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¿Qué se esconde detrás de tu ropa?
Diálogo de referencia: ¿Qué se esconde detrás de tu ropa? El trabajo precario de las mujeres en las cadenas de producción globalizadas

Detrás de nuestra ropa no sólo se esconde nuestra historia, nuestra piel. En sus etiquetas se oculta la realidad de miles de mujeres oriundas de los países más pobres. Mujeres que trabajan hasta 12 horas seguidas para cumplir con las metas de producción. Mujeres que tienen que aceptar humillaciones, malos tratos, todo por un sueldo mísero que no llega a los 150 dólares y que no alcanza a cubrir las necesidades básicas.

Éstas y otras denuncias se dieron a conocer en el diálogo del Fórum Universal de las Culturas «¿Qué se esconde detrás de tu ropa?», organizado en colaboración con Intermón Oxfam y Setem.

La jornada estuvo marcada por la emotividad y por las buenas intenciones, aunque a veces un tanto alejadas del verdadero día a día que viven las mujeres en los países del Sur.

La denuncia

Para captar la atención de los medios de comunicación, elementos esenciales para denunciar esta situación a la sociedad civil, la modelo Judit Mascó se alineó con la causa. Contó su experiencia como consumidora y como imagen de ciertas marcas que atropellan los derechos fundamentales en el trabajo. Habló de conflicto interior, conflicto al que todos nos enfrentamos en el momento de comprar una prenda y no saber su origen. La modelo propuso que la idea de una compra satisfactoria incluya parámetros más allá de lo económico, como, por ejemplo, que sea saludable, que no deteriore el medio ambiente, que haya sido producido en unas condiciones laborales justas, etc. La responsabilidad también debe asumirla el consumidor, que necesita, por otra parte, disponer de la información suficiente para tomar sus decisiones: «la información es la base para mover la conciencia ciudadana».

Ignasi Carreras, director de Intermón Oxfam, fue el primero en atreverse a nombrar a marcas que no han querido negociar en sus políticas de responsabilidad social corporativa. Habló fuerte y claro, y lo repitió para que a todos nos quedaran marcados sus nombres; Kappa y Fila. Dos compañías deportivas que no han querido adherirse a la campaña «Juega limpio en las Olimpiadas», campaña que une a las empresas deportivas más renombradas, las que «dan trabajo a 27 millones de personas, recaudan más de 60 mil millones de euros y que están ligadas a los valores olímpicos», a las que se reclama un compromiso por el respeto de las condiciones laborales de sus trabajadores y trabajadoras. La campaña ha contado con el apoyo de 250 mil personas y la adhesión continúa.

Antonio Codina, miembro de Setem, habló también de marcas y señaló que GAP, una de las textiles norteamericanas más grandes, con más de 3.000 fábricas en todo el mundo, reconoció abiertamente que en parte de sus fábricas se violaban los derechos laborales.

El año 2001 Setem compró acciones de Inditex, una estrategia que sirvió para acceder a la reunión de accionistas y obtener información relevante para investigar el tema. La empresa reaccionó ante esta estrategia y creó un departamento de responsabilidad social corporativa.

Pero este tema ha tenido que afrontar obstáculos no sólo por parte de las empresas que han querido ocultar información. La censura de los medios de comunicación y de los poderes fácticos ha sido otro impedimento. En el año 2002 Televisión Española prohibía la emisión del reportaje «Trapos sucios», pues se nombraban marcas conocidas de todo el país.

¿Qué dicen las empresas?

Uno de los argumentos más utilizados por las empresas es que ellos no pueden controlar el número de fábricas que tienen en distintos lugares del mundo. Según las instituciones denunciantes esto es falso, pues ellos podrían controlar todo el proceso de producción. De hecho, el dueño de Zara aparece en el puesto 33 de los hombres más ricos del planeta.

Uno de los momentos más emotivos del diálogo fue el testimonio directo de Gloria Rafaela Córdova, líder sindicalista de una maquila en Guatemala.

Desde el corazón y con una calma infinita, contó con detalle las humillaciones por las que tuvo que pasar en una fábrica coreana. Todo por tener la iniciativa de crear un sindicato dentro de su empresa.

Mujeres como Gloria son las verdaderas protagonistas de este diálogo. Como afirmó Ignasi Carrera, ellas nos dan las pistas para una solución «para correr tras lo imposible y luchar por lo posible». En ellas están todas las respuestas y en su sencillez fue capaz de captar la solución: la educación. Desde su estrado en el Fórum de las Culturas apeló al apoyo en la educación. Se reconoció ignorante así como sus compañeros. Según ella, la educación es la principal herramienta que necesitan para luchar contra este problema. Quizás también es la solución para no caer en el proteccionismo que algunas ONG practican en los países del sur.

Después de este testimonio, se concluyó que todo está ligado a los problemas sociales de los países del Tercer Mundo. De la dependencia de éstos con las empresas que llegan y dan oportunidades de trabajo. A las maquilas también se las conoce como empresas «golondrinas» por la facilidad de cambiar su ubicación geográfica. Éste es otro factor que hace que las denuncias sean aún tímidas y que los gobiernos actúen débilmente ante los abusos.

Por su parte, y también de forma testimonial, Boubker-El Khamlichi mostró la situación que se vive en Tánger, Marruecos. Allí, la marcada estructura patriarcal de la sociedad convierte a las mujeres en víctimas indefensas de estas prácticas empresariales: dóciles, analfabetas y sin capacidad de movilización, constituyen el 73% de la mano de obra textil en Tánger. Este hecho nos demuestra que la problemática se vincula con hechos más profundos que las simples prácticas empresariales depredadoras y nos retorna a la demanda de una mayor y mejor educación como la mejor vía para solucionar realmente estas situaciones.

Buscando soluciones

«Conectando Mundos» es la propuesta de búsqueda de soluciones hecha por Intermón Oxfam. Unir el mundo de las escuelas con las mujeres trabajadoras del Sur. Abrir los ojos a jóvenes europeos, que no se imaginan el día a día que viven miles de mujeres, en países tan lejanos como Honduras o tan cercanos como Marruecos.

Las soluciones, algunas muy utópicas y otras más cercanas, nos atañen a la sociedad como consumidores responsables. Los cuatro ejes de solución son los gobiernos afectados, las empresas como entes responsables, los consumidores y los medios de comunicación encargados de difundir campañas e iniciativas como éstas.

Mercé Campaladal (CCOO) aportó datos con los que respaldar la realidad escondida tras las cadenas de producción textiles. La riqueza que se genera no revierte en el desarrollo de los países que acogen las empresas. Propuso, como una vía de solución, potenciar los comités de empresa de las distintas organizaciones a escala internacional. Y la solidaridad norte-sur a través de campañas de sensibilización, globalización de los sindicatos y ampliación de sus derechos.

Por su parte, Josep María Álvarez (UGT) habló de los etiquetados transparentes como condición esencial por parte de la UE, el mayor mercado del mundo. También de la presión de la OMC en el cumplimiento de los derechos laborales. «El consumidor debe tener una conciencia de lo que compra exigiendo un etiquetaje transparente».

Josep Canals (empresario textil y miembro de la CEOE) como empresario textil se ha dedicado a visitar maquilas en Tánger. Habló de la conciencia de los nuevos consumidores y de las empresas y de programas como Global Compact y las auditorías UBE.

Global Compact es una importante iniciativa auspiciada por el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan. Está basada en una noción muy simple: Según sea requerido o no por la ley, las corporaciones deben cumplir con los derechos humanos básicos y los estándares ambientales en todas sus prácticas empresariales en compensación por los efectos negativos de la globalización.

El Global Compact de las Naciones Unidas promueve los valores fundamentales para satisfacer las necesidades socioeconómicas mundiales.

Reclama la colaboración y el compromiso de las compañías multinacionales para trabajar junto con las Naciones Unidas en pro de la sostenibilidad de los mercados y de la búsqueda de soluciones en ámbitos sociales.

Otras de las soluciones planteadas es la orientada al derecho primordial de los consumidores de exigir la información de las empresas. El conocimiento de dónde nace el producto que estamos comprando. Otra posible solución planteada fue la de destinar un porcentaje de las ganancias de las empresas a formación en los países donde se ubican las fábricas.

Josep María Rañé, representante de la Generalitat de Cataluña, habló del crecimiento económico versus el crecimiento de las desigualdades. La necesidad de contar con políticas para velar por los derechos laborales y poder exigirles a las empresas la información necesaria para evaluar su buena o mala actuación. Para conseguir avanzar en este objetivo, será necesaria la creación y fortalecimiento de mecanismos de auditoría de ámbito global que puedan actuar de forma independiente. No obstante, parte de la responsabilidad corresponde a los consumidores: «Hay que informar a los consumidores y que ellos sean capaces poco a poco de ir acostumbrándose a ser compradores responsables».

Finalmente, los niños dieron su veredicto con propuestas que podemos ir construyendo y fomentando desde nuestra propia realidad: compartir en familia las labores domésticas, no tener actitudes machistas en nuestra vida cotidiana se mezclaban con propuestas clásicas como la denuncia de estos hechos, mecanismos de control, exigencias de transparencia y de investigación por parte de ONG y de organismos internacionales.

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