|
Alentados por el deseo de lograr que los Estados se comprometan a la difusión de la comunicación científica, los diferentes ponentes del diálogo «Conocimiento científico y diversidad cultural» han apuntado la necesidad de una recuperación y coexistencia del conocimiento indígena y tradicional; de socializar y «vulgarizar la ciencia», y de propiciar la participación social y la multidireccionalidad del diálogo entre ciudadanos, científicos y proveedores de información científica como las «vías lácteas» por las que debemos caminar hacia el progreso de la calidad de vida de la humanidad.
El diálogo «Conocimiento científico y diversidad cultural» del Fórum de las Culturas Barcelona 2004 ha acogido el VIII Congreso Internacional de la Red de Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología (Public Communication of Science and Technology, PCST).
Celebrado del 4 al 6 de junio de 2004, según Vladimir de Semir (presidente de la red PCST-8), el encuentro «ha nacido impulsado por las brisas de la amistad y la voluntad de cooperación, para convertirse en un periplo por las diferentes modalidades de popularización y democratización del conocimiento científico».
El conocimiento como puente entre civilizaciones
En la actualidad no se da una convivencia armónica entre conocimiento indígena y el científico. Por el contrario, la sabiduría de la experiencia, ya sea local, tradicional o indígena, cada vez se supedita más al conocimiento científico-técnico occidental. La humanidad está perdiendo progresivamente sus conocimientos tradicionales y cada individuo vive la «tragedia de olvidar» la sabiduría de sus antepasados.
A pesar de tratarse de una situación difícil, los diferentes ponentes del diálogo se muestran comprometidos y esperanzados en convertir los obstáculos en oportunidades para integrar el conocimiento tradicional y científico a un mismo nivel. Así, Christine Müller (Institute Image, École Nationale Supérieure des Arts et Métiers) afirma que no puede decirse que en la actualidad exista una dicotomía entre conocimiento tradicional y científico, sino que «tiene que producirse un intercambio que comporte una interacción recíproca y una integración de los conocimientos del prójimo basada en el respeto». Ejemplos de buenas prácticas en este sentido son las llevadas a cabo en Tailandia, donde existen experiencias de cooperación entre sabios de comunidades indígenas y médicos; en Portugal, donde se ha creado un Congreso de la Sabiduría Popular; o en Australia, donde se están desarrollando programas de recuperación de la sabiduría local. Se concluye por unanimidad que, si se sumaran los distintos conocimientos del mundo, la humanidad gozaría de más sabiduría y oportunidades de evolución.
Información científica como materia prima, agente transformador y resultado
En la actualidad, la información científica desempeña un papel importante como materia prima, agente transformador y también como resultado. Conviene no olvidar que el peso de las especificidades culturales cada vez es más importante, a la vez que comporta la apertura a otras culturas. El reto de nuestros tiempos, según Pierre Fayard (catedrático de Comunicación Pública de la Ciencia en la Universidad de Poitiers y miembro ejecutivo de la red PCST) consiste en «saber plantear un diálogo creativo entre el conocimiento y las ciencias, para producir saberes útiles para los ciudadanos».
La participación social y la multidireccionalidad del diálogo entre ciudadanos, científicos y proveedores de información científica son factores clave para convertir el conocimiento científico en un verdadero motor de progreso que influya en las decisiones políticas y para hacer de la ciudadanía un agente clave en la definición de la agenda científica.
Federico Mayor Zaragoza (Presidente de la Fundación Cultura de Paz y director general de la UNESCO de 1987 a 1999) afirma que «debemos ser actores y actrices de nuestras vidas» y que éste es el mejor legado que podemos dejar a las generaciones venideras: crear el futuro.
En este sentido, cabe destacar el proyecto «El tren de la ciencia» («El tren de la ciencia»), presentado por Cheng Donghong (secretaria ejecutiva de la Asociación de Ciencia y Tecnología de China, Pekín, China) cuyo objetivo es promover el desarrollo de la China rural. En opinión de Donghong, el contenido de este programa, y de cualquiera de este tipo que pretenda ser efectivo, «ha de ser diseñado y conducido a partir del análisis de las necesidades reales de la población local». A tal fin, el centro tanto del flujo de comunicación como del proceso de producción de conocimiento científico debe estar localizado en las necesidades de los ciudadanos.
Para hacerlo posible existe consenso entre los ponentes y los asistentes en afirmar que es necesario crear un espacio de comunicación entre científicos y ciudadanía que se caracterice por la credibilidad y la confianza mutua. Es en este espacio de comunicación donde deben actuar los profesionales de la divulgación científica.
Según Bernard Schiele, profesor de la Universidad de Québec en Montreal, «las personas saben que se exponen a riesgos importantes y por ello necesitan participar cada vez más en el proceso de construcción social». El profesor Schiele apunta que, para controlar la distorsión entre lo que afirman los científicos y lo que interpretan los ciudadanos, es fundamental el papel de mediadores de los medios de comunicación, el cual, en su opinión, requiere «la creación imperativa de un código deontológico específico para tratar los temas científicos».
La socialización y la «vulgarización» de la divulgación científica La falta de comprensión y comunicación entre científicos y ciudadanos genera una fractura que limita la productividad y la aplicabilidad del conocimiento científico. La divulgación científica ha de socializarse y «vulgarizarse» (según la expresión de Young Hwan Choi, presidente de la Fundación Científica Coreana) para que el conocimiento llegue al público adaptado a sus capacidades de asimilación y contextualizado en su realidad cotidiana, y pueda, a su vez, retroalimentarse de sus necesidades reales.
El proyecto Ciencia Corea, presentado por Hwan Choi, se basa en un concepto de «socialización» de la comunicación científica a través de programas de ciencia para la vida cotidiana dirigidos a ámbitos domésticos. Los científicos deben mantener un diálogo permanente con el público, y mostrarse receptivos a sus respuestas y propuestas. Sin embargo, según los resultados de las encuestas presentadas por Luis Antonio Martínez Sáez, del Instituto de Astrofísica de Canarias, el 50% de lo científicos considera que la ciencia no ha de publicarse en los medios porque es «una manera de prostituirse». No obstante, según Martínez Sáez, «los científicos están obligados a informar al público porque es éste quien paga sus investigaciones».
Por su parte, Chris Edwards (Open Universtity, Reino Unido) insiste en esta idea, al afirmar que «los científicos no han de olvidar que también forman parte de la ciudadanía».
En definitiva, hay acuerdo al afirmar que el diálogo público es positivo para que los ciudadanos puedan participar en el apoyo y el «control» de las consecuencias del conocimiento científico. Es más: esta participación ciudadana se convierte en necesaria para hacer de la investigación científica no sólo un tema de interés para gobiernos y empresas, sino un aspecto crucial en el progreso del conocimiento humano.
La labor y la responsabilidad del periodista científico
En lo que se refiere al aspecto fundamental de preocupación de los participantes del diálogo, el tratamiento periodístico del conocimiento científico, el ponente Javier Cruz Mena (Universidad Nacional Autónoma de México) centra la reflexión al afirmar que «hay que reinyectar la ciencia dentro del periodismo científico». Invita así a una reflexión sobre qué parte de la ciencia debería reflejarse a través del periodismo. Por su parte, Blanka Jergovic (University College London, estudios de Ciencia y Tecnología) considera que los medios de comunicación tienen una orientación muy comercial, sensacionalista y tendente al dramatismo, lo que mediatiza extremadamente los resultados del trabajo de divulgación científica e imposibilita que ésta desempeñe el papel social que, a lo largo del diálogo, se le está asignando.
Para desempeñar el papel de mediador y espacio de comunicación entre la comunidad científica y la ciudadanía, los profesionales de la divulgación científica deberán explorar nuevas vías más efectivas e innovadoras. Es importante aprovechar otros lenguajes, como el artístico o el museográfico, y las posibilidades de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación para mejorar la capacidad de penetración de los contenidos científicos en la sociedad.
En las distintas intervenciones del público asistente, se hace patente la discusión en torno al perfil que debe presentar el comunicador científico eficaz (formación científica de los periodistas versus formación comunicativa de los científicos).
Por su parte, John Noble Wilford, creador del suplemento científico del diario The New York Times y premio Pulitzer en dos ocasiones, plantea la necesidad de que los medios de comunicación sean más críticos, denuncia la falta de artículos de opinión sobre la ciencia y destaca la responsabilidad de los periodistas a la hora de comprobar la veracidad de las fuentes de sus informaciones, especialmente aquellas aparecidas en internet.
Lisbeth Fog (Asociación Colombiana de Periodismo Científico) aboga por la presencia de la ciencia en todas las secciones de los diarios para que los lectores la identifiquen como algo inherente a la vida. Una de las cuestiones que mejor ejemplifican los temas tratados en el diálogo es la de los organismos transgénicos, también conocidos como organismos modificados genéticamente (OMG). Se trata de un tema científico y técnico, pero con un importante impacto en la opinión pública. Desde el punto de vista de la percepción pública, la cultura y la sociedad, se constata que lo que preocupa a los ciudadanos sobre los OMG no son tanto las cuestiones técnicas y científicas, sino los aspectos éticos y sociales y cómo éstos pueden influir en sus vidas personales.
José Mariano Gago (catedrático de Física del Instituto Superior Técnico de Lisboa y ministro de Ciencia y Tecnología de Portugal entre 1995 y 2002) cierra el diálogo «Conocimiento científico y diversidad cultural» haciendo un llamamiento a que la ciencia no sea un instrumento económico, sino que se universalice y se desarrolle a partir de las necesidades de toda la humanidad. En la clausura, Vladimir de Semir toma el relevo de la presidencia de la red PCST, señalando que Seúl será sede de la próxima Conferencia Internacional de Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología, y anuncia que la ciudad de Los Ángeles acogerá su décima edición en 2008.)
Academia de Sociedad y Ciencia
La red internacional PCST (Public Communication of Science and Technology) anunció en la ceremonia de clausura del Diálogo la decisión del comité científico de crear La Academia de Sociedad y Ciencia.
Esta nueva entidad será un espacio de pensamiento multidisciplinar para el seguimiento y el análisis en materia de cultura y comunicación científicas, incluyendo entre sus objetivos: la promoción de la formación de profesionales especializados en cultura y comunicación científicas, la proyección internacional de las actividades locales y, en resumen, la creación de elementos de referencia sólidos (corpus documental, comisiones de trabajo, guías de recomendaciones, redes de colaboración profesional, etc.) que ayuden en la toma de decisiones y el establecimiento de políticas de actuación en los diferentes niveles. Cabe aclarar que la Academia no realizará propiamente las tareas de difusión de la ciencia, puesto que ya existen estructuras que se encargan de ello.
 |
|