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En la sesión titulada «Por un derecho económico. La independencia económica, clave para la libertad de las mujeres» hablaron dos ponentes: Ruth Davis, embajadora de los EE UU, y Riane Eisler, pensadora.
En primer lugar intervino Ruth Davis. La ponente afirmó que el reto de las mujeres del siglo XXI es mejorar nuestros talentos al máximo. Y es que las mujeres se tienen que formar para conseguir un «terreno de juego justo donde todo el mundo tenga los mismos derechos económicos, políticos y civiles».
Según Davis, las mujeres son un recurso explotado cualitativa y cuantitativamente debido a que las normas sociales siempre benefician a los hombres.
Consecuentemente, para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres, es imprescindible aumentar el estatus de las mujeres, sobre todo en el ámbito económico. Se ha de fomentar la independencia económica de las mujeres del mundo que, de hecho, representan más de un 70% del total de los pobres del planeta. Para conseguir esta emancipación económica de la mujer tendremos que impulsar medidas como los microcréditos, que han permitido a muchas mujeres obtener negocios propios y, por lo tanto, la independencia respecto al hombre.
La feminización de la pobreza no es un fenómeno aleatorio, sino que es consecuencia de una determinada forma de proceder. Y es que las mujeres se encuentran en inferioridad de condiciones a la hora de competir en el mercado laboral puesto que, desgraciadamente, todavía hoy en día se espera que sean ellas los agentes esenciales del cuidado y el trabajo en el hogar. Así pues, Davis cree que se tiene que producir un cambio de normativa social y de actitudes hacia las mujeres, con medidas como, por ejemplo, políticas educativas que promuevan el concepto de familia compartida.
Por otro lado, Davis afirmó que si las mujeres gobernaran el mundo existirían menos conflictos, puesto que las estadísticas afirman que las mujeres consideran importante reforzar la cooperación y la diplomacia, y buscan el consenso para la resolución de los conflictos.
Sin embargo, para que alguna de estas exigencias se cumpla, se tiene que producir una condición indispensable: las mujeres han de estar presentes en el proceso de toma de decisiones y, por lo tanto, se han de implicar en la política y la economía. Finalmente, Ruth Davis resumió su intervención en cuatro puntos fundamentales:
1. La independencia económica es la clave para ayudar las mujeres a avanzar . 2. Se ha de conseguir que las mujeres se apoyen mutuamente, se tienen que unir. 3. Se ha de incrementar el número de mujeres en el sector público y en todos los lugares de toma de decisiones. 4. La prioridad absoluta es la formación y educación de las mujeres, sobre todo en materia de liderazgo y nuevas tecnologías.
Riane Eisler comenzó su intervención con una metáfora, puesto que afirmó que «para las mujeres no basta con conseguir un trozo mayor del pastel económico sino, que de lo que se trata es de cocer ese pastel». En efecto, para Eisler lo que se tiene que hacer es cambiar las políticas económicas prevalecientes en favor de otras que sitúen a las mujeres en igualdad de condiciones. Eisler planteó repetidamente a lo largo de la conferencia una paradoja: las mujeres trabajan más horas que los hombres y, en cambio, son las más pobres del mundo. Esta realidad se da porque nos guiamos por un sistema económico que no tiene en cuenta el trabajo reproductivo y que no lo valora ni social ni económicamente. Así, Eisler afirma que se tiene que hacer emerger a las mujeres y conseguir valorar su tarea como cuidadoras del hogar.
Para Eisler se tiene que cambiar el sistema de dominio de género, otorgando más poder a las mujeres. De hecho, si esto se produjera, el beneficio sería general puesto que, según varios estudios, si aumenta el estatus de las mujeres en una sociedad se valoran otras prioridades sociales y fiscales y, a medio plazo, se genera más desarrollo. En efecto, cuando aumenta el estatus de la mujer también lo hace el valor de las naciones. Como ejemplo podemos fijarnos en los países nórdicos. Para conseguir esta transformación social a favor de la valorización de lo femenino no se puede partir sólo de la economía, sino que se tiene que producir un enfoque sistémico, es decir, tener en cuenta todas las instituciones (escuela, familia, etc.).
Para finalizar, Eisler hizo hincapié en la conciliación. La autora afirmó que se necesitan medidas para conciliar vida laboral y familiar para que las mujeres no tengan que renunciar a cargos de responsabilidad por cuidar a la familia.
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