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Globalización, identidad y diversidad
Diálogo de referencia: Globalización, identidad, diversidad

La globalización es el fenómeno que enmarca la realidad histórica actual y el proceso de interconexión y aceleración que redefine las dinámicas económicas, sociales y culturales de las sociedades contemporáneas. Entenderla como un fenómeno más allá del económico, en relación con los procesos identitarios y con la diversidad cultural, es crucial para la necesaria redefinición de las instituciones políticas mundiales. Una redefinición, además, que ha de contar, inevitablemente, con la participación activa de la sociedad civil.

La reflexión sobre el fenómeno de la globalización ha sido el tema principal del diálogo Globalización, identidad y diversidad, celebrado del 26 al 29 de julio de 2004. Dirigido por el prestigioso investigador y catedrático de investigación de la Universitat Oberta de Cataluña, Manuel Castells, el diálogo contó con la presencia de destacados expertos procedentes de diversas instituciones académicas internacionales.

El programa del diálogo fue diseñado con el objetivo de analizar, desde un punto de vista académico, la realidad de la globalización, la construcción de la identidad y el trato político e institucional de la relación entre globalización e identidad en el marco de la diversidad de culturas e instituciones en el mundo contemporáneo.

A partir de las diferentes ponencias, se insistió en mostrar la globalización como un fenómeno que estructura las sociedades contemporáneas y que, a la vez, ha de contemplarse y entenderse desde múltiples dimensiones.

Así, la globalización no es sólo un proceso económico sino que también incluye, entre otros, la tecnología, la cultura, los derechos humanos y la comunicación. En este sentido, se da un fenómeno de interdependencia creciente entre las sociedades, que en ningún caso anula los estados-nación o las instituciones y organismos existentes, pero que plantea nuevos retos en la gestión y gobierno de las sociedades desde una nueva problemática.

La globalización, según los especialistas, provoca, al mismo tiempo, procesos de inclusión y exclusión que no funcionan de norte a sur, sino que funcionan a través de redes de inclusión. Estas redes, regidas por los criterios dominantes, incluyen todo lo que tenga valor económico y excluyen lo que, según estos mismos criterios, no lo tenga.

Identidad y comunicación

En relación con las identidades y culturas, los estudios llevados a cabo por el profesor Ronald Inglehart en el proyecto World Values Survey, permitieron concluir que la globalización no implica necesariamente un proceso de homogeneización cultural. No hay, por tanto, una cultura global indiferenciada aunque sí que hay toda una serie creciente de valores cosmopolitas y fenómenos de uniformidad cultural en determinados grupos sociales. No obstante, los datos recopilados por el profesor Inglehart muestran que la diversidad cultural es más fuerte que nunca y que, incluso, emerge una creciente divergencia entre los valores de los países pobres y los países ricos. De la misma manera, se está produciendo una globalización de la comunicación, aunque esta no implica una globalización de la cultura. El refuerzo de las identidades se utiliza, en muchos casos, como mecanismo de control ante una globalización incontrolada.

Así, la identidad se plantea como un instrumento construido a partir de la experiencia, generador de sentido para las personas. Este sentido, que puede ser religioso, nacional, étnico, territorial o de género, es fundamental para la vida de las personas y caracteriza el mundo tanto como lo hacen la globalización y las tecnologías. Se dan, por tanto, dos procesos simultáneos, partir de los cuales se conforma la realidad.

No obstante, los ponentes alertaron del peligro que comporta la incapacidad o la negativa a comunicar una identidad, dado que esta puede derivar en fundamentalismo. Al contrario de la opinión general, el fundamentalismo no sólo se reduce al ámbito religioso sino que también engloba al conjunto de las identidades. Así, los ponentes coincidieron en destacar la emergencia y la pervivencia de las identidades religiosas. En este sentido, el calificativo «fundamentalista» se aplica frecuentemente para designar al otro, a aquel a quien no se conoce o que se quiere ignorar. En estos casos el calificativo no sirve para conceptuar sino que tiene un efecto estigmatizador.

Así pues, toda construcción de identidad ha de ir seguida de un debate sobre el problema de la incomunicación entre identidades. Del diálogo se desprende que, ante la incomunicación, a menudo ante la violencia, existe la necesidad de encontrar y construir puentes, de reestablecer protocolos de comunicación con el objetivo de evitar que los colectivos excluidos por la globalización defiendan su explotación en «comunas identitarias» de carácter eminentemente defensivo.

El sociólogo y expresidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, considera que «es malo ser explotado, pero es peor no servir ni para ser explotado», en referencia al paso de la antigua explotación a la irrelevancia que han sufrido muchas poblaciones en el mundo. En este sentido, la combinación de una situación de irrelevancia con una identidad no comunicable como trinchera defensiva provoca la ruptura de los lazos con la civilización central o global y la convivencia. Por tanto, la comunicación es esencial y se confirma como el espacio actual de construcción de la sociedad civil.

Por todo esto, los ponentes hicieron diferentes propuestas a lo largo del diálogo encaminadas a otorgar un papel principal a la comunicación como un nuevo espacio público que permita la construcción de dinámicas interculturales que faciliten pasar del monólogo al diálogo y del diálogo a la colaboración. Una colaboración que no se ha de basar en discursos sino en prácticas entre identidades.

Al mismo tiempo, la identidad está involucrada en todo proceso de dominación y, consecuentemente, también en los procesos contrarios a la dominación. Estos procesos pueden darse, en el marco que conforma la vida cotidiana, en numerosas formas de representación: espaciales, organizativas, artísticas, etc. De esta manera, se pueden constatar las dinámicas de dominación en las identidades nacionales, particularmente en la dominación que ejercen los estados-nación hegemónicos, ya que estos originan identidades nacionales selectivas como expresión de su dominación.

La necesidad de un gobierno global

En un mundo articulado y desarticulado al mismo tiempo, en el que los estados se desvinculan de la economía y de la cultura, en el que la democracia es nacional o local pero el poder y las decisiones son globales, se plantea el tema del gobierno global como un proyecto y como una propuesta. Cardoso ve necesaria la reconstrucción institucional del gobierno dado que «actualmente los estados, como las instituciones internacionales, son poco operativas». Los expertos coinciden en que la reconstrucción de las instituciones ha de partir de los propios estados y de la sociedad civil. En este sentido, Cardoso considera que la Unión Europea y su constitución se revelan como un ejemplo «extraordinario en la construcción de un nuevo orden internacional». Según John Clark, de la London School of Economics, «es necesario que la reconstrucción de los estados y de las instituciones tenga en cuenta la sociedad civil global como un instrumento esencial de expresión de voluntades colectivas y de proyectos de sociedad». Pese a que la sociedad civil no tiene poder ejecutivo, sí tiene una gran capacidad de influir en las decisiones, capacidad que pasa por los medios de comunicación dado que son estos los que han de trasladar las peticiones a las instituciones. Este proceso, que pasa por diferentes fases –establecimiento de la identidad civil global, medios de comunicación, instituciones, reconstrucción de instituciones, toma de decisiones políticas– también tendría que escuchar las propuestas alternativas de los movimientos sociales, a menudo tan o más interesantes que las de las organizaciones no gubernamentales.

Del diálogo también se desprende que la relación identidad-diversidad, en un mundo globalizado, sólo puede ser gestionada a partir de una nueva relación política entre estados y sociedad que articule el ámbito local, nacional y global en un sistema basado en nuevas formas democráticas de colaboración y representación.

Por todo esto, la globalización y la aceleración de todo lo que esta supone, hace aún más necesaria, más urgente, la reconstrucción del orden político a partir de la sociedad civil y, en este sentido, los expertos opinan que es imprescindible reestablecer el multilateralismo. El unilateralismo actual de los Estados Unidos supone un obstáculo: la obsesión por la seguridad no sólo polariza a la propia sociedad norteamericana sino que paraliza la capacidad de acción nacional e internacional. Así pues, se constata que la reconstrucción del orden internacional basado en el multilateralismo sólo es viable mediante el diálogo con la sociedad y el respeto a las identidades propias de cada cultura, acompañada por la construcción de instituciones políticas nacionales e internacionales que actualicen la democracia como principio político de representación y control.

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