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El panel se compone de cinco participantes de distintos grupos indígenas que exponen qué es y qué supone para cada uno de ellos el hecho de ser indígena, con la coincidencia de que entienden su identidad como un hecho que va más allá de lo meramente formal y folklórico de sus rasgos físicos y de su indumentaria típica.
Maya, esquimal de Canadá, participa en una organización que trabaja para ayudar a los niños esquimales adoptados (muy numerosos) a recuperar las tradiciones de su pueblo originario. Por otro lado, lidera un movimiento para exigir al gobierno local el reconocimiento de su hecho diferencial.
Franklin Montes, igorote de Filipinas, reconoce la capacidad de los pueblos indígenas para mantener sus tradiciones por vía oral y aboga por el intercambio de conocimientos y la convivencia, y no por la exclusión y el aislamiento.
Saoudata Aboubacrine, tuareg de Mali, afirma que ante los cambios culturales profundos que se están produciendo, «hay que salvar las reservas de las bolsas autóctonas de los pueblos indígenas frente a la cultura dominante»; en su opinión, los indígenas «somos a la vez tradicionales y modernos; nuestro futuro saca sus fuerzas de su pasado».
Odilón Candía, quechua de Perú, afirma que ante la exclusión social a la que han sido sometidos, son muchos los indígenas que niegan su condición de tales, por lo que la tarea de recuperación del "ser indígenas" requiere de un arduo trabajo. «Es tarea de los indígenas incluirse en el proceso de gobierno de sus países, desde lo micro hasta lo macro, partiendo de su propia realidad».
Se concluye que la monoculturalidad no es la solución, pero que para aceptar la cultura dominante como complementaria antes es necesario recuperar la propia. Respecto a los distintos puntos que han surgido, se entiende que es necesario pasar de la etapa de la mera denuncia a una nueva y más contundente en la que se llegue a la demanda jurídica formal: éste debe ser el papel de los nuevos líderes indígenas.
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