dificultades que deben superarse en los países en desarrollo. En muchos casos, estos son incapaces de retener a los profesionales de la salud que, una vez obtienen la capacitación, se sienten atraídos por los mejores sueldos que ofrecen los países ricos, que necesitan profesionales por distintos motivos, entre los que destaca el envejecimiento de la población.
A lo largo del día se puso un énfasis especial en resolver el acceso a los tratamientos preventivos que, a pesar de que sobre el papel obtienen unos resultados positivos, a menudo no llegan con la frecuencia y en la cantidad necesarias para que supongan una mejora cualitativa en la población. Se dan casos en que los pacientes no pueden seguir los tratamientos por falta de suministro o inaccesibilidad física a estos.
Además de las dificultades puramente físicas que impiden el acceso universal de las poblaciones a los medicamentos, hay dos factores, el precio y la falta de producción, que son una barrera insalvable para hacer frente a enfermedades crónicas y endémicas. Por lo que al precio se refiere, la industria farmacéutica protege los medicamentos que desarrolla mediante las patentes, puesto que la inversión requerida en tiempo y dinero para lanzar un medicamento es muy elevada y las empresas quieren obtener una alta rentabilidad. Este es el motivo por el que los países en desarrollo no pueden hacer nada frente a los precios de los medicamentos. Se señaló la necesidad urgente de revisar los mecanismos de protección de patentes para encontrar una solución que permita a los países pobres acceder a los medicamentos. La poca capacidad de producción de los países en desarrollo –infraestructuras y tecnología suficientes– es la otra barrera que impide hacer frente a la demanda creciente de medicamentos. En la actualidad ya hay países con pocos recursos que han incluido en sus legislaciones la posibilidad de optar por los medicamentos genéricos en determinadas circunstancias y ahorrarse, de esta forma, el pago de las patentes a las corporaciones farmacéuticas.
La cuarta jornada del diálogo giró en torno a las alianzas en salud para corregir desequilibrios. Desde un primer momento los ponentes subrayaron la importancia de la salud a la hora de contribuir a la economía de los países. En la mayoría de las ponencias se señaló la deuda externa como el principal obstáculo para un desarrollo real y sostenible de los países pobres. La deuda acumulada por estos países es tan elevada que estos dedican la mayoría de sus recursos financieros a hacer frente al pago de los intereses. Gran parte de los ponentes coincidió en señalar este fenómeno como una forma nueva de explotación de los países pobres por parte de los países ricos, mediante los organismos de financiación internacionales. Por consiguiente, y hasta que no se encuentre una solución para resolver este desequilibrio, este es un buen punto de partida para cualquier acción de cooperación que se plantee. La única posibilidad de desarrollarse que tienen los países pobres son unas mayores aportaciones por parte de los países ricos, ya sea mediante mecanismos de financiación como el Fondo Global o mediante colaboraciones entre instituciones públicas y privadas, en forma de consorcios público-privados, como en el caso del Global Business Coalition en Brasil.
Por otro lado, se recalcó la importancia de que todas las iniciativas de cooperación deben regirse, en primer lugar, por criterios de transparencia y buen gobierno y, en segundo lugar, por criterios de participación de las comunidades y los agentes involucrados en las intervenciones.
La última jornada del diálogo versó sobre la relación entre estado, sociedad, derechos humanos y derecho a la salud. A lo largo de las sesiones se constataron las crecientes desigualdades en materia de salud entre países ricos y países pobres. Gran parte de los ponentes lo atribuye a un sistema económico sin visión ética ni global, basado en el individualismo y la competencia.
Por su lado, muchas estrategias de desarrollo no sólo no han reducido esta distancia, sino que la han aumentado, provocando, en muchos casos, una relación de dependencia.
Según las ponencias de la jornada, se necesita un cambio en la forma de entender el desarrollo y en la forma de llevar a cabo las políticas sociales. También es necesario liberar a los países pobres de la carga que supone la deuda externa para que se reduzcan las desigualdades. Todo esto no será posible si las clases dirigentes del norte y del sur no cambian de mentalidad. Sólo con un cambio de mentalidad de esta magnitud se logrará que la salud tenga la consideración de derecho humano esencial.
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