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Corrupción, mafiocracias y pobreza
Diálogo de referencia: Contribuyendo a la Agenda Global

La corrupción está presente en los países ricos y pobres pero incide más negativamente sobre estos últimos. La relación corrupción-pobreza está estrechamente ligada. Además, un estudio realizado a través del barómetro global de la corrupción de Transparency International revela que la corrupción es más frecuente entre funcionarios públicos. Esto pone en un estado de crisis la legitimidad de las democracias.

La lucha contra la corrupción constituye una herramienta indispensable para combatir la pobreza. La corrupción invade todos los sectores pero resulta más peligrosa cuando se apodera del sector político y la democracia se convierte en "mafiocracia", como ha afirmado el cineasta argentino Fernando Solanas que puso como ejemplo lo sucedido en Argentina entre 1990 y 2002. Por este motivo, la lucha deberá fomentarse en la transparencia y en la responsabilidad de todos los sectores sociales.

Eileen O'connor, presidenta del International Centre for Journalists, ha definido el término corrupción como "la intervención en política mediante el pago de dinero o retribuciones en especie que tiene como consecuencia frenar el crecimiento económico e incrementar las diferencias sociales". Esta definición de corrupción engloba desde la adquisición de recursos estatales por debajo de su precio, hasta las donaciones a partidos políticos, pasando por todo tipo de sobornos y apropiaciones indebidas. Para Eileen O'connor el discurso político habla de acabar con la corrupción, pero sólo se activan las medidas necesarias cuando presiona la sociedad civil.

La corrupción, por pequeña que sea, tiene una incidencia global. La destrucción local de una economía como consecuencia de la corrupción no afecta únicamente a esta economía, sino que se expande a los territorios más diversos.

Hasta mediados de los años noventa, las instituciones internacionales no habían conseguido valorar el impacto de la corrupción y es a partir de entonces cuando comienzan a preocuparse por este grave problema que mina las democracias y provoca crisis sociales, económicas y políticas. Peter Eigen, responsable del Banco Mundial (BM) en América Latina entre 1983 y 1988 y actual presidente de Transparency International, Alemania, ha confirmado que el FMI y el BM, en ese periodo, toleraban la corrupción (motivo por el que abandonó la institución). Actualmente, estas instituciones financieras han abandonado las teorías más liberales y defienden la economía de mercado social. Además, en estos momentos, los ciudadanos demandan una participación mayor en los procesos que afectan sus vidas, lo que implica una mayor transparencia en las negociaciones entre el BM y los gobiernos estatales."El periodo en el que las instituciones internacionales y los gobiernos nacionales toleraban la corrupción ha quedado atrás, como lo demuestra el hecho que el BM haya definido órganos internos dedicados a la lucha contra la corrupción (a partir de 1996), que la OCDE haya tipificado la corrupción como delito o que la ONU se haya sumado a la lucha contra la corrupción, etc. Sin embargo, sigue siendo imprescindible la contribución de la sociedad civil", ha afirmado.

En este sentido, la firma en diciembre de 2003 de la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción es un buen ejemplo que demuestra el interés de los organismos internacionales. El problema que surge tras la firma de la Convención de Naciones Unidas, así como el Convenio de la Unión Africana Contra la Corrupción adoptado el 11 de julio de 2003, es que posteriormente dichos tratados no son ratificados por los países, de modo que no se pueden aplicar.

La lucha contra la corrupción sólo será efectiva si se logra que sociedad civil, gobiernos, empresas privadas e instituciones internacionales actúen conjuntamente. Además, es necesario mejorar la educación para crear un clima social anti-corrupción y es imperativo que los países en vías de desarrollo, los desarrollados y el sistema financiero internacional dejen de tolerar la corrupción; en este sentido, es necesaria la colaboración de las instituciones internacionales.

Problemática:
La corrupción es un obstáculo para el desarrollo y la lucha contra la pobreza. La corrupción política debilita la democracia, los gobiernos pierden legitimidad, la pobreza se incrementa y sobrevienen situaciones de conflicto. Un pequeño delito de corrupción puede influir globalmente y acarrear consecuencias irreversibles. Los costes de la corrupción en el mundo se valoran en 3.000 millones de dólares anuales.

Propuesta:
La lucha contra la corrupción sólo será efectiva si se logra una actuación conjunta entre sociedad civil, gobiernos, empresas privadas e instituciones internacionales. Es necesario mejorar la educación para crear un clima social anti-corrupción. Los gobiernos deben tomar un postura radical contra la corrupción deben ratificar los convenios internacionales. Asimismo, las instituciones internacionales, a diferencia de lo que no consiguieron en décadas anteriores, deben convertirse en colaboradores eficaces en esta lucha, deben obligar a la publicación de todos los resultados económicos, incluidas las explotaciones en los países más desfavorecidos, a todas las empresas petrolíferas, y al mismo tiempo, obligar a los estados donde se realiza la producción a publicar sus presupuestos de gastos públicos. Actualmente, estas medidas tienen carácter voluntario, por lo que la sociedad civil debe presionar a los gobiernos nacionales y los organismos internacionales con el objetivo de que sean obligatorias.

Posturas:
Eileen O'connor, presidenta del International Centre for Journalists, ha definido el término corrupción como "la intervención en política mediante el pago de dinero o retribuciones en especie que tiene como consecuencia frenar el crecimiento económico e incrementar las diferencias sociales". Esta definición de corrupción engloba desde la compra de recursos estatales por debajo de su precio, hasta las donaciones a partidos políticos, pasando por todo tipo de sobornos y apropiaciones indebidas. Fernando Solanas, cineasta argentino, ha afirmado que "la corrupción es un verdadero flagelo para la vida de nuestras sociedades". Y ha continuado exponiendo, brevemente, el proceso que condujo a Argentina a una grave crisis económica a finales de la década de los 90. "En 2000 murieron en Argentina 35.000 personas por desnutrición o enfermedades curables como consecuencia de las políticas públicas impuestas por el FMI y el BM a principio de los años 90. La apertura comercial impuesta, la libre circulación de capitales y la dolarización de la economía provocó la desaparición de la industria nacional, que antes de la imposición de las reformas económicas, abastecía un 95% del consumo interno del país. Al mismo tiempo, las medidas de flexibilización laboral impuestas conllevaron un recorte de dos tercios de los derechos de los trabajadores." “El fracaso de las reformas hay que buscarlo, entre otras razones, en la existencia de corrupción en el gobierno nacional y al hecho que, según el FMI y el BM, ellos no tenían constancia de la misma", ha afirmado. Peter Eigen, presidente de Transparency International, Alemania, ha afirmado que "en estos momentos, los ciudadanos demandan una participación mayor en los procesos que afectan sus vidas, lo que implica una mayor transparencia en las negociaciones entre el BM y los gobiernos estatales". Marianne Camerer, directora de Global Acces, Centre for Public Integrity, ha definido la corrupción como un "abuso de poder" que debe combatirse desde la transparencia y ha agregado que "la información es la herramienta que permite incrementar la presión ciudadana para denunciar las responsabilidades del gobierno". Miklos Marschall, director ejecutivo de la división de Europa del este y central de Transparency Intenational, ha recordado que "vivimos en un mundo interdependiente, por lo que los sobornos no afectan únicamente al lugar en el que se producen, sino que tienen repercusiones en la economía y en la sociedad global". Jeremy Carver, socio del gabiniete jurídico londinense Cliffor Chance y director del grupo Public International Law Group, ha redundado en la idea de la necesidad de ampliar la imagen de la corrupción a los pequeños delitos, y no limitar la denuncia a aquellos que implican grandes sumas, puesto que todos son nocivos para el equilibrio económico y social. "La corrupción afecta tanto al sector público como al privado", ha afirmado. John Makumbe, activista social de Transparency International en Zimbabwe, ha afirmado que hay que tener en cuenta que las empresas incluyen el precio de los sobornos como costes de producción, es decir, son repercutidos en el precio final que pagan los consumidores, verdaderos damnificados por la corrupción. Akere Muna, abogado y presidente de Transparency Internatioinal en Camerún, ha hecho especial hincapié en que la corrupción siempre tiene dos culpables: el que corrompe y el que se deja corromper. "La corrupción es al sistema económico lo que el SIDA al cuerpo humano", ha afirmat. Daniel Kaufmann, director de Global Governance and Regional Learning del World Bank Institute (por videoconferencia), ha afirmado que la lucha contra la corrupción debe entenderse dentro de un marco mucho más amplio de gobernabilidad global ya que se puede demostrar empíricamente que la lucha contra la corrupción es fundamental para el desarrollo económico y la seguridad global (incluyendo la lucha contra el terrorismo). Sarah Wykes, de Global Witness, ha hablado de la problemática de los países productores de petróleo que, a pesar de disponer de este recurso natural, continúan en situación de pobreza. Ha puesto como ejemplo el caso de Angola, en el que en los años 2002 y 2003 no se encuentran reflejados en los presupuestos públicos los ingresos por explotación petrolífera.

Buenas prácticas:
Transparency International es la única organización no gubernamental a escala mundial dedicada a combatir la corrupción; congrega la sociedad civil, el sector privado y los gobiernos en una vasta coalición global. Transparencia Internacional aborda las diferentes facetas de la corrupción, tanto en el seno de los países como en el plano de las relaciones económicas, comerciales y políticas internacionales. El objetivo es comprender y enfrentar los dos rostros de la corrupción: quien corrompe y quien permite ser corrompido. El proyecto Global Acces nació para hacer frente a la inexistencia de índices de medida de la corrupción. Mediante el trabajo de periodistas y expertos en diferentes áreas especializadas en 25 países redactan un informe de actividad global y definen un índice de integridad pública que refleja aspectos como la existencia de instancias de lucha contra la corrupción, la facilidad de acceso a la información económica, el sistema de financiación de los partidos políticos. Este índice permite la detección de los puntos débiles en la lucha contra la corrupción y por lo tanto, si el gobierno lo desea, su mejora. Des de Global Witness se lucha contra la explotación de los recursos naturales y la violación de los derechos, particularmente donde los recursos como la madera, el petróleo y los diamantes, se utilizan para financiar y perpetuar la corrupción y los conflictos. El Convenio de la Unión Africana Contra la Corrupción adoptado el 11 de julio de 2003 establece como objetivos la previsión, castigo, cooperación y educación en la lucha contra la corrupción. Y así lo recogen los artículos en los que se desarrolla. Asimismo, existe el Convenio de las Naciones Unidas Contra la Corrupción.

Conclusiones:
La lucha contra la corrupción sólo será efectiva si se logra una actuación conjunta entre sociedad civil, gobiernos, empresas privadas e instituciones internacionales. La lucha deberá fomentarse en la transparencia y en la responsabilidad de todos los actores a nivel local y global.

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